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Invierno riojano conjuga la aventura con el relax
Las cabalgatas son siempre buena opción cuando se recorre la geografía riojana, sin importar la época del año que se elija.
«La Costa» riojana
A 150 kilómetros al norte de la ciudad de La Rioja, por la Ruta 75, descansan pueblos sumergidos en la quietud. Este corredor, que involucra a ocho establecimientos situados en Sanagasta, Huaco, Agua Blanca, Aminga, Anillaco, Los Molinos, Anjullón, San Pedro y Santa Vera Cruz, es conocido como «La Costa» riojana.
Sin mares o lagos a la vista, aquí la palabra costa significa «costado o al lado de algo» y por ser una sucesión de pueblitos la vera de la Ruta Nacional 45 que bordea las imponentes sierras es que este recorrido ostenta ese nombre.
La mayoría de los pueblos tiene alrededor de 800 habitantes y hay casos como Santa Vera Cruz que no supera los 130 pobladores estables. Viven del cultivo de nogales y olivo, y de la cría de cabras. También, muchos productores dedicados a la vitivinicultura han ideado un nuevo circuito de vinos artesanales. En cada uno de estos pueblos enlazados se pueden degustar los tradicionales vinos caseros que atrapan por el sabor de las cosas «hechas en casa». A la orilla de la montaña se pueden visitar las bodegas artesanales Lomas Blancas, Casa India, San Huberto y Los Navarros, entre otras.
Desafío al viento
En el vértice noreste del mapa de La Rioja, existe un pequeño desierto que se llena de intrépidos deportistas que desafían al viento a toda velocidad. Se trata del valle de El Barreal, que está emplazado en el sudeste del apacible departamento de Arauco. Allí mismo hay un complejo turístico llamado «Vientos del Señor» que dispone de refugios, asadores, hornos de barro, una confitería y una escuelita equipada con carrovelas, kitebuggys y bicicletas. Todas las actividades y el uso de los equipos e instalaciones son gratuitas.
Los vientos constantes de 50 kilómetros por hora, además de permitir practicar deportes de aventura, impulsaron el desarrollo del primer parque eólico de La Rioja. Camino a El Barreal, se encuentra instalado un campo de 12 molinos de viento modernos en el Valle de la Puerta, en el departamento de Arauco, y va camino a consolidarse como el más moderno de la Argentina.
Unos kilómetros más al norte, alejándose un poco de la capital, se levanta el polo olivícola de Aimogasta, cabecera del departamento de Arauco, donde las grandes agroaceituneras viven con emprendimientos familiares, como la fábrica artesanal de la familia Hilal.
Historia y vinos
La gira riojana continúa hacia el centro-norte de la provincia rumbo a la localidad de Chilecito por las rutas nacionales 38 y 74. Allí se puede visitar primero los restos de un cablecarril, una de las obras más largas del mundo, construida a principios de siglo para transportar el mineral desde los socavones de una mina trabajada originariamente por aborígenes hasta la estación del ferrocarril en Chilecito.
Este capítulo del megarrecorrido por la provincia se puede combinar con interesantes visitas por importantes bodegas, como La Riojana y La Puerta, que conjugan la elaboración vitivinícola con la de aceitunas y sus derivados. La Ruta del Vino está integrada por más de 35 bodegas; siendo Chilecito el polo vitivinícola de la provincia, con el 75% de las bodegas.
Asimismo se puede visitar Agroandina, una firma de composición societaria mixta, con presencia mayoritaria del Estado provincial, que acaba de incorporar tecnología de punta y se convierte en la primera empresa argentina que puede envasar sólidos húmedos en formato tetrabrick.
Al rojo vivo
Desde Villa Unión, se puede visitar el Parque Nacional Talampaya y otros destinos de la zona. El Gran Cañón, que es la postal eterna de la provincia,Ciudad Perdida y Circuito Arco Iris son los nombres de los paisajes que forman parte de un territorio de 215 hectáreas separadas solamente por la línea imaginaria que marcan los mapas turísticos. Recorrer esta árida geografía es en sí misma una aventura. Transitarla en su totalidad demanda tres días y todas las excursiones se realizan con guías y acompañados por guardaparques.
El Cañón Arco Iris es bastante diferente a los demás y es otra de las nuevas opciones del parque. En bicicletas, que se alquilan en la intendencia del parque y también, a pie por la quebrada Eduardo, recorriendo los farallones por arriba, es una alternativa que lleva un día entero. Ciudad Perdida es el circuito más extenso del parque. La recorrida dura 4 horas y comienza avanzando por el lecho seco del río Gualo. En una caminata sorteando dunas y pampas se llega a un mirador natural.
Custodios del cielo
El extremo sur riojano es el albergue de docenas de cóndores. A 180 kilómetros de la capital provincial, la quebrada del Cóndor es la morada de 150 cóndores que planean cerca, muy cerca, de los visitantes.
Desde el paraje Tama hay que partir hasta Sierra de los Quinteros y desde ahí, luego de una cabalgata de un par de horas, entre vertientes de agua que se multiplican alimentando un imponente verdor y manantiales que forman quebradas con grandes piletones naturales, se alcanza el peñón rocoso que oficia de mirador para los dueños del lugar.


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