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Jamiroquai brindó una potente performance
Más allá del sorprendente disfraz del cantante Jay Kay (parecido al del indio de Village People), Jamiroquai ofreció un contundente recital en el Quilmes Rock.
Luego de que Dante Spinetta pusiera en precalentamiento al público que casi llenaba el estadio GEBA, el estadio terminó de llenarse y salió a escena Jamiroquai. Para decepción de algunos fans locales ya preparados para imitar los antiguos gorritos excéntricos del líder de la banda top del funky inglés, el cantante Jay Kay apareció con un atuendo totalmente revolucionario. Era un disfraz de cacique psicodélico coronado con las típicas plumas de los pieles rojas, sin dudas más ecológico que los sombreros de pieles de otrora, pero riesgosamente parecido al look del indio de los Village People. Más allá del look y cierta indiferencia inicial de buena parte de las cerca de 25 mil personas que llenaban la sucursal Jorge Newbery del Club Gimnasia y Esgrima, a los 15 minutos de empezado el concierto, ya sonaba el superhit «Cosmic Girl» y la gente empezaba a mover el esqueleto seriamente.
El grupo sonaba sólido, sin fisuras, aunque con un estilo más cercano al funky pop cuasi electrónico de la primera época de Jamiroquai, sin llegar nunca a los picos de jams casi jazzísticos que disfrutó el público argentino hace unos años (ésta es la cuarta visita de la banda).
Con una puesta bastante convencional (una pantalla al fondo del escenario lanzaba imágenes tecno-alucinógenas de relativa originalidad) y un sonido técnicamente excelente pero no tan alto como algunos miembros del público hubieran querido, Jay Kay cantó todos los grandes hits del gupo y algunos temas nuevos sin parar de moverse y bailar, ni detenerse en diálogos innecesarios con sus fans, que sin duda disfrutaron de ajustadas versiones de clásicos como «Space Cowboy», «Canned Heat» y «Travelling without moving», sólo para mencionar los momentos culminantes de esta contundente performance de una banda compuesta por una docena de miembros, entre los músicos (con solos memorables del guitarrista Rob Harris y el aporte esencial del tecladista Matt Johnson), los cantantes del coro y una memorable sección de vientos. Fueron un par de horas de muy buena música en una de las más organizadas, cómodas y amables ediciones del Quilmes Rock.

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