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“Italianos estaban cansados de palabrería de izquierda”
«Il Cavaliere» vive un momento de esplendor, con el apoyo del 60% de los italianos, y una oposición que agoniza tras la dimisión de Walter Veltroni.
Periodista: Usted siempre se ha declarado un gran defensor del libre mercado y del capitalismo. Ante la grave crisis actual, ¿aún cree que el capitalismo es el sistema económico más adecuado o cree que debe reformarse?
Silvio Berlusconi: El capitalismo sigue siendo el mejor sistema si lo comparamos con aquellos inspirados en la ideología colectivista que han condenado a poblaciones enteras a la miseria y a la falta de libertad. Pero algunas reglas, sobre todo en el campo financiero, deben ser reformadas. No es el capitalismo el que se sienta en el banquillo de los acusados, sino la degeneración de algunos aspectos del libre mercado.
P.: Su popularidad se encuentra en estos momentos a niveles estratosféricos. ¿Por qué cree que lo aman tanto los italianos?
S.B.: Con la crisis actualmente en marcha, disfrutar de una popularidad de entre el 64% y el 73% me resulta francamente embarazoso. ¡Sólo puede disminuir! Los italianos han entendido que esta crisis es global, que no es responsabilidad del Gobierno. Confían en mí porque era el más popular y envidiado empresario italiano y lo dejé todo para poner a disposición de mi país y de mis conciudadanos mi experiencia y mis capacidades. Estaban cansados de la palabrería de la izquierda, querían hechos.
P.: El actual es el primer Parlamento italiano después de la II Guerra Mundial en el que no se sienta ni un solo comunista. ¿Cómo interpreta un hombre de derecha la crisis de la izquierda italiana?
S.B.: Siento tener que corregirla. Yo no soy un hombre de derecha. El motivo del amplio consenso del que disfruto en Italia es que las viejas ideologías ya no cuentan. Hemos sido nosotros los que hemos iniciado las reformas para cambiar Italia con uno de los programas sociales entre los más avanzados. La izquierda todavía está sujeta al chantaje del fanatismo medioambientalista. Habría seguido perdiendo un tiempo precioso antes de ocuparse de la política energética del país. Bajo el chantaje de los poderes locales, no habría podido nunca resolver el problema de la basura. Bajo el chantaje de las minorías sindicales, no habría aceptado nunca que se aplicase el criterio de la meritocracia en la administración pública y en la educación. Además, dividida como está en su interior prácticamente en todo, la izquierda nunca habría tenido la valentía de asumir decisiones importantes sobre asuntos cruciales.
P.: Ha mandado a casa a siete líderes del centroizquierda. ¿Quién cree que podría estar a la altura de desempeñar el papel de jefe de la oposición?
S.B.: No siete, ocho. No se olvide de Renato Soru, líder in pectore del Partido Demócrata, candidato a gobernar Cerdeña y aspirante a líder del PD, a quien hemos derrotado en las recientes elecciones regionales. El Partido Democrático ha elegido un nuevo secretario general...
P.: Una de las primeras leyes aprobadas por su Gobierno ha sido el llamado Lodo Alfano, una norma que concede inmunidad judicial a los cuatro principales representantes del Estado italiano. ¿No cree que como primer ministro debería dar ejemplo y ser el primero en someterse a la Justicia?
S.B.: La ley a la que se refiere nació de una necesidad indicada por el propio Tribunal Constitucional italiano: la necesidad de permitir a los más altos cargos del Estado de llevar a cabo su mandato con plenitud y serenidad.
En Italia, el principio del proceso justo prevé la plena participación del encausado en las audiencias. En un proceso que dura dos o tres años, con dos o tres audiencias a la semana, es prácticamente imposible para quienes desempeñan altas y exigentes funciones institucionales participar y defenderse. El mecanismo de inmunidad es bien conocido en otros países. Por desgracia, una parte de la Magistratura italiana está politizada y ha usado y usa su poder como arma de lucha política contra sus adversarios, en particular contra el único político que puede imponerse a la izquierda. Los jueces politizados han intentado incluso invertir el resultado del voto democrático, lográndolo en 1994 con una acusación de la que naturalmente luego me absolvieron de manera plena tras 10 años de procesos. Le recuerdo sólo algunos datos: entre 1994 y 2006, 789 magistrados se han ocupado de Silvio Berlusconi con investigaciones y juicios que se han traducido en 587 visitas de la Policía Judicial o de la Guardia de Finanzas y en 2.500 audiencias, ¡todo un récord mundial! Conclusión: siempre he sido declarado inocente, porque afortunadamente los jueces imparciales todavía son la mayoría.


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