12 de junio 2014 - 00:00

Importancia de agregar valor en producción primaria

La ruleta gira y parecería que en el agro todas las apuestas están apuntando al 16 (más concretamente, a 2016). Hace más de un año, quienes han desarrollado su vida laboral en el agro saben que la no reelección de un Gobierno que echó por tierra una de las mejores décadas en la historia para el agro podría llegar a su fin en diciembre de 2015. Es sabido que aquellos que apuntan a ocupar el sillón de Rivadavia reconocen el rechazo que producen en el sector los slogans como "la redistribución de la riqueza", "asegurar la mesa de los argentinos", "el yuyo llamado soja", "el plan terneros" nunca cobrado, "el plan maíz", menos aún recibido por quienes supusieron que había un beneficio si la producción nacional superaba los 15 millones de toneladas, "Seguro multirriesgo obligatorio del Banco Nación a tasas accesibles para el productor", entre otros.

El juego que vendrá en la producción apunta a esquemas de alta tecnología con especificación en cada una de las áreas. La Argentina quiere competir en las grandes ligas de los países con capacidad de producir alimentos. Están dadas las condiciones ecológicas para estar entre los primeros puestos de la tabla, ya que la diversidad de climas, suelos, la extensión de sus campos, y un productor agropecuario capacitado permiten condiciones poco repetidas en el mapa mundial. Muestra clara de la capacidad emprendedora del productor agropecuario argentino está en el agradecimiento que hoy tienen los uruguayos a un Gobierno argentino que supo ahuyentar hacia sus campos cientos de miles de dólares que dieron como resultado el incremento en más de 1 millón de hectáreas con soja y otros cultivos en menos de diez años.

Ni el más lúcido de los gobernantes podrá desentramar de la noche a la mañana una parafernalia de subsidios sustentados a costa de los dineros generados por las retenciones a las exportaciones y el vergonzoso impuesto al cheque. Es comprensible que esto deberá darse en un espacio que apunte al cero por ciento en el transcurso de los primeros años de gestión. Pero sí, acá se necesita prisa sin pausa, con pasos seguros.

Si el próximo Gobierno ha sabido leer el mensaje de la producción agropecuaria hay posibilidad certera de volver a seducir a grandes inversores, si y sólo si generamos previsibilidad fiscal y jurídica con reglas claras, sin chicanas ni trabas arbitrarias como los ROE (permisos de exportación), entre otros.

El interior del país no deja de asombrar en cuanto a la inmensa cantidad de granos, carne y leche que se puede producir en las grandes extensiones de este país. Es lógico que más de uno vea estas posibilidades con escepticismo cuando en los últimos 10 años se han cerrado más de cien plantas frigoríficas generando el despido de miles de personas que no vieron asegurada su fuente de trabajo.

La fase II, por así llamarla, se refiere al agregado de valor a la producción primaria a través de distintos sistemas de industrialización. Soja en aceite, harina y biodiésel; maíz en aceite, almidones y subproductos; trigo en harinas diferenciadas; carnes con valores nutricionales diferenciados, y así se puede seguir con una larga lista de posibles oportunidades para generar alimentos y productos con valor agregado, en un mundo donde las proyecciones demográficas para los próximos 50 años muestra crecimientos inmensos pero donde lo único que permitirá acompañar este crecimiento ofreciendo alimentos seguros y con calidad será la aplicación de tecnologías de alto nivel científico.

No hay impedimentos ecológicos para producir con la tecnología actual más de 140 millones de toneladas de granos, al igual que tener un stock ganadero con más de 60 millones de cabezas, manteniendo un crecimiento sostenido en la producción porcina y avícola. Hasta será una buena y necesaria alternativa para las grandes empresas la inversión en todo aquello que apoye a la logística de la producción: ferrocarriles, barcazas y sumado a esto la obligación estatal de construir rutas y caminos que permitan el transporte de forma rápida y segura a los centros de procesamiento y a los puertos. No es producto de una imaginación frondosa entender que hay importantes empresas alimenticias argentinas que son miradas con mucho interés por inversores extranjeros de China, India y Medio Oriente. Ellos manejan proyectos a más de veinte años, no están mirando el cortoplasismo que puede ofrecer un mandato presidencial de cuatro años, solo buscan el momento adecuado para entrar al juego. Saben que tenemos agua y suelos con gran capacidad para producir materias primas con moderados costos y con alta eficiencia.

Hoy la ficha está barata para entrar al juego. Luego cuando haya muchos jugadores empresarios y emprendedores que se han ido preparando para esta partida el "precio de la ficha" será más alto. Como dice la gente que opera en las bolsas: "Se compra con el rumor y se vende con la noticia". Entonces, hagan su juego. Muchos esperan que el croupier diga: " Colorado el 16", por no existir el 2016 en el tablero.

(*) Ingeniero en producción agropecuaria. Consultor

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