8 de enero 2010 - 00:00

Historias centenarias en el camino del adobe

La Capilla Nuestra Señora del Rosario, en Anillaco, es uno de los íconos de la sorprendente Ruta del Adobe, rica en antiguas construcciones de carácter religioso.
La Capilla Nuestra Señora del Rosario, en Anillaco, es uno de los íconos de la sorprendente Ruta del Adobe, rica en antiguas construcciones de carácter religioso.
Así como el hornero construye su nido, muchas generaciones de hombres han levantado moradas en base a adobe a lo largo de la historia. Tomaban la materia prima que tenían a su alcance: una porción de arcilla, cuatro de arena y tierra, luego paja, pasto y hasta crines de caballo para dar sustento a la masa que era transformada en ladrillos. Luego el calor del sol cocía la mezcla durante casi un mes. Muy económicas, permeables a la erosión, pero muy resistentes, las humildes construcciones perduraron en varias partes del mundo a lo largo de los siglos, tal como ocurre en el norte argentino, donde el turismo descubre esta joya en el partido de Tinogasta, Catamarca, que ha sido bautizada como Ruta del Adobe.

Son ruinas extrañas, habitables, que conmueven tal vez por la energía aún contenida de los antiguos moradores de esta hostil geografía cordillerana. Es bien llamada una ruta, ya que las viviendas y templos de adobe se distribuyen en siete paradas, entre las localidades de Tinogasta y Fiambalá, a lo largo de unos 50 kilómetros sobre la Ruta Nacional 60, en la zona de acceso al cruce hacia Chile por el paso internacional San Francisco.

Algunas de estas construcciones se remontan a 300 años atrás. No debería extrañar, ya que el adobe nutrió a la arquitectura desde los albores de la historia. La arqueología da cuenta de la ciudad más antigua del mundo construida con este material en el año 700 antes de Cristo. Es conocida bajo el nombre de Çatalhöyük y se hallaba en el Asia Menor. En América, la ciudad de barro más grande se encuentra en Perú y abarca 6 kilómetros cuadrados. Se llama Chan Chan, fue erigida en el valle de Moche por la cultura Chimu y data de al menos 800 años atrás.

Itinerario

En Catamarca se trata de una ruta considerada Patrimonio Cultural y Turístico por el Gobierno provincial desde el año 2002. La geografía agreste, el clima muy seco y la alta amplitud térmica son características de esta región donde nunca fue fácil vivir. El adobe fue de este modo un aliado para el hombre, ya que durante el día aísla del intenso calor y luego conserva la temperatura para tolerar las frías noches. En rigor, esta mezcla es superior a buena parte de los materiales de construcción actuales, que transmiten casi instantáneamente la temperatura exterior a los ambientes internos. El adobe es además reciclable y no fomenta la deforestación.

El derrotero catamarqueño por la historia del adobe puede encararse en auto, a caballo, en bicicleta o hasta caminando en algunos tramos. Tiene inicio en Tinogasta, ciudad capital del departamento homónimo. Allí se encuentra el hostal de adobe Casa Grande, en la calle Moreno, a metros de la plaza principal. A partir de esta primera aproximación se inicia la ruta, que también es accesible por medio de excursiones que parten de Tinogasta o de la ciudad de Catamarca.

El periplo por la Ruta del Adobe lleva por El Puesto, Santa Rosa, Anillaco, Saujil, Copacabana, Tatón, Londres, Belén y Fiambalá. Además de la Casagrande, en Tinogasta se encuentra el Centro Cultural; luego, avanzando en el recorrido se llega al Oratorio de los Orquera, en El Puesto, consagrado a la Virgen del Rosario, que data el siglo XVIII. Destacan las vigas de algarrobo que sostienen la nave, y el campanario. A 5 kilómetros se accede a La Falda y la Iglesia de Andacollo, del siglo XIX, que une al adobe con molduras de cemento y cal.

Una vez en Anillaco (ciudad homónima de la riojana) se conocen la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, del siglo XVIII con muros de un metro de ancho, techo de caña y barro y piso de tierra; el Mayorazgo, un edificio del 1700 donde funciona el Museo Histórico Provincial, y las Ruinas de Watungasta, antiguo asentamiento indígena de fines del 1700 a orillas del río Troya, que habría estado habitada desde el siglo VI.

En Fiambalá se encuentra la Iglesia de San Pedro, de 1770, de características coloniales y declarada Monumento Histórico Nacional. A 1.000 metros de distancia se ubica la Comandancia de Armas, de mediados del 1700, construida por el militar español Domingo Carrizo.

Pablo Domini

Dejá tu comentario