3 de junio 2009 - 00:00

“Julio Cortázar es una enciclopedia donde están lo más alto y lo más bajo”

Carles Álvarez Garriga y Aurora Bernardez, primera esposa y albacea de Julio Cortázar.
Carles Álvarez Garriga y Aurora Bernardez, primera esposa y albacea de Julio Cortázar.
El libro «Papeles inesperados», que reúne textos inéditos de Julio Cortázar, a 25 años de su muerte, y está entre los primeros puestos de la lista de los más vendidos, muestra la vigencia del gran escritor argentino. Seleccionarlos fue un trabajo realizado durante años entre Aurora Bernárdez, primera esposa y albacea de Cortázar, y el filólogo catalán Carles Álvarez Garriga, con el cual dialogamos en su visita a Buenos Aires.

Periodista: En su prólogo a «Papeles inesperados» usted recuerda una cita humorística de Cortázar sobre los prólogos.

Carles Álvarez Garriga: Dice: «El prefacio es lo que el autor escribe después, el editor publica antes y los lectores no leen ni antes ni después», a lo que agrego: aún así, o quizá por ello mismo, éste es un buen lugar para explicar de qué modo surgen las inesperadas 450 páginas de «Papeles inesperados». Esa frase la pone Cortázar en el prólogo de un libro no suyo, no recuerda de quién era. Mucho tiempo me pasé buscando de quién era esa cita. Aurora Bernárdez me dijo: «yo no lo sé, preguntémosle a Alberto Mangel, si Mangel no lo sabe, no lo sabe nadie». Mangel no lo sabía. Un día me presentaron a Mangel, y yo le dije; soy el que busca el dueño de esa cita, y lo he encontrado, es de Dino Segre, que firmaba Pitigrilli. Mangel me dijo: «me das una alegría porque llevaba meses angustiado con el enigma».

P.: Esa cita señala un rasgo de Cortázar, no sólo sabía de Poe o Proust sino también de un escritor menor como Pitigrilli.

C.A.G.: La explicación que me doy es que Pitigrilli escribió en «La Nación» de los años 40 a 60, y que Cortázar lo leyó en un suelto y le quedó en la memoria. Además él era un lector empedernido y sin límites, por eso es un guía. Lo que cita es siempre de enorme interés, si uno coincide con él. Cita lo más exquisito y lo más convencional, en ese sentido es posmoderno muy joven, es un precursor. Rompe con esa cultura argentina de los años 50, donde hay una gran cultura y una cultura popular. Él muy pronto se interesa por Roberto Arlt y por Borges a la vez. Y eso lo incorpora a su narrativa muy pronto, a partir de su segundo libro de cuentos. Cortázar es una enciclopedia donde está lo más alto y lo más bajo.

P.: ¿Qué sintió cuando Aurora Bernárdez lo invitó a ver papeles inéditos del autor de «Rayuela»?

C.A.G.: Yo era un loco de la obra de Cortázar. Había hecho una tesis doctoral sobre él. Llevaba doce años coleccionando papeles, leyendo todo lo que había en la Universidad de Barcelona, miles de revistas en las que buscaba en los índices si había algo que no había sido registrado. Pero en la cómoda que me hizo abrir Aurora había cosas que ni él podía sospechar. Lo primero fue estupefacción: cómo estaba eso ahí, sin protección técnica, si hay una inundación o un incendio ¡qué le parece lo que perdemos!. Eso convenció a Aurora de que era el momento de poner manos a la obra, ver qué había en esa montaña de papeles.

P.: ¿Sospechó que había un libro inédito de 450 páginas con cuentos, ensayos, fragmentos de novelas, misceláneas?

C.A.G.: De esa cómoda provienen 350 páginas, las restantes las encontramos en otras partes. Muchas de las notas que escribió y entrevistas que dio no tuvo tiempo de recogerlos en libros. El hizo algunas recolecciones en «La vuelta al día en 80 mundos», «Ultimo round», «Territorios», «Nicaragua» y «Argentina». Pero muere inesperadamente en 1984. Sabía que estaba enfermo, pero no la gravedad de su enfermedad. De vivir 10 años más hubiera dicho: voy a hacer un libro reuniendo papeles diversos.

P.: A Cortázar lo afectó mucho la muerte de Carol Dunlop.

C.A.G.: Tremendamente. En las cartas, tras la muerte de Carol, dice a cada rato: «estoy perdido», «estoy en un pozo», «no puedo salir». Y por eso hace un viaje muy temerario a Nicaragua, cruzando una frontera donde está la milicia, cree que ya no va a volver, que su vida ya no es nada, además está muy enfermo.

P.: Hay dos hipótesis sobre la enfermedad que lo lleva a la muerte: que murió de sida y que murió de leucemia.

C.A.G.: La del sida es verosímil pero falsa. Es verdad que tuvo una transfusión masiva, la historia clínica está documentada. Se acaban de publicar en España unas cartas donde Carol Dunlop le cuenta a la traductora serbia que Julio tiene leucemia, que está tocado de muerte, pero que hicieron un pacto con Aurora Bernárdez de no decírselo, porque si lo sabe no va a durar, y mientras no lo sepa vivirá.

P.: ¿Cómo se eligió el material a publicar?

C.A.G.: La selección la hizo Aurora, que por disposición testamentaria tiene la potestad de decir este texto sí, éste no. Yo la ayudé en el ordenamiento, en darle al libro un esqueleto, ahora pienso que acaso no era necesario, que se podía haber publicado desordenadamente y que cada uno lo leyera como quisiera. Pero pensamos que debía tener por lo menos una guía temática, cronológica, para ordenarlo un poco. Pero es un libro que se puede leer como se lee «Rayuela», saltando.

P.: ¿Cuál fue la ordenación?

C.A.G.: Primero de géneros, se puso primero la prosa, luego la poesía, las auto entrevistas, y los Textos Inclasificables. En la prosa, la narrativa por un lado y por otro el periodismo. En la narrativa: las Historias de Cronopios desconocidas, los fragmentos de «Un tal Lucas», los relatos inéditos.

P.: ¿Qué textos le sorprendieron?

C.A.G.: Un cuento juvenil como «Los gatos» muestra que Cortázar era muy reconcentrado, luego cambió. Era apasionado y ardiente en sus ideas, pero nunca contaba nada personal. Tenía una vida mental muy intensa, y en ese cuento se ve muy bien. Hay un trasunto incestuoso que puede explicar otros relatos donde está ese tema. La relación técnica de «Los gatos» no está muy lograda, el salto de un narrador a otro no alcanzó la perfección de «La señorita Cora», donde ya domina perfectamente esa técnica. Creo que no publicó ese relato porque aún no lo había resuelto. Aurora lo publica porque permite al lector ver cómo se está formando el escritor, cómo esta hallando su voz.

P.: Solía decir que dejaba cuentos sin resolver para que un día el final fuera a su encuentro.

C.A.G.: De «El perseguidor», cuando tenía 20 páginas, las guardó en un cajón, y pasaron meses hasta que dijo ya, y escribió el resto de un tirón. Tiene dos tipos de cuentos, y creo que los más brillantes son los que decía que le caían a la cabeza como cocos. «Casa tomada», él se levanta en medio de la noche, después de una pesadilla, y lo escribe por entero.

P.: ¿Qué relato de los ahora editados es su preferido?

C.A.G.: «Manuscrito hallado junto a una mano», un cuento muy cómico, con un final muy sorprendente. En realidad, me gustan todos. Unos no me parecen tan buenos, pero me gustan porque explican la prehistoria de Cortázar, que siempre es fascinante. Otros me interesan menos, como los de política, pero está esa prosa envolvente, siempre con algo brillante. En «Chile, otra versión del infierno» dice: «Hubo un tiempo en que me hubiera preocupado repetirme y que la originalidad me parecía un sine qua non del trabajo intelectual, hoy vuelvo una y otra vez a los temas políticos porque es una necesidad». Eso me parece de una honestidad intelectual a la que muchos no se hubieran atrevido. El consigue su voz propia con «Bestiario», a los 37 años, porque su libro anterior, publicado póstumamente, «La otra orilla» se ve que es un ejercicio. En un momento se da cuenta de que tiene que hacer suyo el lenguaje familiar, el de la calle. Eso, frente al magisterio indiscutible de Borges, que siempre reconoció, marca una distancia.

P.: ¿Quedan aún materiales inéditos?

C.A.G.: Muy pocos. Prácticamente restos. Hay algunos textos acabados, pero que son alternativas. Tiene que escribir un artículo para un periódico francés y para uno mexicano, y hace dos versiones sobre el mismo tema. En esos casos Aurora Bernárdez ha elegido el que le pareció mejor. Lo que decidió no publicar en ningún caso son los textos que son borradores. Hay sólo uno de ellos que se ha publicado y es ese en que dice que va a escribir un prólogo a los cuentos de Carol Dunlop porque le permitirá revivir su vida con «la Osita». Ese texto es de una intensidad emocional tal que no podía perderse.

P.: ¿Por qué hay que leer «Papeles inesperados»?

C.A.G.: A los cortazarianos no hay que explicárselo. Lo único decirles que no lo lean muy de prisa, que nos ha llevado muchos años llegar a otro libro de Cortázar. Y para un lector común, que es una vía de entrada a un gigantesco escritor, pero que no es una obligación, y que acaso hay libros de Cortázar que son más adecuados como «Rayuela» o «Historia de Cronopios» o los cuentos, éste es un libro de fragmentos.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario