11 de marzo 2009 - 00:00

Irak: recrudece el terror y complica el retiro de EE.UU.

Bagdad - Al menos 40 personas murieron ayer en un atentado suicida contra jefes de tribus y líderes militares iraquíes en el concurrido mercado bagdadí de Abu Ghraib, ex bastión del terrorismo. El golpe fue el segundo de grandes proporciones en tres días, lo que dio pie a alarmadas afirmaciones sobre un retorno de la violencia al país tras un período de relativa calma.
Fuentes oficiales dijeron que la cifra llegaba a 40 muertos y 52 heridos, entre los cuales se encontraban funcionarios, dos periodistas civiles, mujeres y niños en edad escolar. Un oficial de alto rango del Ejército se encontraba entre los muertos.
El alcalde de Abu Ghraib, Shakir Fiza, dijo que un funcionario de alto rango del Ministerio del Interior se dirigía hacia una conferencia de reconciliación tribal en la sede municipal de la localidad cuando salió de su auto y comenzó a conversar con gente en el mercado (ver aparte). «Entonces el atacante se acercó y se inmoló», dijo.
Aunque la violencia en Irak disminuyó drásticamente desde los niveles máximos de enfrentamiento sectario tras la invasión liderada por EE.UU. en marzo de 2003, los insurgentes islamistas siguen llevando a cabo atentados de manera habitual, sobre todo en Mosul, una ciudad especialmente volátil en el norte del país.
La mejora en materia de seguridad animó a los iraquíes a reanudar con cautela una vida normal en Bagdad, aunque en la capital también la violencia sigue presente. El domingo, un suicida que se inmoló causó la muerte de 28 personas e hirió a otras 57 en la principal academia de policía.
«Creemos que estas cosas pasarán de vez en cuando, especialmente cuando hay aperturas políticas que juntan a diferentes partidos», dijo, tratando de llevar calma el portavoz de seguridad Tahseen al-Sheikhli, responsabilizando a grupos de militantes de Al Qaeda o grupos leales al prohibido partido Baath de Sadam Husein por los ataques.
El último atentado se produjo días después de que el presidente de EE.UU., Barack Obama, anunció que reducirá el número de soldados en Irak, que actualmente suman unos 140.000, hasta concluir con la retirada total a finales de 2011, lo que genera dudas sobre si las fuerzas de seguridad iraquíes serán capaces de evitar que el país vuelva a sumergirse en un derramamiento de sangre a gran escala.
La reconciliación entre facciones políticas rivales está resultando incluso más difícil que combatir a los insurgentes. Muchas agrupaciones desconfían unas de otras y permanecen hostiles, seis años después de las matanzas sectarias entre la minoría sunita de Irak, dominante bajo el régimen de Husein, y la mayoría árabe chiita.
El primer ministro Nuri al Maliki, un chiita cuya fortuna política se vio fortalecida recientemente gracias a los resultados en las elecciones locales, reforzó su demanda de reconciliación en los últimos días.
Pero muchos opositores ven esos pedidos como mera retórica y acusan al Gobierno de bloquear la reincorporación de miles de ex miembros del Baas, que fueron expulsados por autoridades estadounidenses en 2003. En un intento por promover sus avances en seguridad, el Gobierno adquirió el hábito de invitar a periodistas a acompañar a funcionarios a recorrer mercados, arsenales de armas, entre otros lugares.
Agencias Reuters, EFE y DPA

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