El joven soldado, exanalista de inteligencia en Irak, afronta una pena máxima de cadena perpetua en caso de que se lo declare culpable de ayudar al enemigo, el delito más grave que pesa sobre él de entre la veintena de cargos presentados en su contra por el Gobierno estadounidense. La fiscalía defendió ayer su acusación, especialmente el cargo principal, bajo la premisa básica de que Manning era consciente del material que estaba filtrando así como de las manos en las que podía acabar, como por ejemplo Al Qaeda, y que lo hizo por motivos estrictamente personales no para alertar a la opinión pública, como él afirma. "El único ser humano por el que Bradley Manning se preocupaba era él mismo", sostuvo el fiscal militar Ashden Fein.
"Sabía que WikiLeaks y Julián Assange se consideraban a sí mismos la primera organización de inteligencia para el público general", agregó sobre el soldado estadounidense, de 25 años, que filtró 250.000 documentos secretos de los bancos de datos del Ejército hasta su arresto en Irak en 2010.
Durante los dos meses de juicio y casi dos años también de audiencias previas al consejo de guerra que se le sigue a Manning, la defensa afirmó que el joven, si bien admite haber hecho las filtraciones, no lo hizo con la intención de causar daño a Estados Unidos.
Sin embargo, la semana pasada, la jueza Lind rechazó la petición de la defensa de retirar el cargo de ayudar al enemigo al entregar esa información, un hecho destacado ampliamente pues se considera que podría servir de precedente no ya sólo para el futuro del periodismo investigativo, sino también para otros casos de informantes como el del extécnico de los servicios secretos Edward Snowden.
| Agencias DPA y EFE |


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