26 de mayo 2014 - 12:43

Jóvenes, trabajo y sociedad

Jóvenes, trabajo y sociedad
Es claro que una tendencia mundial es la falta de trabajo en los jóvenes, quienes representan el 17% de la población global y el 40% de los desempleados. Informes de la OIT revelan que el desempleo es 3 veces mayor en ellos que en los adultos. En la Argentina, el 24% tiene un trabajo precario, el 20% temporal y sólo un 33% cuenta con empleo formal.
Desde hace años, la generación y su relación con la dimensión laboral desvela a las empresas. Los jóvenes demandan flexibilidad, autonomía, capacidad de desarrollo, valores acordes a la subjetividad del ser, líderes inspiradores, comportamientos socialmente responsables, tiempo para sus propios deseos, y bienestar emocional, entre otros. Esto, además de aceptar que la volatilidad y el deseo de exploración y construcción de nuevas experiencias atentan contra la permanencia en un lugar de trabajo, lo cual resulta paradójico frente a las dificultades de encontrar empleos formales.
Nuestra investigación sobre jóvenes en situación de integración social precaria demuestra que para ellos las capacidades de elección y sus deseos se ven opacados y frustrados. La carencia de capital cultural por el abandono escolar fundamentalmente por falta de incentivos familiares, necesidades económicas y la propia calidad educativa, direcciona la empleabilidad hacia trabajos de baja calificación.
Pero la mayor barrera para estos jóvenes está dada por la propia identidad personal y social, lo que Goffman denomina el estigma social. A las carencias de capital económico y cultural, se agrega la falta de capital simbólico que a su vez les impide proyectar el futuro. El día a día es la constante y en un extremo prima la lógica del "cazador" en un modelo mental de supervivencia. Sin contar los efectos agravados por el narcotráfico que construye el imaginario de los "atajos" y produce daños en los valores sociales y en la vida de las personas.
¿Cómo atacar estas carencias? Lo primero es reconocer que para tender puentes de integración es necesario derribar barreras estigmatizantes sobre el otro para transformarlo en prójimo. Luego reconstruir autoestima y capital simbólico en los jóvenes para que puedan desarrollarse. En lo que respecta a la continuidad escolar los ejemplos de contenidos vocacionales y duales en empresas, promovidos por políticas públicas, han dado resultado vinculando colegios medios con empresas y sus necesidades.
En la Argentina, entre varias empresas estamos llevando adelante un proyecto para promover centros para la exportación de conocimiento y servicios profesionales. Ello puede resultar en una muy buena oportunidad para potenciar el empleo joven y, en el caso de los que están en situación de pobreza, apalancado con programas de entrenamiento y tecnicaturas coordinadas con la Universidad y con ciertas políticas públicas que faciliten los procesos de contratación y costos asociados. Para abordar esta problemática necesitamos involucrarnos.
Está en nuestra subjetividad la libertad para definir el propósito y sentido. Podemos elegir entre las explicaciones generativas de contextos de aprendizaje haciéndonos cargo del problema, o el camino de las explicaciones justificativas del afuera. En un caso, el costo será la responsabilidad asumida. En el otro será nuestro reconocimiento de impotencia e incompetencia, asumiendo el rol de víctimas.

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