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Guerra de ladrillos: crecen franquicias y desatan la polémica
Este modelo internacional que desembarcó en los últimos años en la Argentina genera el rechazo de las cámaras y colegios del sector de real estate. Aseguran que no cumplen con la ley y que son competidores “desleales”.


El principal problema radica en que en el caso de las franquicias inmobiliarias, la mayoría de ellas no cuentan con personal autorizado para llevar adelante el negocio. Según denuncia el Colegio Inmobiliario de la Ciudad de Buenos Aires "el comercio de inmuebles por parte de corredores y martilleros es una actividad profesional personal e intransferible; por lo tanto, requiere de cursar y aprobar una carrera universitaria y de una matriculación", algo que no estaría ocurriendo en el 100% de los caso de las franquicias.
Desde Remax, la marca más significativa sostuvieron que "su actividad se limita al otorgamiento de franquicias que brindan a profesionales matriculados el acceso a un conjunto de servicios complementarios a su actividad. Entre otros derechos, la franquicia otorga la posibilidad de utilizar la marca Remax", indicaron en diferentes comunicados, aunque al ser consultados por este diario no quisieron hablar del tema.
La marca está presente en Argentina desde 2005, hoy ya cuenta con 110 oficinas en 42 ciudades con más de 2.700 personas vinculadas a su red que brindan servicios inmobiliarios en el territorio nacional y en vínculo con otras oficinas del mundo. Lo cierto es que su expansión parece cada vez más compleja.

ZONAS
Córdoba, Entre Rios y Buenos Aires son solo algunas de las provincias que se muestran en guerra contra la principal franquicia inmobiliaria que hace casi una década se instaló en el país. En el primer trimestre del año pasado la firma norteamericana no podía operar en Paraná, lo mismo ocurrió en la provincia de Buenos Aires, donde en un fallo reciente la Cámara de Apelaciones y Garantías del Departamento Judicial Mercedes declaró que un agente de Remax desempeñaba "el ejercicio ilegal de la profesión de Martillero público".
Para las pequeñas y medianas inmobiliarias se trata de una competencia desleal, en un escenario complejo en donde las operaciones de compra-venta están casi congeladas, estos gigantes internacionales parecen acabar con las clásicas inmobiliarias. Y es por eso que no sorprende que tanto desde las Cámaras como los Colegios inmobiliarios del país salgan a rechazar su desembarco. Una guerra que comenzó hace años, pero que con la crisis y la turbulencia del dólar parece haberse acrecentado.


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