Guantánamo es cuestión de números y fechas: la cifra de presos que abandonaron el penal creado en la base naval estadounidense en 2002, y los meses que restan para que el presidente estadounidense abandone la Casa Blanca en enero de 2017 y cumpla su promesa de cierre de la prisión heredada de George W. Bush.
Con estas transferencias quedan sólo una veintena de aquellos internos de Guantánamo que están en prisión pero no se presentaron cargos en su contra por lo que recibieron el visto bueno para ser transferidos a un tercer país, ya que el Congreso mantiene su moratoria en las transferencias a territorio estadounidense.
De los 41 restantes, siete tienen cargos en su contra, 17 son los llamados "prisioneros eternos", que son considerados peligrosos, pero sus testimonios están tan marcados por torturas que sus casos no avanzarían en la Justicia ordinaria, y otros 17 que esperan que su caso sea revisado o enviado a las comisiones militares.
El congresista republicano Jeff Duncan, presidente del subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental (América), criticó la decisión "unilateral" del presidente de cerrar el penal. "Es síntoma de una política exterior irresponsable que se convirtió en una amenaza real", dijo.
La Casa Blanca sostiene que la prisión de Guantánamo es un instrumento de reclutamiento yihadista, al servir de ejemplo de detención fuera de los estándares de la Justicia ordinaria.
Puja
Obama, que en lo que va de año redujo la población carcelaria de Guantánamo por debajo del centenar, aún debe convencer al Congreso, de mayoría republicana, de que su cierre es una buena medida para la estrategia de seguridad nacional.
Durante la campaña electoral, los candidatos a sucederlo en la Casa Blanca mostraron posturas contrapuestas sobre la prisión para combatientes de la llamada "Guerra contra el terrorismo".
La candidata demócrata, Hillary Clinton, se inclinó por cerrar la prisión si Obama no consigue transferir a centros penitenciarios estadounidenses a los presos que no pueden, de momento, ser trasladados.
Por su parte, el aspirante republicano, Donald Trump, no sólo abogó por llenar de nuevo las celdas de máxima seguridad de terroristas extranjeros, sino también de sospechosos con nacionalidad estadounidense.
Pese al impulso que han tomado los traslados, cerrar el penal de Guantánamo se convirtió en una de las promesas de Obama más difíciles de cumplir, como muestra el hecho que seis de los quince transferidos llevaban más de seis años con el visto bueno para ser enviados a un tercer país y completar su liberación.
| Agencias EFE, AFP y DPA |


Dejá tu comentario