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“Hay que replantear el lugar del espectador”
Director de «Cahiers du Cinéma» en los tempranos ’70, el hoy realizador Jean Louis Comolli vino a Buenos Aires a presentar sus documentales.
El director, quien en el marco de la muestra que se extiende hasta el próximo domingo 24, exhibirá 11 de sus films y presentará su último libro, «Cine contra espectáculo». También ofrecerá el seminario «Técnica e ideología. El lugar del espectador, parte de la sombra», que propone, a través de distintos fragmentos de films que recorren la historia del cine, confrontar el lugar de los espectadores de hoy con el lugar que los films les reservaron.
Director de «Cahiers du Cinema» entre 1966 y 1971, Comolli explicó que como documentalista «uno de los desafíos del film es mostrar que hay conocimiento histórico, transmitir un saber y cortar esta falsa oposición entre la inteligencia y la sensibilidad».
En la retrospectiva, que tendrá lugar en la sala Leopoldo Lugones del San Martín y en la Alianza Francesa (entidad que promovió esta visita) se proyectarán «Nacimiento de un hospital» (1991), «Marsella en marzo» (1994), «El concierto de Mozart» (1997), «La cuestión de las alianzas» (1997), «Buenaventura Durruti, anarquista» (1999), «Juegos de rol en Carpentras» (1997), «El caso Sofri» (2001), «La última utopía -La televisión según Rosellini» (2005), «Carta a una joven hija de Kanaky» (2008), «Las claves de Marsella» (2008) y «Ante los fantasmas» (2009).
«Elegí películas extremas que tienen una cierta radicalidad, como por ejemplo El nacimiento de un hospital, que tiene una banda sonora que está completamente en off, las imágenes por un lado y el sonido por otro», dijo el realizador. Al referirse al tópico particular del espectador, expresó: «Hoy está amenazado por fuerzas externas en el sistema mercantilista, porque el cine toma demasiado tiempo. El espectador va al cine a cumplir una experiencia subjetiva, conmoverse y poder descubrir otra cosa en él, y esta experiencia no es algo deseado por el mercado porque durante ese tiempo no consume». Sobre el mismo tema, siguió Comolli: «El espectador de cine fue concebido como alguien que no pasa al acto y para el mercado pasar al acto es pasar al acto del consumo. A diferencia del espectador de TV, que está en su casa, puede moverse, fumar y, por ejemplo, participar en concursos telefónicos, lo que construye a un espectador que se evade todo el tiempo de la representación por razones que no están ligadas a ella sino por razones externas y esto es lo que desea el mercado. El espectador de cine permanece sentado, no habla, no escribe, no corre. Todos los gestos están limitados, todo está en la mirada y en la escucha. Los actores que están en la pantalla son los que pasan al acto.»
Con referencia al libro «Cine contra espectáculo», opinó: «Si la diferencia entre el mundo filmado y el no filmado desaparece, estamos ante la imposibilidad de ver cómo funciona el espectáculo y el filme se parece a la vida. Si la vida se parece a un filme es porque en esta sociedad del espectáculo la vida se ha transformado en algo espectacular, pero el cine es útil para dar a los ciudadanos herramientas para comprender la dominación del espectáculo sobre nuestro mundo porque esta dominación a través de la globalización de lo audiovisual y de las empresas que lo controlan logran reemplazar al propio mundo por el espectáculo».


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