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Julio fue de fiesta, pero están los “peros”

La explicación a todo esto corre por distintos carriles. En primer lugar, es indiscutible el efecto de los balances del último trimestre, mayoritariamente con resultados por encima (10%) de lo previsto por los analistas. Tenemos luego las apuestas a favor de la recuperación económica, con la revisión sobre el PBI que se conoció el viernes como un claro ejemplo. El problema es que si bien es indiscutible que en algún momento se sale de la recesión -aunque más no sea por la propia dinámica de los procesos económicos- todavía no tenemos señales claras en este sentido (es cierto que el PBI decreció menos de lo esperado, pero esto fue merced a la liquidación de inventarios y al brutal crecimiento de los ahorros personales -u$s 140.000 millones en el trimestre-). Más importante que lo anterior puede que sea el efecto del aluvión de fondos que inyectó el Gobierno para salvar la pata financiera de la crisis, y que busca desesperadamente donde conseguir ganancias de corto plazo. Esto es lo que mejor explica por qué, mientras el Dow trepó en el año un 4,5% y el Russell 2000, un 11,46%, el precio del cobre voló un 88,42% y el del petróleo, un 62,92% mientras el oro avanza un magro 8,49%. Finalmente, está la propia reestructuración del sistema, que merece un comentario aparte.

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