9 de septiembre 2011 - 00:00

“Hay un acuchillado en clase ejecutiva, estamos secuestrados”

El momento en que son atacadas las Torres Gemelas.
El momento en que son atacadas las Torres Gemelas.
Washington - «La cabina de los pilotos está cerrada, nadie responde, alguien fue acuchillado en la clase ejecutiva, creo que están secuestrando nuestro vuelo».

La voz de Betty Ong se escucha conmovida, pero firme al mismo tiempo, ella es la azafata número tres a bordo del vuelo 11 de American Airlines, que cubre la ruta Boston-Los Angeles.

Son las 8.19 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, y Betty lanza la alarma hablando desde un teléfono del avión con los empleados de la oficina de reservaciones de Cary, en Carolina del Norte.

En aquel momento no podía imaginar que, apenas 28 minutos más tarde, moriría junto a otras casi 3.000 personas al estrellarse su avión contra la torre norte del World Trade Center, en Nueva York.

El desesperado diálogo de Ong está contenido en una de las veintiséis grabaciones -quizás sea la más dramática- difundidas hoy por The New York Times y que forman parte de un documento multimedia preparado por el Rutgers Law Review.

Se trata en conjunto de una crónica feroz, el relato de lo que iba ocurriendo, directamente en las voces de sus protagonistas, desde los hombres de la Federal Aviation Administration (FAA) hasta los funcionarios de la North American Aerospace Defense Command (Norad) y la aerolínea American.

Pero también la de los terroristas del grupo Al Qaeda, señalado como responsable de los atentados.

El primer registro de audio es aquel de los continuos desesperados intentos de un controlador de vuelo de Boston por ponerse en contacto con el vuelo 11, desde el cual luego Ong lanzará la primera advertencia sobre lo que estaba ocurriendo.

Luego, una tras otra, las afanosas llamadas telefónicas, llenas de ansiedad, de los agentes de seguridad aérea que ven desaparecer los aviones de sus radares.

Las grabaciones, divulgadas en coincidencia con la llegada del décimo aniversario de los atentados, muestran que la primera sensación imperante en la zona fue el pánico de no saber adónde se dirigían los aviones secuestrados, y la lucha contra el tiempo para poder interceptarlos antes de que causaran una tragedia, o varias, como finalmente ocurrió.

Pero entre los documentos figuran también algunas grabaciones que hielan la sangre: son aquellas en las que se escuchan las voces de los terroristas mientras se dirigen a los tripulantes y pasajeros a bordo de los aviones que secuestraron.

A las 8.24, un controlador de vuelo de la FAA en Boston escuchó a Mohamed Atta, el jefe de los extremistas islámicos, hablar a bordo del vuelo 11 de American Airlines.

«Tenemos planes, sólo permanezcan en silencio y todo saldrá bien, estamos volviendo al aeropuerto», dijo Atta según el controlador de vuelo, quien poco más tarde se dará cuenta de su error. Atta dijo «we have planes», o «nosotros tenemos aviones», no «planes».

Luego, otra vez la voz de Atta: «Nadie se mueva, todo saldrá bien; si hacen algún movimiento brusco, corren el riesgo de lastimarse o de dañar el avión, permanezcan en silencio».

Poco después, los dos impactos sobre las torres en Manhattan.

Las cintas recogen además llamadas telefónicas entre los funcionarios militares de la base aérea de Langley, en Virginia, y sus esfuerzos por buscar la manera de detener los aviones que se dirigen a la zona de la ciudad de Washington.

A las 9.32 otra dramática grabación: uno de los secuestradores del vuelo United 93, Ziad Jarrad, anuncia por radio que hay «una bomba a bordo».

Aquel avión se dirigía al Capitolio, la sede del Congreso, pero los secuestradores fueron enfrentados por los pasajeros y el aparato cayó en un campo de Pennsylvania, matando a todas las personas a bordo.

El entonces vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, ya había dado ante la orden de abatir ese avión que se acercaba a la capital, pero los pasajeros actuaron a tiempo, a costa de sus vidas.

La idea de llamar a los cazas también la tuvo, más temprano, un controlador de vuelo en Boston, quien a las 8.37, antes de que alguno de los aviones alcanzara su blanco, decía: «Tenemos un problema acá, tenemos aviones secuestrados dirigiéndose a Nueva York y necesitamos que alguien haga despegar algunos F16 o algo para ayudarnos».

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