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Impecable actuación del ballet uruguayo con Bocca a su frente
Fundado en 1935, el Ballet Nacional del Uruguay-Sodre (ahora dirigido por Julio Bocca) es una de las compañías más antiguas de Sudamérica.
Sin entrar en el prejuicio, podría decirse que el público que colmó el martes pasado la sala del Teatro Colón para asistir a la gala del Ballet Nacional del Uruguay-Sodre que dirige Julio Bocca estuvo dividido en dos grandes grupos: el de aquellos que se vieron atraídos por la posibilidad de apreciar las virtudes de esta compañía y por un repertorio exquisito, y en el lado opuesto el de quienes acudieron al llamado del nombre de Bocca y a presenciar su regreso al Colón, sin demasiada noción de lo que habrían de ver (prueba de esto es que la mayor ovación se la llevó la brevísima aparición de Bocca en el saludo final).
Varias figuras de la farándula se congregaron, como Mirtha Legrand, Enrique Pinti y Susana Giménez, a quienes se pudo ver conversando en los palcos para fervoroso regocijo de las personas que los fotografiaron e hicieron de esa "conjunción de estrellas" casi un acontecimiento en sí mismo.
Fundada en 1935, la compañía es una de las más antiguas de Sudamérica, pero desde la incorporación como director artístico del notable ex bailarín ha cobrado un renovado impulso y ha ganado un lugar de excelencia en la región. Tanto la selección de obras aquí exhibida como el alto nivel coreográfico de su realización así lo confirmaron.
William Forsythe, considerado "el más europeo de los coreógrafos norteamericanos", estuvo representado en el inicio con una de sus obras más importantes: "In the middle somewhat elevated" (1987), para nueve bailarines, sobre una base musical de Thom Willens. Se trata de una pieza casi metalingüística de muy difícil realización en la que el énfasis está en el trabajo casi "deconstructivo" del movimiento.
El Ballet Nacional del Uruguay brindó una versión que fue mejorando en ajuste durante su transcurso, con especial lucimiento de Rosina Gil y Fabio Goncalves. Lo clásico tuvo luego un brillante momento en el "Pas d'esclave" de "El corsario" (coreografía de Anna-Marie Holmes según Petipa/Perrot), con dos bailarines sensacionales: María Noel Riccetto y Ciro Tamayo.
"Without Words", pieza del gran Nacho Duato que cerró la primera parte, es un fresco de sobrecogedora belleza que hilvana como su nombre lo indica- canciones de cámara de Franz Schubert pero en versión para cello y piano. El trabajo fue excepcional tanto en el ensamble como en lo individual.
Como cierre Bocca eligió a otro monumental coreógrafo: el checo Jiri Kylián y su pieza sobre la "Sinfonietta" de su compatriota Leos Janacek. Una vez más la compañía plasmó esta explosión de vitalidad y alegría con precisión técnica y entrega.
Lamentablemente algunos espectadores interpretaron el final y su sucesión de saltos con la misma liviandad que una exhibición ecuestre, arruinando con una temprana ovación las últimas imágenes de una obra cuya espectacularidad visual no le resta profundidad.

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