3 de noviembre 2010 - 00:00

Julia Navarro: crónica de un siglo de crueldad no anunciada

Julia Navarro: «Escribir es un trabajo, por tanto no espero que venga la inspiración. Me levanto a las cuatro de la mañana y sigo hasta las ocho de la noche».
Julia Navarro: «Escribir es un trabajo, por tanto no espero que venga la inspiración. Me levanto a las cuatro de la mañana y sigo hasta las ocho de la noche».
La escritora española Julia Navarro comenzó publicando como periodista libros de análisis histórico-político, hasta que una noticia de una investigación arqueológica la llevó a escribir «La hermandad de la Sábana Santa», y se convirtió en autora de best sellers, algo que ratificó con sus novelas siguientes «La Biblia de barro» y «La sangre de los inocentes». Libros que llevan venidos más de 3 millones de ejemplares y han sido traducidos a 30 idiomas. En su nueva novela, «Dime quién soy», publicado por Plaza & Janés, investigar acerca de la vida de una mujer le permite hacer un recorrido por las pasiones, guerras, aventuras y totalitarismos que dominaron el siglo XX. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cuál fue la búsqueda que encaró con su novela «Dime quien soy»?

Julia Navarro: Busqué hacer un retrato de parte del siglo XX, que es el siglo más convulso, y en el que, con las dos guerras mundiales, más se ha matado en la historia de la humanidad. Sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, que fue especialmente terrible y cruenta. «Dime quién soy» es un viaje a través de acontecimientos como la Guerra Civil Española, los años duros del franquismo, el nazismo, la Guerra Fría. Es una novela contra cualquier totalitarismo.

P.: Y para ese retrato histórico sigue el recorrido de la historia de una mujer.

J.N.: Utilizo la historia de 6 hombres cuyas vidas confluyen en una mujer. Es una novela coral, de personajes, de muchos personajes, que giran en torno a Amelia, que es burguesa y revolucionaria, esposa y amante.

P.: Y en el recorrido de Amalia Garayoa todas las estaciones son hombres.

J.N.: Son 6 hombres muy distintos, que nunca se tendrían que haber encontrado pero que terminan encontrándose a través de la relación que cada uno tiene con Amelia. Su bisnieto, que cuenta su historia. Su marido, un joven empresario republicano que es victima de la Guerra Civil. Pierre, un revolucionario francés lleno del idealismo que tenían mucho jóvenes en aquella época. Albert, un periodista estadounidense, enamorado de aquella Europa de entreguerras; capaz de ver que la política de apaciguamiento con Hitler no iba a conducir a nada que no fuera al desastre. Y Max, el personaje más controvertido, el más difícil, el que más me ha costado dibujar porque es un oficial prusiano que está en contra del nazismo y, sin embargo, es incapaz de oponerse con la fuerza suficiente a lo que le toca vivir. Termina siendo miembro del ejército de Hitler, y victima de la tragedia que significó el nacional socialismo.

P.: Para construir ese personaje, ¿pensó en el escritor Ernst Jünger?

J.N.: No, pensé en gente que fue incapaz de escapar a lo que le rodea. Las fuerzas de las circunstancias les puede, y romper con eso es complicado. Es lo que le pasa a Max, que termina siendo un personaje absolutamente trágico.

P.: Ese personaje es la contrapartida de Pierre, el primer amante de Amalia, un militante comunista que debe enfrentarse a la ferocidad del stalinismo.

J.M.: Por Pierre siento una cierta simpatía porque pienso en lo que fueron los primeros años del siglo XX, cuando triunfa la revolución comunista, donde el mundo era terriblemente injusto. Ahora tenemos libertades y derechos que a comienzo del siglo pasado no existían, de manera que era comprensible que muchos jóvenes ingresaran en esa causa con la posibilidad de construir un mundo más igualitario, más justo. Lo que pasa es que la realidad truncó sus sueños. Stalin fue un monstruo que devoró esa revolución. Amalia que vive un período en la Moscú de Stalin denuncia lo que significó ese régimen brutal. El mío es un libro contra cualquier dictadura, contra cualquier atisbo de ideología que termine con la libertad.

P.: Al mismo tiempo la de Amalia es una historia sentimental.

J.N.: Amalia es un personaje controvertido, lleno de ideales, que está en una permanente fuga hacia delante.

P.: Y una mujer que deja a su marido y a su hijo, se va con su amante francés, anda por el mundo con otros hombres.

J.N.: Es una mujer que pertenece a la burguesía acomodada y tiene acceso a la cultura y al mundo de las ideas, que tiene un matrimonio convencional, se enamora de un revolucionario y, a partir de ahí, su vida se trunca, y a partir de ahí va de equivocación en equivocación con un fuerte sentido de la conciencia. Nunca pierde el sentido de lo que está bien y lo que está mal. Y a lo largo de su vida va pagando los errores que va cometiendo continuamente. En el fondo también es un personaje trágico.

P.: Usted venia escribiendo novelas que tuvieron gran éxito de ventas, que jugaban con misterios como la «sábana santa» o los mas antiguos registros de la Biblia, más lejanos en el tiempo, si bien jugaban con una ficción histórica.

J.N.: Este libro es un punto y aparte respecto de mis novelas anteriores. Es muchísimo más personal. Es el comienzo de una nueva manera de contar historias. Siempre jugué con elementos históricos, del pasado más lejano, mezclados con temas de actualidad. En «la Biblia de barro» era, también, contra la Guerra de Irak. «La sangre de los inocentes», que era contra el fanatismo, me la inspiró los atentados contra las Torres Gemelas, y el que sufrimos en Madrid por parte de fanáticos islamistas. Eran novelas donde el tema de actualidad me servía para remontarme al pasado. «Dime quién soy» es una novela contemporánea ,y para mí era un reto porque significaba hablar de la Guerra Civil, de los años del franquismo, que tiene mucho que ver con mi memoria familiar. No la historia de Amelia, pero si el entorno del tipo de familia que describo.

P.: De todos los personajes de su novela, ¿hay alguno con el que se haya identificado?

J.N.: Siento una inmensa ternura por Guillermo, el narrador de la historia, porque en él he querido retratar la situación de muchos periodistas jóvenes a los que en España llamamos «mileuristas», porque no llegan a ganar mil euros. Es gente que tiene una precariedad laboral enorme. Están muy preparados, y sin embargo están condenados al desempleo, o a tener empleos esporádicos. En el caso de Guillermo, a pesar de los problemas no se quiebra, no se vende. Tiene principios y los mantiene hasta el final. En un universo donde se tiene que estar de un lado u otro, donde se exige una fidelidad perruna, Guillermo aspira a contar las cosas como son, molesten a quien molesten o gusten a quien gusten.

P.: ¿Por qué Amelia se pasea por medio mundo, hasta llega a venir a Buenos Aires?

J.N.: Porque tengo un sentido global. En un mundo tan internacional como el que vivimos no me terminan de gustar las historias muy locales. Me importa tanto lo cercano como lo que esta a 10 mil kilómetros. Yo cuento historias que transcurren en este mundo globalizado en que nos ha tocado vivir.

P.: ¿Cuánto le llevó escribir las 1.100 páginas de su novela?

J.N.: Más de 2 años y medio. Soy muy metódica y disciplinada. Me levanto a las 4 de la mañana y escribo hasta las 8, y por la tarde vuelvo a sentarme frente a la computadora. Escribir es un trabajo, por tanto no espero que venga la inspiración. Lo que me pasa cuando termino una novela es que acabo pensando que mis personajes son personas reales y a veces creo que me los cruzo por la calle.

P.: En España se ha dado el caso de muchos periodistas que como usted pasan a la literatura como Juan Manuel Prada, Francisco Umbral,o Arturo Pérez-Reverte.

J.N.: Con éste último coincidimos trabajando en el diario «Pueblo» durante muchos años. Él era un reportero de guerra valiente y calificado. No diría que es un salto natural pasar del periodismo a escribir novelas, pero tampoco es un salto en el vacío. Cuando me preguntan, ¿cuál es la clave para llegar a tantos lectores? Les digo que el hecho de ser periodista me ayuda a contar historias porque en nuestras crónicas tenemos que escribir dirigiéndonos a todo tipo de lectores, de oyentes, de televidentes, y por tanto tenemos que utilizar un lenguaje que sea accesible a todo el mundo. Claro, hay que enfrentar la desconfianza de los críticos hacia los libros que se venden mucho. Piensan que cuando un libro se convierte en fenómeno de masas no puede ser bueno. Un prejuicio absurdo, porque hay en eso algo absolutamente democrático, son los lectores los que eligen. Se puede hacer la mejor campaña de publicidad, pero si a los lectores un libro nos les gusta no lo van a comprar. Hay libros que se venden, y se venden mucho, y son buenos, como «El nombre de la rosa», «Memorias de Adriano» o «Cien años de soledad»; y hay libros malos que se venden mucho; y también hay los que no se venden nada y son malos o buenos. El que un libro se venda mucho no es sinónimo de nada, sólo de que ha sabido conectar con los lectores.

P.: ¿Ya está trabajando en una nueva novela?

J.N.: Antes de sentarme a escribir tengo que tener la obra escrita en la cabeza. Siempre protejo la superstición de que ni siquiera mi editor sepa de qué va mi nuevo libro.

Entrevista de Máximo Soto

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