15 de junio 2012 - 00:00

Javier Ruibal: “Soy andaluz, y lo ejerzo”

Javier Ruibal: «Intento amigarme con el público para que el concierto se parezca más a una fiesta que a una ceremonia excesivamente sobria».
Javier Ruibal: «Intento amigarme con el público para que el concierto se parezca más a una fiesta que a una ceremonia excesivamente sobria».
Andaluz de Cádiz, Javier Ruibal tuvo una presencia fuerte en nuestro país años atrás y hacía más de una década que no andaba por aquí. Sus últimos discos son «Lo que me dice tu boca», que tiene unos cuantos años, y «Sueños», con nuevas versiones de sus temas con orquesta sinfónica. Hoy arrancará con su larga gira argentina y la cerrará el 2 de julio en Boris Club de Buenos Aires. En el medio, pasará por Maipú, Rosario, el hall del Teatro San Martín, Mar del Plata, Neuquén, Bariloche y La Plata. Dialogamos con él.

Periodista: Hacía mucho que no venía a la Argentina. ¿A qué se debió tanta demora?

Javier Ruibal: No siempre se consigue con facilidad lo que se pretende. Siempre estuve deseando regresar y tengo la intención de hacerlo de una forma natural, como si me hubiese ido ayer y hoy volviera. Pero veremos si es posible.

P: ¿Cómo describiría la música que hace?

J.R.: Mi trabajo compositivo incorpora toda materia que me lleve al bienestar. Propongo una música para el placer: aromática, hipnótica, sensual en el relato y en la armonía. No es la cuestión si se es o no original; el caso es que sea el resultado de intentar el trazo propio sobre el lienzo en blanco de cada día.

P: ¿De dónde viene entonces su placer por lo español más tradicional en su música?

J.R.: Es que soy andaluz y ejerzo. Cádiz, mi tierra, es la puerta del Mediterráneo, el puerto europeo más inmediato con África que fue, por avatares del descubrimiento, también el puerto principal del contacto con América Latina. Así que soy hijo de mil sangres y heredero de mil músicas; soy fronterizo, con todo lo que eso conlleva. Ando buscando una sonoridad que enlace viejos y nuevos tiempos, algo así como un hilo que ensarte la larga melodía de nuestra historia. Poniéndonos exquisitos, otra explicación seria que me dedico a componer canciones con su pequeño relato y su estribillo, que intentan llegar a emocionar al oyente y, si es el caso, hacerlos bailar. Creo que fue Juan Luis Guerra que dijo algo parecido a «cantar para llegar al cerebro y a los pies» o era...»y a las caderas»...

P: ¿Qué lo lleva a ser un invitado permanente en discos y conciertos de otros artistas?

J.R.: Normalmente uno es llamado por el amigo más que por el artista y eso es lo que me anima a compartir con ellos. Se trata de algo más entrañable que otra cosa. Entonces por la vía del afecto salen cosas realmente hermosas y sorprendentes. Sólo por eso ya merece la pena involucrarse. Creo que ellos piensan lo mismo cuando los invito yo. Hay algo nada estratégico en las colaboraciones que las convierte en altamente emotivas y apetecibles.

P: ¿A quiénes considera sus referentes o colegas admirados?

J.R.: Lo han sido muchos y cada uno por su gracia especial. Creo que con dar la lista serà suficiente Lennon, McCartney, Hendrix, Dylan, Cohen, Feliciano, Santana, Miles Davis, Paco de Lucia, Camarón, Serrat, Milanés, Piazzolla, Metheny, Sting. ¿Se va usted haciendo una idea?

P: ¿Y en particular, cuál es su interés por los músicos de América Latina?

J.R.: La poesía, la música, la literatura el teatro y el cine latinoamericanos siempre me llamaron la atención. La complicidad se establece rápido con otros que como yo andan buscándose en los ecos de las melodías y las palabras. Lo de ser andaluz ayuda porque la misma forma relajada de pronunciar nos hace ser los españoles, sociológicamente hablando, más cercanos a ustedes.

P: Aunque aquí se ha conocido recientemente su álbum «Lo que me dice tu boca» hay un trabajo posterior, «Sueños». ¿De qué se trata ese disco?

J.R.: Es un concierto grabado en directo con la Orquesta Sinfónica de Córdoba, con arreglos de Javier López de Guereña y dirección de Oliver Díaz. Guereña ya había arreglado el disco anterior pero en este hace toda una relectura de mi música envolviéndola en una orquestación que evoca a los impresionistas españoles Falla, Turina y Albéniz. Está concebido como una obra de principio a fin más que como un concierto de los míos habituales. Creo que hemos dejado ahí un testimonio musical de calado, mucho más por sus arreglos que por mis canciones.

P.: Su presencia en la Argentina incluirá varias actuaciones, aun en algunos sitios más chicos.

J.R.: No hay lugares pequeños o grandes; lo que ocurra en ellos los volverá descomunales o ínfimos. Intento amigarme con el público para que el concierto se parezca más a una fiesta que a una ceremonia excesivamente sobria. La cercanía no es solo un asunto relacionado con las dimensiones del lugar, depende del público y de mí, ese es el estímulo para ir a todos los sitios con el mismo buen ánimo.

Entrevista de Ricardo Salton

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