Dos batallas el mismo día, los mismos protagonistas por el Gobierno para enfrentarlas y dos enemigos bien distintos enfrente. No fue un día típico ayer para Mauricio Macri. Todo lo contrario. Se jugaba el futuro financiero de su Gobierno (que es lo mismo que hablar del futuro de Cambiemos) y no solo con el anuncio en sí mismo del acuerdo con el fondo, sino también con la forma en que sería comunicado. Era algo esencial para la decodificación de plazos, tasas, desembolsos y reformas que harán hoy el mercado y el público de a pie, cada uno con sus argumentos. Al mismo tiempo el Gobierno activó un esquema de salvataje para intentar frenar el paro que la CGT ya anunció para el 14 de junio. Esa protesta motorizada también por Hugo Moyano tiene combustibles varios que la alimentan: desde los reclamos salariales clásicos, hasta problemas de supervivencia judicial de algunos sindicalistas y quejas por los costos de operación de carga, esto último con el aporte de la nueva tecnología brasileña en paro de transportistas.
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Ambas peleas corrieron con pocas horas de diferencia pero en sentidos contrarios. Para la CGT Macri armó un frente de negociación inédito: le sentó a los sindicalistas a Marcos Peña, Nicolás Dujovne, Mario Quintana y Ernesto Leguizamón, que fue a ese encuentro en reemplazo de su jefe, Jorge Triaca, que seguía en Ginebra a la cabeza de una importante delegación argentina que volvió a aterrizar en la cumbre de la OIT. Suiza es para los sindicalistas, lo mismo que un viaje anual a Disney para un niño: imposible perdérselo.
El problema es que esa delegación de ministros y funcionarios que atendió ayer al sindicalismo parece un grupo sin apelación alguna en caso de continuar el conflicto. Para ser mas claro: solo el Presidente quedó por encima de ellos; nunca habían tenido un trato así los gremialistas. Y a pesar de eso, de haberse llevado la promesa de subir unos 5 puntos la suba salarial para todos (a cuenta de la reapertura de paritarias en septiembre) y de prometer un decreto para facilitarles que ninguna empresa se niegue a dar ese aumento en dos tramos, el Gobierno por ahora sólo logró formalmente una tregua en la negociación hasta el martes. Es posible que tenga éxito, pero aunque no sea así al menos evitó que le declaren un paro sin retorno el mismo día que anunciaban el acuerdo con el FMI.
Mas tarde llegó el anuncio desde Washington. Hubo nerviosismo para sincronizar la comunicación del stand by que allí hacía el board del organismo, con la conferencia de prensa que se organizó en el CCK. La foto esta vez fue totalmente opuesta a la de ese infausto 28 de diciembre pasado. A Dujovne le tocó anunciar un acuerdo que en monto supera por lejos la mejor expectativa que tenía el mercado:u$s50.000, con un 30 % de desembolso ahora y el resto en cuotas cada tres meses. En lenguaje que ayer tradujo la política: "Es un montón de plata". Las metas, que son lo importante, no parecen difíciles de cumplir para este año. La cuestión se pone interesante de analizar a partir de enero de 2019 cuando el país tendrá que bajar el déficit actual de 2,7 puntos del PBI a 1,3. Eso también es una enormidad y un esfuerzo importante. La inflación, si eso funciona, caminará por un sendero hasta el 17 % en 2019. En el mejor de los casos.
Tiene el Gobierno a favor esa foto mas seria y corregida de ayer, la del ministro de Economía anunciando cómo será el recorte y la restricción total, entre otras medidas, a que el Banco Central continúe financiando al Tesoro. Otra punta esencial de ese programa es la tecnología para desarmar el stock de Lebac. Son todas exigencias del Fondo, pero que al mismo tiempo resultan de una lógica esencial. Y algo que pedía, a gritos, el mercado criollo.
Todo está acompañado por la promesa de una tutoría absoluta, incluso por parte del FMI, de la vigencia de planes sociales.
Fueron dos batallas que corrieron, puede decirse, cada una en sentido contrario. El sindicalismo lo sabe y también el Gobierno que deberá jugar este equilibrio sin chances de buscar otra opción.
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