Georg Friedrich Händel: fue el primer compositor en romper la dependencia económica con la Iglesia o la Corte, y un brillante financista.
Londres (Especial) - Sólo su famosísimo «Aleluya», perteneciente al oratorio «El Mesías», bastaría para convertir el nombre de Georg Friedrich Handel en uno de los más populares de la música clásica. Pero fue muchísimo más. Desde hace unos días, se viene recordando a Handel en Europa a propósito de los 250 años de su muerte, que se cumplen exactamente hoy. No faltó quien comparara aquel «Aleluya», usado hasta el cansancio por el cine, o las fanfarrias de su «Música Acuática», con clásicos de la misma popularidad como algunas canciones de los Beatles. Se recordó también que el aria «Lascia ch'io piangia», interpretada inclusive por Barbra Streisand, hoy se puede bajar hasta como tono de celular.
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Sin embargo, recientes investigaciones del economista británico Peter Day que acaba de publicar la BBC han mostrado por primera vez un rostro desconocido del músico: el de brillante hombre de finanzas. Por azar, Day encontró registros del Sigo XVIII en el Bank of England, que demostraron que Handel fue uno de los más lúcidos operadores financieros de su tiempo. Y no sólo eso: el compositor, gracias a su proceder, fue el primero en la historia de la música que rompió la habitual dependencia económica con el gobierno o la Iglesia al que estuvieron sujetos los más célebres músicos de Occidentes. Pese a que sus tiempos fueron tanto o más turbulentos que los actuales, el compositor murió con un capital cercano a los 4 millones dólares en el banco (aplicando las actualizaciones correspondientes por supuesto).
Además de su portentosa inspiración, Handel jamás descuidó, al igual que los productores actuales, cuál era el tipo de música que el mercado requería. No es por azar que tantos fragmentos de sus óperas, cantantas y oratorios sean hoy tan famosos, y hasta populares: siempre supo entusiarmar los oídos de la gente.
A medida que empezó a ganar dinero con sus composiciones, HTMndel inició su exitosa carrera como inversor. Según los recientes descubrimientos citados antes, se interesó con avidez en los mercados financieros emergentes. En 1716, fue uno de los accionistas más tempranos de la Compañía de los Mares del Sur (South Sea Company), del mismo modo que uno de los primeros en retirar su dinero de allí: su nombre ya había desparecido de la lista de accionistas cuando la compañía se licuó como resultado de una frenética especulación con bonos del gobierno británico. Irónicamente, uno de los mayores perjudicados por la catástrofe fue el científico Isaac Newton (quien, como se recordará, formuló la ley de gravedad) cuyo capital despareció con la caída de la compañía.
Los registros recientemente descubiertos en el Bank of England también revelaron, con la firma de puño y letra de Handel, que el autor de «EL Mesías» también había hecho repetidas operaciones de corto plazo a los largo de la década del 20 del siglo XVIII, a los fines de mantener más seguros sus depósitos de acuerdo con la marcha de la economía.
Handel fue un «lobo solitario», como lo describe el musicólogo alemán Franzpeter Messmer en una nueva biografía, donde también se indica que fue uno de los compositores del Barroco que más luchó por no depender de los mecenas feudales. Vanos fueron los intentos del rey Federico I de Prusia, un talentoso flautista, de financiar un curso del joven Handel en Italia. El músico y su padre, barbero y médico de profesión, rechazaron la oferta.
Su contemporáneo Johann Sebastian Bach tuvo que soportar toda la vida los caprichos de la corte y la arbitrariedad de la iglesia, y nunca abandonó la patria. A Handel, por el contrario, la música lo llevó en primer lugar a Hamburgo. Había dejado en 1703 su puesto de organista de la catedral para incorporarse como violinista a la orquesta de la ópera hamburguesa. Hasta entonces había compuesto cantatas y decidió probar suerte con música secular. Su primera ópera, «Almira», fue ovacionada en el estreno en 1705.
En Londres, donde pasó la segunda etapa de sus 74 años, consiguió independencia. En 1727 adoptó la nacionalidad británica y pasó a llamarse George Frederic Handel, nombre bajo el cual compuso una ópera tras otra. Escribió un total de 46, obras como «La coronación de Popea» que fascinaron al público londinense.
Handel se negaba a componer al estilo inglés y sus obras, concebidas como «dramma per musica», tenían una fuerte impronta italiana. «Sexo y poder, celos e ira, desesperación, maldición, muerte», así resume la escritora estadounidense Donna Leon, una apasionada por HTMndel, la esencia de estos dramas musicales. En la primavera de 1719 fundó una nueva compañía de ópera en el King's Theatre. Para su nueva Royal Academy of Music reclutó un conjunto de cantantes entre los que figuró el famoso castrado Senesino.
Al igual que en la ópera, en los oratorios puso al coro por delante de la orquesta y lo hizo cantar en inglés. «Israel en Egipto» o «Saúl» cosecharon gran éxito, también porque tematizaban la rivalidad entre católicos y anglicanos. Su obra más famosa, «El Mesías», le llevó sólo tres semanas de composición.
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