24 de junio 2009 - 00:00

Guerra se luce con “Romeo y Julieta”

Los jóvenes Elizabeth Antúnez y Bautista Parada, auténticas revelaciones de «Romeo y Julieta» de Maximiliano Guerra, que abrió las transmisiones del Argentino de La Plata a otros teatros de la provincia.
Los jóvenes Elizabeth Antúnez y Bautista Parada, auténticas revelaciones de «Romeo y Julieta» de Maximiliano Guerra, que abrió las transmisiones del Argentino de La Plata a otros teatros de la provincia.
«Romeo y Julieta». Ballet en tres actos, inspirado en Shakespeare. Coreog.: M. Guerra. Mús.: S. Prokofiev. Ballet y Orq. Estables. Dir. ballet: R. Lastra. Dir. mus.: L. Gorelik. (Teatro Argentino de La Plata).

Una bella versión de «Romeo y Julieta» firmada por Maximiliano Guerra abrió las transmisiones vía satélite de los espectáculos del Teatro Argentino de La Plata a una veintena de teatros del interior de la Provincia de Buenos Aires. Interesante idea, que necesitará algunos ajustes técnicos en lo sucesivo.

En cuanto al espectáculo en sí, con «Romeo y Julieta», Guerra concreta su trabajo más trascendente como coreógrafo. Si bien ha respetado tanto la estructura como algunos fragmentos de la versión que Kenneth McMillan preparó en 1965 para el Royal Ballet -y que el bailarín argentino bailó en varias oportunidades-, su coreografía posee muchos momentos originales. Con la utilización de telones y apagones, el coreógrafo organizó una sucesión rápida de las distintas situaciones argumentales otorgándole a la obra un ritmo cinematográfico. Por ejemplo: en medio de la escena de la fiesta en casa de Julieta, un rápido cambio de escenografía ubica a los personajes en medio del jardín nocturnal donde se lleva a cabo el primer encuentro a solas de la pareja, para volver con igual rapidez al gran salón del palacio de los Capuleto donde continúa la fiesta.

En la famosa escena del balcón, Maximiliano Guerra se acerca algo más al vocabulario neoclásico de McMillan, lo que no es condenable de ninguna manera. Es estupenda la resolución de la gran escena final en la Cripta de los Capuleto, de gran belleza visual y una grandeza digna de una representación operística. También están muy logradas las escenas de las peleas callejeras y los encuentros entre los espadachines.

Una verdadera estrella resultó la joven bailarina Elizabeth Antúnez en el rol de Julieta. Sus condiciones técnicas y dramáticas le auguran un camino sin tropiezos en el ballet nacional e internacional. También es destacable la fuerza y dramaticidad de Bautista Parada en Romeo. Víctor Filimonov diseñó un notable Mercucio y los demás papeles secundarios son interpretados con unción por los jóvenes integrantes del Ballet Estable del Argentino, en franca mejoría. El conjunto exhibe un lucido desempeño, siempre bajo la dirección de Rodolfo Lastra. La Orquesta Estable, por su parte, brinda una intensa versión de la obra de Prokofiev con la dirección ajustada y noble de Luis Gorelik.

Contribuyeron a los aciertos de puesta la escenografía de María José Besozi, el vestuario de Alicia Gumá y el dramatismo de las luces de Gabriel Lorenti.

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