31 de mayo 2011 - 00:00

Hay un derrotado, falta un ganador

Roma - El cachetazo de Milán fue tan fuerte que se oyó en Roma: Silvio Berlusconi, quien se mostraba tan seguro de la victoria y suele cosechar éxitos, debió bajar la cabeza nada menos que en su principal bastión y ciudad natal.

Sin embargo, él fue uno de los grandes artífices de esta dura derrota en las elecciones municipales a nivel nacional. Poco antes de que se celebrasen, el premier advirtió que la votación sería una puesta a prueba de su fuerza. Ahora, tras la clara victoria del centroizquierda, la oposición espera que sea el inicio de una nueva etapa.

Los primeros indicios del cambio se vislumbraron en las pérdidas de la primera vuelta de hace dos semanas: allí quedó a la vista que la imagen del invencible multimillonario milanés podía ser un mito.

No resulta sorprendente que la oposición, que es básicamente un frente antiberlusconiano y no cuenta con un programa firme y atractivo de izquierda, reciba con alegría este vuelco.

La realidad actual parece ser muy distinta a la de hace 17 años, cuando el empresario Berlusconi comenzó a ascender rápidamente en la esfera política de Milán.

Con más razón se esperaba que también saliera de Milán la señal que pusiera fin al período de escándalos sexuales, procesos por corrupción y pulseadas dentro de la coalición del debilitado mandatario.

Al menos esa era la esperanza de la izquierda agrupada en torno al mayor partido de oposición, el Partido Democrático, bajo la conducción de Pier Luigi Bersani.

«Tengo la impresión de que hemos liberado Milán», afirmó el futuro alcalde de la ciudad, Giuliano Pisapia, que en las últimas semanas fue blanco de los ataques nerviosos y agresivos de Il Cavaliere. La izquierda quiere convertir Milán en una «ciudad islamista», había advertido el premier, intentando enardecer los ánimos con un discurso electoral que no es precisamente nuevo: el del miedo a los extranjeros y al islam. Esta vez, sus palabras no parecen haber dado frutos.

Pero los opositores del ala conservadora deben estar atentos, desde los Alpes hasta Sicilia, para no volver a subestimar a su defenestrado rival. No sería sensato que se quedaran en los actuales laureles suponiendo que la victoria en las elecciones parlamentarias a inicios de 2013 es segura. Hasta entonces pasará mucha agua bajo los puentes del Tíber y del Po.

Todo podría ser incluso peor. Tras la primera vuelta electoral se hizo oír el choque dentro de la coalición: Berlusconi embistió al jefe de la Liga del Norte, Umberto Bossi, y ninguno de los dos dudó en echarle la culpa al otro por la derrota. No sería extraño que Bossi le diera la espalda al premier al ver que su poder comienza a disminuir. «El que vota la izquierda no tiene cerebro», dijo furioso Berlusconi hace algunos días, cuando se presagiaba que las elecciones municipales iban a convertirse en un voto en su contra. El posberlusconismo, ¿empieza ahora? Puede ser, pero nadie puede decir cuánto durará la transición.

Agencia DPA

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