17 de noviembre 2014 - 00:00

Hay que hacer un punto y aparte

Hay que hacer un punto y aparte
 Lento, lánguido, previsible, abúlico. El diccionario tiene infinitos sinónimos y afines para describir el primer tiempo de River contra Olimpo. Seguramente lo peor del campeonato. Imposible de contabilizar tres pases seguidos.

Rodrigo Mora, el delantero más incisivo de River, tocó por primera vez la pelota cuando ya habían transcurrido 11 minutos del partido.

A los 18 minutos River se acercó al arco visitante para crear una opción de gol. Un cabezazo del pibe Rodríguez, sin mucha potencia, fue despejado en la línea por un defensor bahiense.

Y a los 23 minutos abrió el marcador el melli con un cabezazo bombeado que se metió en el ángulo por detrás de Nereo Champagne.

-¡Gooolll! ¡Qué bien viene este gol! ¡Cómo tranquiliza los ánimos! Ya nos estábamos poniendo nerviosos...

Y el segundo tiempo fue un bostezo del primero al último minuto. La única adrenalina la puso la visita que con los colombianos se las ingenió para complicar a un River deslucido.

-Rodriguez y Ponzio son dos carretas de bueyes en el medio. Si no aceleramos ahí todo es previsible...

Y un horror del mellizo Funes Mori se convirtió en el gol del empate cerca de los 25 minutos finales.

-¡No puede ser, no podemos estar jugando así como en los peores momentos. Estamos regalando todo el laburo en un partido!...

Entraron los pibes, pero está visto que funcionan cuando funciona el resto, si no, se diluyen en el caos generalizado.

-Dependemos de motoneta Sánchez y Teo. Ellos no están, el melli muy nervioso, Rojas y Vangioni bajos, Mora entregado de espaldas a la marca. Es verdad, nos caímos a pedazos. ¡Es el segundo partido que la pelota la trae Maidana muchachos! ¡Así no!...

La cara de Gallardo lo decía todo. Desencajado como River, naufragando en la mediocridad de su desteñido juego.

-¡No generamos nada, ni intensidad, ni vértigo, ni sorpresa, ni siquiera empuje!...

Así no, ya no hay margen. Hay que ganar los dos partidos de la semana. Dejense de joder muchachos. Se relajan los campeones, no los que están a punto de serlo.

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