7 de marzo 2014 - 00:00

Halac indaga bien en una famosa pesquisa

Guillermo Pfening, como Rodolfo Walsh, y Michel Noher, como Tomás Eloy Martínez), brindan una actuación convincente.
Guillermo Pfening, como Rodolfo Walsh, y Michel Noher, como Tomás Eloy Martínez), brindan una actuación convincente.
"Café Irlandés". Dramaturgia y Dir.: E.Halac. Int.: G. Pfening, M. Noher, M. Ucedo, G. Aragonés. Esc. y Vest.: M. Sleigh. Dis. Luces: M. Solowej. (Centro Cultural San Martín).

A comienzos de la década del 60, los periodistas Rodolfo Walsh y Tomás Eloy Martínez iniciaron una investigación conjunta para determinar el paradero de los restos de Eva Perón. El cuerpo embalsamado había sido sustraído de la CGT por obra de un comando militar y todas las pistas apuntaban al coronel Carlos Moori Koenig que por un tiempo había custodiado el cadáver con morboso deleite.

A partir de este episodio verídico, Eva Halac creó una pieza de tono policial que incluye guiños al cine de espionaje y al clima de paranoia que dominó el mundo durante los años de la Guerra Fría. Una dinámica evocación del ambiente cultural y político de nuestro país, tras el golpe militar del '55, sirve de marco al eje central de la pieza: la construcción de un vínculo de amistad y respeto mutuo entre dos colegas de diferente ideología y con un particular estilo de encarar el periodismo. Walsh aún no había escrito su antológico relato "Esa mujer" (donde volcó en clave ficcional su entrevista con Moori Koenig) y Martínez todavía estaba a décadas de publicar "Santa Evita". Pero la oportunidad de observar a ambos escritores, en la primera etapa de sus carreras, debatiendo entre bromas y chicanas sobre ética periodística y modos de entender el oficio, resulta estimulante. Sobre todo en estos momentos en que la creciente polarización de los medios de prensa se ha tornado tan agresiva.

En paralelo y a ritmo de comedia, Halac describe la vida conyugal de Moori Koenig (Guillermo Aragonés) y su perversa obsesión por el cuerpo de Eva; aquí representada mediante un ritual que el coronel comparte con su esposa (papel a cargo de María Ucedo), en donde ella se disfraza de "abandera de los humildes". La puesta presenta algunas desprolijidades en el cruce de las dos historias principales (la superposición de diálogos genera cierta confusión), pero el texto de Halac no deja cabos sueltos y mantiene el interés del espectador hasta el final.

Guillermo Pfening (Walsh) y Michel Noher (Martínez) brindan una actuación convincente. En cambio, las figuras del coronel y su esposa resultan un poco bufonescas. Son creíbles en su cotidianeidad, pero no llegan a transmitir el clima de terror, delirio y alcoholismo en el que ambos se sumergen tras sufrir un atentado en su hogar. Halac introdujo algunos datos falsos en la trama. Entre ellos, la glamorosa escena en la que Martínez besa en un cine a la atractiva mujer del coronel mientras se proyecta "El séptimo sello" de Bergman. Ese affaire no existió en la realidad, pero detalles como éste realzan la intriga y de algún modo también rinden tributo al género "novela negra" y a uno de sus principales cultores, Raymond Chandler.

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