Inédita crisis migratoria enfrenta a Francia e Italia

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París y Roma - La disputa dentro de la Unión Europea por el ingreso de refugiados norafricanos escaló ayer al forcejeo entre Francia e Italia por el tránsito de un tren en el que se suponía que viajaban inmigrantes tunecinos, que quedó varado varias horas cerca de la frontera.

El servicio, que atraviesa las ciudades fronterizas de Ventimiglia (Liguria) y Menton (Departamento Alpes Marítimos), fue suspendido «a primera hora de la tarde» y reanudado pasadas las 19 locales por decisión del Ministerio del Interior francés, lo que generó una «protesta firme» del Gobierno de Silvio Berlusconi, que viene sosteniendo que Europa dejó solo a su país para hacer frente a la oleada migratoria impulsada por la crisis política y social del norte de África.

Las autoridades francesas decidieron retener un tren ante las sospechas de que en él viajaban desplazados tunecinos, a los que Italia había concedido permisos temporales para viajar a los países del área Schengen de libre circulación, zona que incluye gran parte de los países del oeste de Europa. La medida, ejecutada por la prefectura francesa, seccional Alpes Marítimos, forzó además la suspensión de otras formaciones que debían partir en el mismo sentido.

En el plano formal, el Gobierno francés explicó que la retención del servicio obedeció a un criterio de «orden público» dada una manifestación en la frontera de unas 300 personas, entre inmigrantes y manifestantes que los apoyan. Algunos de ellos, italianos y franceses, tenían previsto subir a un «tren de la dignidad» en Ventimiglia, que partía a las 13.17 locales hacia Niza (sur de Francia), en compañía de tunecinos.

En los últimos días, desde París se aseguró que no es suficiente con tener el permiso expedido por las autoridades italianas para poder circular por el área Schengen, sino que los inmigrantes deben cumplir con otros requisitos, como tener un pasaporte y contar con recursos económicos propios, entre otros.

Ante la decisión del Ejecutivo de Nicolas Sarkozy, el canciller italiano, Franco Frattini, llamó a su embajador en París para pedirle que diera un «paso diplomático» ante el freno unilateral del servicio ferroviario, que consideró «violatorio» de las normas europeas.

El bloqueo de Francia «parece ilegítimo y en clara violación a los principios generales de la Unión Europea», expresó a su vez un comunicado de la Cancillería en Roma.

«Entendemos los temores por los 300 manifestantes antiglobalización, pero los permisos concedidos por Italia a los inmigrantes son válidos y Francia los reconoció», afirmó Frattini.

Protesta

El canciller también ordenó una protesta de parte del cónsul italiano en Niza. «Inicié una investigación de esclarecimiento con Francia, que continuará mañana. Queremos verificar y luego, eventualmente, expresar nuestro malestar», explicó el embajador italiano en París, Giovanni Caracciolo di Vietri.

Caracciolo solicitó precisiones al Ejecutivo francés, al Ministerio del Interior, la Prefectura y la Gendarmería.

Las tensiones entre ambos países aumentan a diez días de la cumbre ítalo-francesa prevista en Roma el 26 de abril, cuando el premier Berlusconi y Sarkozy se verán las caras, ambos envueltos en sus países en una ofensiva antiinmigrantes que sus críticos tachan de xenófoba.

Críticas

El ministro del Interior italiano, Roberto Maroni, habló de una posición francesa «dura, injustificada e incomprensible», y aseguró que su país cumple las reglas. «Hemos dado a los inmigrantes los documentos de viaje y todo lo que se necesita, y la Unión Europea dijo que estamos acorde con las normas Schengen», explicó.

Sobre la reunión Berlusconi-Sarkozy que se celebrará el 26 de este mes, Maroni destacó que servirá para «reanudar las relaciones amigables y resolver la cuestión», luego de varias diferencias en temas financieros, la misión de Libia y la inmigración.

«Ni Italia ni Francia, hasta ahora, han hecho algo ilegal», hizo saber el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, quien admitió sin embargo «el riesgo de que no sea respetado el espíritu del Tratado Schengen, la libre circulación» de las personas.

En total, se calcula que cerca de 30.000 personas del norte de África arribaron en los últimos dos meses a la isla italiana de Lampedusa a bordo de precarias embarcaciones.

Agencias AFP, ANSA y EFE, y Ámbito Financiero

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