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Glorias de ayer en una historia de hoy
Chus Lampreave, Aída Folch, el director Fernando Trueba, Claudia Cardinale y Jean Rochefort, el equipo de «El artista y la modelo» en San Sebastián.
Chiquita, de cabeza blanca y anteojos oscuros, cada frase que dijo la anciana comediante, aún la más sencilla, despertó sonrisas cariñosas. Pero su gracia tan natural es intransferible a cualquier página. Como la cordialidad natural de Claudia Cardinale para dejarse fotografiar con todo el mundo y reírse ante los elogios, con esa risa y esa voz todavía frescas y sensuales, a pesar de los años, los cigarrillos, y los martini secos que la acompañan desde su juventud. O, también, como la controlada emoción de Rochefort cuando lo equiparan a Louis Jouvet y otros maestros de su estilo interpretativo.
Nadie hizo ostentación de sus galones. Chus: «Mi evolución fue una cosa detrás de otra, más explicación no tengo». Cardinale: «Tuve la suerte de llegar al cine en sus años mágicos, y tengo la suerte de seguir trabajando». Rochefort: «Trabajar, e irnos a la cama satisfechos de lo que hicimos ese día, que es la mejor manera de conciliar el sueño». Resumió el director: «Siempre pensé que el de artista es un oficio humilde. Hoy las escuelas de arte enseñan a ser Duchamp, pero no enseñan a pintar. Dan clase de genialidad. Pero el arte está en la mano, en el oficio, antes que en el pensamiento. El artista no se mete en el blablablá del arte, se mete en el atelier, con los materiales. Lo mismo ocurre con el director y sus intérpretes».
Por supuesto, cualquiera se metería gustoso en el atelier, si hay una modelo casi todo el tiempo desnuda como está Aída Folch en esta película ambientada en un rinconcito campestre durante la Segunda Guerra Mundial. «La vida se abre paso en un mundo oscuro. Surge un momento de plenitud inesperado. Se comprueba que en el mundo hay ciudades bombardeadas y almendros en flor», describía el autor. Y el viejo actor se identificaba: «Ya tengo bastante edad como para haber conocido demasiadas guerras y decepciones. Como mi personaje, no miro al mundo con esperanzas. Pero esta obra nos recuerda el valor del contacto con los demás, de mirarnos y admirarnos, de embellecer la vida y esperar la muerte con tranquilidad».
La tranquilidad, sin embargo, es una característica del film que ha intranquilizado a más de uno. Este es un consejo del director: «La película te pide que te detengas y mires, en el arte y también en la vida. Sé que es difícil. Ahora estamos tan apurados que ante diez líneas ya parece que debemos leer una tesis doctoral, y hasta una palabra se hace larga y la reemplazan por una letra, para escribir más rápido. A algunos les gusta vivir así. Pero yo, el placer de la velocidad se lo dejo a un piloto de Fórmula Uno».
Se rumorea que «El artista y la modelo» puede ser la representante española ante los Oscar. Pero Trueba, que ya ganó uno por «Belle Epoque», se muestra indiferente. «A veces te dan premios, a veces te dan bofetadas. Nunca hay que creerse ni los premios ni las bofetadas. Solo hay que seguir practicando el oficio».
La hermosa Aída Bloch, que debutó con él a los 16 años, en «El embrujo de Shanghai», y ahora volvió a ponerse en sus manos, ha culminado la charla: «Cuando le preguntan, Fernando dice que el comediógrafo Billy Wilder es Dios. Para mí, Dios es Fernando». En todo caso, éste fue un momento celestial.
* Enviado Especial


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