25 de noviembre 2015 - 00:00

“Hoy la novela negra no tiene necesidad de un investigador”

Gala: “Hay un abismo entre los escritores cubanos de adentro y de afuera. A pesar de haber publicado bastante en Cuba la mayoría de mi obra no ha salido de allí”.
Gala: “Hay un abismo entre los escritores cubanos de adentro y de afuera. A pesar de haber publicado bastante en Cuba la mayoría de mi obra no ha salido de allí”.
 A partir del proyecto demencial de un fanático religioso de construir "por orden de Dios" un templo que supere a todo lo visto en Cuba, en un barrio marginal de la ciudad de Cienfuegos, el escritor cubano Marcial Gala despliega su novela "La catedral de los negros", que publicó Corregidor. Sorprendente novela coral que se inicia en un faulkneriano barrio inventado para abrirse al mundo, para ir entregando declaraciones de seres devotos y de falsos cristianos, de prostitutas y rufianes, de ladrones y policías, de un muchacho que se inicia en la poesía y de su hermana que se consagra en la pintura, de provocadores y humillados, y de un asesino serial que vende la carne de sus víctimas. Novela inclasificable, que algunos consideran policial y otros una fascinante metáfora poderosa, que ha conquistado en su país los más importantes premios: el Alejo Carpentier, el Nacional Sed de Belleza, Premio de la Crítica al Mejor Libro publicado en Cuba en 2012.

Marcial Gala es arquitecto, pero se ha dedicado a la literatura, conduce la tertulia "El relajo y el orden", ha publicado seis libros de cuentos ("Enemigo de los ángeles", "El juego que no cesa", "Dios y los locos", "El hechizado", "Es muy temprano", "Escuchando a Miriam H.") y las novelas "Cienfuegos, capital del mundo", "Sentada en su verde limón" y "La catedral de los negros". Cuando luego de vivir seis meses en Buenos Aires está a punto de regresar a La Habana, y luego a Cienfuegos, dialogamos con el notable narrador cubano.

Periodista: ¿No se queda a vivir en Buenos Aires?

Marcial Gala:
Tengo que volver a Cuba ahora, pero volveré. Buenos Aires me gusta mucho, me quedaría más, pero ocurre que me compré una casa allá, un deseo que tenía desde hace mucho, y tengo que ir para terminar de pagarla. Pero me gustaría mantenerme entre los dos países.

P.: Su novela "La catedral de los negros" es un conjunto de voces, una suma de testimonios, un texto teatral, las respuestas que dan diversas personas a un interrogatorio que se vuelve un puzzle de declaraciones que hace que el lector arme la historia.

M.G.:
La novela tiene mucho de soliloquios, de personas que están hablando consigo mismas, y también de testimonio, incluso de que pueden estar prestando declaración en la Policía. Es una novela armada como un policial, con muchos fragmentos de diferentes hechos. Incluso, aquellos que ya están muertos tienen una voz en la novela, quizá le estén rindiendo cuentas a Dios, o quizá forman parte de la corriente de la conciencia de aquellos que los evocan. Al ser "La catedral de los negros" una novela coral, aparecen diversas voces que tienen el lenguaje de un barrio cubano, algunas procaces, algunas poéticas, algunas meramente informativas. Quizá la estructura de esta novela es la falta de una estructura tradicional, la falta de la focalización en un narrador. El narrador es múltiple. Y para eso hay una renuncia a la verosimilitud. La verosimilitud se la logra porque lo que se narra puede ser real. Por ejemplo, uno de los personajes habla de cómo lo van a matar en Estados Unidos en la cámara de gas. En ese momento es imposible que le esté rindiendo testimonio a alguien, es un soliloquio. Pero lo que cuenta concluye una parte de la historia.

P.: ¿Por qué dice que "La catedral de los negros" es como una novela policial?

M.G.:
Porque la novela negra hoy no tiene necesidad de un detective, de un investigador, de alguien de la policía. Y en mi novela hay crímenes, robos, enigmas, misterios. Esta todo eso y más, pero a mí me parece que tiene más de tema social que policial. En el siglo XXI hay una declinación de las diferencias de género entre las distintas formas literarias, hay novelas que incluyen poemas o donde el relato toma la forma del poema, del ensayo o de la obra teatral. Hay una pérdida de las fronteras entre los distintos géneros literarios, que antes estaban fuertemente marcadas. Cuando se piensa que mi novela tiene algo de policial es acaso porque se ha dicho que el policial es la épica de la literatura actual, y acaso "La catedral de los negros" tenga algo de épica, aunque de una épica deformada.

P.: Un tema central en su novela pasa por ese hombre, Arturo Stewart, que por la suya se lanza a la utopía de construir una catedral, arrastrando a su familia.

M.G.:
Al ser humano lo mueven los sentimientos de lo heroico y de lo trágico. Aun en la ausencia completa de poder poetizar la realidad se piensa que existe la posibilidad de una vida mejor, más gloriosa, trascendente. En un barrio de Cienfuegos, una ciudad cubana de provincia, donde lo grande está excluido, un fanático religioso que se cree iluminado por Dios se lanza a construir una catedral evangélica que supere todo lo visto en Cuba. Como parte de premisas falsas y de una circunstancia en que siente que se valora, se toma por un gran guerrero, el constructor de un ideal. La novela puede considerarse un reflejo de la época que estamos viviendo, un tiempo en que las mejores intenciones humanas están condenadas a fracasar y a tomar caminos que uno no espera. Lo que el hombre hace tiene un eco en el futuro, pero muchas veces un eco no esperado. Esa catedral en pequeña escala es una prueba de eso. Tratando de construir lo que se considera el bien, con una ingeniera social que arriesga mucho a que las cosas no salgan, termina construyendo una locura, siendo un tremendo desatino, siendo el fracaso de un proyecto demencial.

P.: Pareciera una metáfora que le sirve al pasar para revisar la situación de Cuba, del mismo modo que lo viene haciendo Leonardo Padura.

M.G.:
He leído poco a Padura. Leí con mucho gusto "El hombre que amaba los perros", que me encantó. La situación del país es algo que preocupa mucho al escritor cubano, de Carpentier para acá. Cuba es un país que se ha caracterizado porque los objetivos más bellos de la vida nacional han fracasado de una manera que no se esperaba. La Guerra de la Independencia llevó tanto tiempo que resulta increíble, empezó en 1868 y terminó en 1898, y en vez de ser a partir de allí independiente terminó siendo primero un anexo a los Estados Unidos y luego una república que tenía una Enmienda que permitía la intervención. Son muchos años de frustración. Después, la Revolución Cubana quizá se hizo con los más altos objetivos pero de ella salieron muchas cosas que no fueron buenas, y otras que fueron muy imperfectas. La incapacidad de remontar y lograr otras alturas económicas, sociales, culturales, está muy presa en la memoria del cubano como una frustración, como una tendencia al fracaso.

P.: ¿Cuál considera que es la esencia de su novela, tan variada y múltiple?

M.G.:
Para mí "La catedral de los negros" es una indagación sobre el Mal, y cómo esta gran fuerza que mueve al ser humano va colándose en nosotros sin que nos demos cuenta, y cómo cuando uno tiene el Mal adentro no puede escapar a él, y lo lleva a donde quiera. Es una novela cuyo principal núcleo, que lo mueve todo, es el Mal y su sinónimo: la mentira. Es una novela sobre el mentir y sobre lo que esa mentita hace en lo seres humanos. Una mentira que es lo único que no se menciona en la novela. Una mentira que va más allá de las mentiras que, piadosas o no, a veces nos damos unos a otros en pequeña escala. Trata de la gran mentira ontológica que mueve al mundo. Ese es el centro de la novela, una indagación sobre el Mal y su banalidad. De las historias que se cuentan, donde están los crímenes del Gringo, destacaría la historia de los hermanos Stewart, los parricidas, y lo que pasó en esa familia. Una historia que se cuenta por retazos y el lector tiene que armarla en su cabeza. Esa dramática historia es para mí el eje de la novela.

P.: ¿Cómo es que teniendo una extensa obra literaria, "La catedral de los negros" es la primera novela que se conoce entre nosotros?

M.G.:
Hay un abismo entre los escritores cubanos de adentro y de afuera. Hasta que en 2011 viajé a la República Dominicana no concebía la posibilidad de salir del país. Para lograrlo había que hacer tantos trámites engorrosos, aparte la situación económica del cubano que le hace muy difícil viajar. A pesar de haber publicado bastante en Cuba la mayoría de mi obra no ha salido de allí. Ahora acabo de firmar un contrato con Corregidor para sacar en la Argentina mi última novela "Un extraño pájaro de ala azul", que tiene tal vez un lenguaje más accesible para el lector no cubano, sin perder el colorido y la cadencia del habla popular, esa riqueza que en mis otros libros tienen los modismos regionales.

P.: ¿No se van a publicar en el exterior sus elogiados libros de cuentos?

M.G.:
Ahora se publica en Cuba "Necrofilia", donde reúno mis cuentos fantásticos y espero que ésos se editen en España. Yo comencé a escribir influido sobre todo por Borges, al que leí muy temprano. Recuerdo que no paraban de reclamarme de una Biblioteca el tomo de la Obras Completas con el que yo andaba todo el tiempo. Borges es una cumbre de la literatura del siglo pasado, que no va a pasar de moda porque muchas de las cosas que escribió en cuentos y poesía es de lo mejor que se ha escrito en lengua española. Sus relatos tienen algo fundamental, una tremenda capacidad de asombrarte.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.G.:
Estoy revisando "Un extraño pájaro de ala azul" novela que empecé en Cuba y acabo de terminar. Martí decía que Cuba y Puerto Rico eran las dos alas de un pájaro, acaso porque eran las únicas dos islas del Caribe que pertenecían a España, que hablaban español, que tenían una cultura afín. Es una historia que se desarrolla en la Cuba de antes de 1959 hasta la década de 1990. Ahora que vuelvo a Cuba quizá se me ocurra otra cosa, pero no tengo idea de lo que voy a escribir.

Entrevista de Máximo Soto

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