- ámbito
- Edición Impresa
Harold Pinter y el deseo escurridizo
Martha Bianchi: «El matrimonio de esta obra no está resignado. Hay una indagación sobre el deseo, que puede reprimirse por educación y respeto, pero existe igual y emerge de la forma más inesperada».
En su extensa carrera, Bianchi y participó en más de cincuenta piezas teatrales de autores argentinos y extranjeros; pero hasta ahora nunca había trabajado en una obra de Pinter, «No es para sorprenderse, el teatro es un constante aprendizaje y nadie puede abarcarlo en su totalidad. Siempre me interesó este autor, y no sólo a mí. Pinter recibió el Nobel de Literatura en 2005. En sus textos las palabras estallan; siempre quieren decir mucho más de lo que enuncian. Me ha pasado de leer alguna de sus obras hasta tres veces seguidas, porque se pueden interpretar de muy distintas maneras».
Estrenada en 1962, «El amante» presenta a una pareja muy respetable y bien avenida que practica desde hace años un juego algo peligroso: él actúa sus fantasías eróticas con una prostituta, ella con un amante. Todo parece funcionar de común acuerdo hasta que un día algo se desequilibra poniendo de manifiesto una angustia secreta.
Periodista: En las obras de Pinter no hay una diferencia muy clara entre lo real y lo imaginario y se las puede interpretar en forma seria o cómica.
Marta Bianchi: Y esta obra se hizo mucho y de las más diversas maneras. Vi cientos de versiones en Youtube. Algunas muy cómicas, otras melodramáticas, e incluso vi una hecha por clowns. Nosotros optamos por la sutileza y la verdad. Muchas veces en la vida, decimos algo que difiere de lo que realmente pensamos o no coincide con nuestras imágenes internas. Pinter muestra cómo la mente y la imaginación trabajan en relación al deseo que para mí es el tema central de esta obra. El deseo como algo errático e incontrolable. Nosotros lo ubicamos en un matrimonio de 30 años de casados
P.: ¿Cómo definiría a este matrimonio?
M.B.: Es una pareja que se sigue amando. Pero es sabido que los años traen desgaste, por la rutina cotidiana, los hijos, los problemas de la vida. eso hace que el deseo vaya bajando. Como esta pareja se ama entrañablemente, intenta defender su matrimonio generando espacios de deseo o de estimulación del deseo para que no los mate la rutina. Entonces, se permiten actuar sus fantasías de infidelidad y son capaces de hablar de sus deseos. Prefiero no anticipar más nada.
P.: ¿Cómo habrá reaccionado el público de los años 60 ante un marido que le pregunta muy amablemente a su esposa «¿viene tu amante hoy?»? No era lo habitual en aquella época. Bueno, en ésta tampoco.
M.B.: Es que ellos intentan no tener una doble moral y ser honestos entre sí.
P.: ¿Usted cree que lo logran?
M.B.: Hasta que empieza la obra, la cosa venía funcionando bien, pero uno de los integrantes de la pareja empieza a cuestionar estos recursos. Aparecen inseguridades y contradicciones. Por más juegos eróticos que hayan compartido, no se puede tener todo bajo control, porque el deseo es escurridizo y cambiante. Por debajo de esa honestidad y lealtad que practican, les han quedado fantasías sin compartir. No por moralistas sino porque eligieron compartir sólo aquellas en las que hay acuerdos y coincidencias.
P.: ¿Este juego podría prosperar en una sociedad más desinhibida como la actual?
M.B.: No hay una fórmula para mantener vivo el deseo, cada pareja debe apelar a su creatividad, si es que se sigue amando. Porque acá no se trata de un matrimonio resignado. Hay una indagación sobre el deseo. Uno lo puede reprimir por educación, por el respeto al otro, pero existe igual y emerge de la forma más inesperada.
P.: ¿Cómo trabajaron las escenas eróticas?
M.B.: Me sentí muy confiada y logramos un muy buen feeling con Ernesto Claudio. Las escenas eróticas fueron trabajadas con suma delicadeza, porque esta obra da para cualquier cosa. En la web vi imágenes que rondan la pornografía y yo creo que el erotismo está en la cabeza. No hay que actuarlo, sino sentirlo. Vi actrices vestidas de cuero, con grandes escotes o con ligas coloradas. Yo preferí algo más insinuante y no caer en un estereotipo tan obvio, siendo Pinter un maestro de la sugerencia y lo no dicho.
P.: Cambiando de tema. ¿Sigue al frente de «La mujer y el cine?
M.B.: Sí, ya son 23 años de tarea ininterrumpida. Nos ocupamos fundamentalmente de promover a las mujeres detrás de la cámara y tenemos el orgullo de decir que muchas de las creadoras que hoy honran la expresión cinematográfica (entre ellas Lucrecia Martel, Sabrina Farji, Ana Poliak, Paula Hernández, Julia Solomonoff, Ana Katz y Anahí Berneri) se legitimaron como directoras en esa ventana que abrimos, por la que pudieron llegar a espacios más competitivos. Pero, también trabajamos con películas temáticas de género que tengan que ver con la violencia contra mujer, la trata y el tráfico. El año pasado hicimos una muestra de cortos iberoamericanos que ahora está girando por festivales nacionales e internacionales.
Entrevista de Patricia Espinosa


Dejá tu comentario