Ortega y Gasset dijo que la prosa de Azorín sacaba primores de lo vulgar. Del "Josefa" de Rodolfo Terragno se puede afirmar que extrae primores de lo trivial. En su brillante biografía de María Josefa Morales de los Ríos, la "amiga secreta" de San Martín, logra con vestigios perdidos en el follaje del tiempo, casi de las entrelíneas, una construcción historiográfica ejemplar. Nada le hizo mejor a la historiografía criolla que la frase de Félix Luna "Todo es historia", pero nada le hizo peor que polígrafos y entretenedores creyeran, así, que cualquiera podía ser historiador.
Terragno muestra que se puede investigar historia sin robarle a otros, sin ser anacronista o usurpar crónicas de antaño para el proselitismo de hogaño. Importa afirmar este aporte higiénico que le sirve Terragno a la disciplina porque él es además un político, oficio de librepensadores que lo permite y avala todo, y tampoco es un científico de la disciplina, a la que llega desde el periodismo y el ensayo político.
Funciona bien el relato sobre "Josefa" además por la estructura narrativa: el autor cuenta la biografía, reflexiona sobre el sentido de la relación entre el personaje y San Martín, y engarza el cuento en una interpretación histórica, pero al mismo tiempo informa al lector de cómo elaboró el libro. Cuenta cómo compró una carta de San Martín que destaca a Josefa como "su mujer", cómo encontró algunas briznas sobre ella en el libro de Damián Hudson "Recuerdos históricos de la provincia de Cuyo", y el tránsito planetario detrás de archivos en América y España para rescatar a sus personajes pero, más importante, darles sentido para una mirada sobre el tiempo en que vivieron.
Terragno completa con el libro obras mayores como el "Diario íntimo de San Martín: La misión de Londres" y "Maitland & San Martín" pero la manera como presenta la trama de Josefa y San Martín se pone a la altura de esas obras.
La aspiración de innovar en la escritura tiene también valor en el libro, presentado al lector con la austeridad de una minuta que huye de la lexis clásica del recitativo historiográfico y de la erudición redundante, tan habitual en otros. Desmaleza los hechos y huye de la demagogia expresiva: habría sido más rentable mostrar a Josefa como la amante del Libertador -dice que no puede probarlo, pero quien quiera creelo que lo haga-, y prefiere ubicarla como una figura excepcional por los hechos que protagonizó como espía de las juntas de Buenos Aires en Cuyo, y del propio San Martín en los tiempos previos al cruce de los Andes rumbo a Perú.
Como toda obra bien hecha alimentará a otras porque "Josefa" tiene también el carácter de un archivo de nuevas posibilidades interpretativas y de nuevas investigaciones. En suma, un libro de méritos notables que, con poco, deja fuera de juego a quienes ejercen hoy los géneros de la historia que demanda el público.
Otrosí: a los mendocinos les va a fascinar porque cultiva el narcisismo que los caracteriza como habitantes del oasis cuando alguien dice que es un lugar elegido en el plan cósmico (en este caso para la liberación del continente, según adelantó Terragno en "Maitling"). Trata de innovar en la escritura - y lo logra - para hacerla ágil, un tópico del autor que llegó a publicar notas impresas al revés para llamar a la lectura. Vale los $ 190 que cuesta. Le va a ir bien y con el tiempo será una referencia en la escritura de la historia.
| Ignacio Zuleta |



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