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Jorge Luz: el humor tiene un grande menos
Luz hizo radio, imitaciones, drama, cine, revista, varieté, musicales, sainete, zarzuela, opereta, ópera, teatro clásico y TV. «Sólo me falta domar leones», dijo una vez.
Pocos tan agudos como él para captar al argentino típico y en especial a las mujeres de barrio, y pocos tan desfachatados para representarlas. Cuando nadie se animaba, salvo para carnavales, Jorge Luz ya se disfrazaba de mujer en las películas de Los Grandes del Buen Humor y hasta en las fiestas del Día del Trabajador en la Plaza de Mayo, bajo la mirada del propio general Perón. Ni qué hablar de sus dos personajes más famosos, doña Etelvina Lapizlazuli viuda de Menéndez Pareti, y doña Porota Donatusso de Caccopardo, la vieja chusma del programa «La Tota y la Porota». El público actual lo registra apenas por eso pero, a lo largo de 78 años de carrera, él también hizo radioteatro, imitaciones de cantantes, dramas, cine, teatro de revistas, varieté, comedias musicales, sainetes, zarzuelas, operetas, dos óperas, teatro clásico, televisión, etc. «Lo único que me falta es domar leones», resumía.
Hijo menor de una gallega que se vino a los 12 años y un químico industrial portugués, Jorge Luz nació como Oscar Jorge Da Lus Borbón el 8 de mayo de 1922 en Empalme San Vicente, hoy Alejandro Korn. «En verano, para bañarnos, íbamos a la laguna La Bellaca o a una zanja honda. Salíamos con olor a barro podrido, pero felices». Con el tiempo fueron a parar a un conventillo de Chiclana y Pavón. «Pero como yo era chico, no sufría».
Bien educado, empezó la secundaria en el Industrial Otto Krause. Una vez imitó al director y éste lo pescó. «Me llamó a la dirección. Me dijo: Usté es un iyespetuoso. Era sanjuanino. Iyespetuoso. Pero le voy a decir otya cosa. Usté sirve para artista.» Su hermana Aída Luz ya estaba haciendo radioteatro. Ella lo hizo entrar a Radio Argentina, como suplente de un actor de reparto. Chiquilín de 14 años, debía hacer de «polecía» en un drama criollo. «Saqué un vozarrón no sé de dónde, grité ¡Entregate, Juan Cuello! y me contrataron».
Largó el Industrial, actuó allí con Aída, Malvina Pastorino, Eva Duarte, se especializó en comedias, incursionó en el cine y. en 1948. halló la fórmula del éxito junto a Guillermo Rico, Rafael Carret, Juan Carlos Cambón y Zelmar Gueñol: Los Cinco Grandes del Buen Humor, un grupo disparatado que hizo varias temporadas en Radio Splendid y el primitivo Canal 7 (donde él imitaba a la esposa de Jean Cartier), aunque a cierta altura la muerte del Flaco Cambón les obligó a quitar la palabra Cinco. Hicieron también una docena de películas inocentes, felices, de las que sobresalen «Locuras, tiros y mambos», «Africa ríe» y «El satélite chiflado», que fue la última, ya en 1956.
En 1957 Cecilio Madanes lo incorporó al Teatro Caminito, donde interpretó obras de Goldoni, Lorca, Nalé Roxlo y otros autores de prestigio. Viéndolo protagonizar «Los enredos de Scapin», de Molière, el famoso director Julien Duvivier declaró públicamente «La actuación de Jorge Luz es magistral. Muy superior a todos los Scapin que yo he presenciado, incluido el de Jean Louis Barrault, miembro de la Comedie Francaise».
Artista pleno, autodidacta y chispeante, Jorge Luz llegó a lucirse en obras tan disímiles como el café concert «Ambar, Luz y Sombra», el drama «La noche de la iguana», el ciclo «El humor de Niní Marshall» (su gran amiga) y la opera de Donizetti «La hija del regimiento», donde se tomó la libertad de «morcillear» con gran estilo en el papel de la duquesa de Crankentorp. «De pronto, como Donizetti es el mismo autor de Lucia de Lammermoor, yo empezaba a hacer la escena de la locura. Después miraba al maestro y le decía: Maestro, me equivoqué de ópera».
En cine terminó dirigido por Luis Puenzo, María Luisa Bemberg, Eduardo Mignogna y Mario Sabato (una gozosa escena como acomodador de cine en «India Pravile»). Pero su gran momento fue en la extraña comedia melancólica de Victor Dinenzon «Abierto de 18 a 24», que le valió el premio de mejor actor en el Festival de Huelva, Allí, en cierto momento, Jorge Luz encarnaba a una vieja bailarina representando «La muerte del cisne» con un patetismo impresionante. Bailaba en puntas de pie como corresponde, y ya tenía 66 años.
Ya en este siglo, y mientras mantenía sus presentaciones matutinas por Radio Nacional (en el programa «Núcleo duro» de Mona Moncalvillo), comenzaron los homenajes. El de Amigos del Teatro Cervantes, junto a su hermana, el Cóndor de Cronistas a la Trayectoria, el Konex, el María Guerrero, la declaración de Ciudadano Ilustre, El ACE de Oro, etc., etc. Pero su hermana murió en el 2006, y, aunque lo disimulara («No vas a estar con el cuchillo clavado todo el tiempo, si uno se aferra a las tristezas ya no vive») empezó a declinar. Hace dos semanas fue internado en el Sanatorio de la Providencia, barrio de Balvanera, por una seria afección pulmonar. Por la Providencia, precisamente, ahí tuvo una alegría: justo internaron también a Guillermo Rico, otro de Los Grandes del Buen Humor. De mensaje en mensaje, ya estaban pidiendo que los pusieran en una misma habitación cuando lo traicionó una recaida.


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