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Inauguraron festival donde los títeres no son cosa de chicos
Carolina Tejeda: «Jugamos con lo paródico, pero tratamos de no alejarnos de lo verosímil y también de poner en juego nuestro pudor, nuestra sexualidad».
Dialogamos con Carolina Tejeda, destacada actriz de «Harina», «Mujeres en el baño» y «Grabado», e integrante junto a Mayra Carlos, Cecilia Villamil, Sebastián Terragni y Ariel Bottor, del Grupo 69 a la Cabeza. Esta compañía, creada hace seis años, presentará el próximo sábado 26, a las 20 y a las 22 en la Sala Celcit (Moreno 431) su voluptuoso espectáculo «Títeres porno». Se trata de un show con escenas de sexo explícito, protagonizadas por títeres de goma espuma.
Periodista: ¿Algún espectador puede confundirse y llevar a sus hijos?
Carolina Tejeda: Es todo un tema. Tenemos que repetir hasta el cansancio: «¡No traigan chicos!». Nadie nos cree que es realmente porno, hasta que lo ven. Es que hay muy pocos espectáculos de títeres para adultos que realmente nos convoquen como tales. Además, muchos vienen con el prejuicio de que el teatro de títeres es cosa de chicos y que no van a creer nada de lo que vean. Y claro, después vienen las sorpresas, se encuentran con escenas hot que los superan totalmente. Es increíble, pero en la Argentina todavía hay muchos tabúes sexuales.
P.: ¿Cómo llegaron a esta vertiente?
C.T.: Mayra y yo veníamos de trabajar en «Fragmentos de una (H)erótica», aquel mítico festival que organizó la gente de «Babilonia», uno de los espacios más representativos de la escena argentina de los años 90, y de hacer algunos shows erótico-teatrales en bares y restaurantes. Le aclaro que nunca hicimos desnudos, siempre preferimos trabajar con la insinuación y crear situaciones que sean excitantes y a la vez disparen la imaginación. En el año 2000 fuimos convocadas por el director Sergio Rosemblat, hoy residente en España, para el montaje de «12 Polvos, títeres porno» que se estrenó en 2001, en la Sala Belisario, con un gran éxito. Sergio había sido titiritero del Teatro General San Martín y antes de armar el espectáculo nos entrenó en el manejo de títeres a los veinte actores que participamos. De aquella experiencia surgió este grupo.
P.: Aquel espectáculo tenía mucho humor.
C.T.: Este también. Jugamos con lo paródico, pero tratamos de no alejarnos de lo verosímil y también de poner en juego nuestro pudor, nuestra sexualidad. También nosotros nos sorprendemos con las posturas sexuales que adoptan nuestros títeres. «Pero ¿esto es así?» dice uno de nosotros. «¡Así y mucho más!», le contesta otro. Igual, tratamos de no pasarnos de rosca y, sobre todo, nos fijamos mucho en dónde posicionamos a la mujer. Porque su lugar ha sido muy manoseado por la publicidad y la televisión. Cuando una escena nos parece medio machista, debatimos entre todos para resolver si queda o no.
P.: Aquí aparece una cuestión ideológica. ¿También son tan cuidadosos con el universo gay, hoy tan politizado?
C. T.: ¿Cuadros con temática gay? Hoy por hoy sólo tenemos a la pareja Batman y Robin que es una típica fantasía gay. Comparten una escena divertida y también muy «volada». Imagínesé. Son dos superhéroes. A todos los de este grupo nos interesa la temática sexual y todo lo que conlleva. Los títeres no tienen límite, permiten hacer lo que el artista quiere. Eso nos dio una libertad muy grande. Y, después de seis años, seguimos aprehendiéndola y gozándola.
P.: ¿Incluyen conflictos que no tengan que ver exclusivamente con el acto sexual?
C.T.: En los juegos de pareja que creamos puede aparecer algún reclamo de la mujer hacia el hombre o, en el caso de un trío (marido, mujer y plomero, por ejemplo) puede que tambalee la seguridad de ese macho argentino. Como ya le dije, trabajamos mucho con el humor, pero tratando de que no se pierda nunca la carga erótica. Ahora estamos más maduros respecto de nuestra profesión y nuestra sexualidad. Una de las chicas ya fue madre, otro compañero va a ser padre en breve... Vamos camino a otra cosa, a otro lenguaje. Nuestro próximo espectáculo va a ser mucho más teatral.
P.: ¿De qué otra manera se puede atraer al público adulto hacia el teatro de títeres?
C.T.: De muchas. Hay muchos trabajos que logran meterse de lleno en conflictos adultos y hasta en cuestiones políticas, religiosas o de género. Por ejemplo, el trabajo de Carolina Erlich, integrante del Grupo El Bavastel que organiza este Festival junto al CELCIT. Su espectáculo «MatrizKa», que se exhibe el jueves 24 de junio, a las 15 en el Teatro de la USAM, habla de los mandatos femeninos, de la maternidad, de la muerte y otros temas utilizando unas muñecotas tipo mamushkas rusas que tienen una expresividad increíble. Llega un momento en el que el espectador se olvida de que son objetos inanimados. Los que nos dedicamos a este género teatral tenemos que ir a fondo con estos temas para que el público adulto deje de creer que el títere es un juguete inocente que no dice nada.
Entrevista de Patricia Espinosa

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