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Grupo francés de vanguardia va en busca del “Robespierre bueno”
Sylvain Creuzevault: «El gobierno revolucionario francés hizo más por los derechos del hombre y del ciudadano que cualquier otro gobierno del mundo, desde la abolición de la esclavitud al divorcio».
Basada en documentos de época y en improvisaciones actorales, la puesta de Creuzevault revisa los aciertos y errores cometidos durante aquel período de terror para proyectarlos sobre nuestro presente. Escenario bifrontal, público sentado en gradas (muy próximo a los actores), subtitulado a triple pantalla, despliegue físico y visual, máscaras, títeres, música en vivo) y un ritmo trepidante que no cede en las dos horas diez que dura el espectáculo, patrocinado por el ministerio de Cultura del gobierno de la Ciudad, la Embajada de Francia y Culturesfrance.
«¿Si hay humor? Ustedes ya me dirán. Estuvimos en Lisboa y el público se rió mucho. Entendió muy bien la historia, pese a algunas referencias localistas. Creo que en Buenos Aires va a pasar lo mismo», aventura el joven director. Las funciones de «Nuestro terror» (sólo seis) tendrán lugar a partir del lunes próximo en el Buenos Aires Polo Circo (Avda. Juan de Garay y Combate de los Pozos).
Periodista: ¿Cuál fue el punto de partida de este trabajo?
Sylvain Creuzevault: Quisimos revisar ese enfoque que hoy tenemos en Francia -y a mi juicio, erróneo- de lo que significó ese «reinado de terror» que duró dos años (1793 y 1794) y que en general fue analizado desde una perspectiva muy reaccionaria, tanto en lo que respecta al poder político como al campo historiográfico. No siempre fue así. También se dio un combate entre escuelas, a favor o en contra de Danton o de Robespierre. Por eso la historiografía de ese período terminó siendo casi más importante que la historia misma. Nosotros abordamos este material con una mirada muy crítica, rechazando la idea de que Robespierre fue sólo la encarnación del terror y la tiranía. Recordemos que durante ese período revolucionario hubo una tentativa de gobierno colectivo y popular, donde se procuró asegurar los derechos del pueblo. Pero en general se han tapado estas cuestiones destacando únicamente de la cantidad de ejecuciones y del horror de la guillotina. Ese fue el argumento del pensamiento conservador.
P: ¿Y usted qué rescata de aquel período?
S.C.: El gobierno revolucionario francés hizo más por los derechos del hombre y del ciudadano que cualquier otro gobierno del mundo. Por ejemplo, abolió la esclavitud que cuando Napoleón la vuelva a instituir tardará unos cien años en volver a caer. También en 1794 se instituyó el divorcio de mutuo consentimiento y después ¿qué pasó? tuvimos que esperar hasta 1960 para volver a recuperar ese derecho.
P.: ¿Sobrevive algo de aquel espíritu que usted menciona en la Francia actual?
S.C.: Todo lo contrario. Sarkozy, que es el presidente más idiota que nosotros jamás hayamos conocido, durante su campaña presidencial destruyó y defenestró al movimiento de Mayo del 68 con falsas acusaciones y se empeñó a destruir su herencia. Según él, fue un período de desorden y ausencia de valores, una revuelta estudiantil donde nadie respetaba nada y hasta se pretendía abolir la institución familiar. Una ridiculez.
P.: ¿Cuál es el tema central de «Nuestro Terror»?
S.C.: La obra se centra en el interior de este estado revolucionario, de este «círculo de virtud» liderado por Robespierre que hasta busca la manera de autolimitar su poder para asegurar los derechos del pueblo. Pero en el interior de este grupo empieza a aparecer la corrupción, el dinero, las enemistades, la lucha por ocupar un espacio. En fin, todo lo que ocurre cuando se accede al poder político.
P.: Es una obra decididamente polémica...
S.C.: Es polémica para aquellos que aman reflexionar sobre este período revolucionario. Pero lo paradójico es que nosotros no hacemos un teatro didáctico. El espectáculo no habla ni a favor ni en contra de este período. No somos robespierristas ni hicimos un retrato de época. Ni siquiera el vestuario es acorde. Simplemente rescatamos la humanidad de estos personajes. Son hombres como los de hoy, no simples encarnaciones de ideas. Nosotros llevamos la polémica a una cuestión más teatral, donde nos preguntamos qué elementos de la Revolución Francesa podemos tomar hoy. Como improvisamos en escena, la cuestión pasa entonces por quién toma la palabra o si se la arrebata a otro... Ese es un gran tema muy relacionado con el poder.
P.: ¿Cómo resolvieron el subtitulado electrónico?
S.C.: Respetamos al espectador extranjero. Cuando estuvimos en Lisboa tuvimos que fijar la dramaturgia de la obra, volcarla al papel y aprenderla de memoria. Después de eso tuvimos un período de representaciones en Francia donde volvimos a improvisar, pero de Dijón a Buenos Aires tuvimos que fijar el texto otra vez. Y ahora si me disculpa voy a seguir con el subtitulado. Soy muy obsesivo con mi trabajo.
Entrevista de Patricia Espinosa


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