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KIRCHNER, A ECUADOR DETRÁS DE UN CARGO
La cita, esta tarde a las 16.30, de Álvaro Uribe con Cristina de Kirchner en Casa Rosada, abordará ese asunto junto a la argumentación del colombiano sobre la dudosa inocuidad de que tropas de EE.UU. usen, como refugio y centro de operaciones, bases militares en Colombia.
El comportamiento de Uribe, de trato amable con Cristina, en el capítulo UNASUR es primordial. Al margen del rechazo manifiesto de Uruguay, sólo Colombia y Perú expresaron reservas sobre una nominación forzada, sin unanimidad, en la jefatura de ese órgano continental.
Uribe -que inició ayer una gira regional para explicar su pacto con Barack Obama- avisó que no estará el lunes en Quito, cuando además de jurar por otro mandato, Rafael Correa reciba -con un delay de tres meses: debió ser en abril- la presidencia pro témpore de la UNASUR de parte de Michelle Bachelet.
La chilena, con disgusto, no pudo encaminar como pretendía el organismo. Correa, patrocinador de la postulación de Kirchner, quiere hacerlo en sus primeros minutos al frente de éste. La oportunidad, que supone perfecta, es el lunes durante el encuentro en Quito.
Por eso, en las últimas semanas, envió a su canciller, Fander Falconí, a una reservada gira por los países latinoamericanos. Contó con un asistente argentino: el embajador en Quito, Carlos Piñeiro, viejo conocido de Correa, con quien compartió aulas -como docente- en Ecuador.
El oficio de «punteros» continentales de Kirchner recayó en Jorge Taiana, y su jefe de Gabinete, Agustín Colombo Sierra, sumó subrepticiamente al vicecanciller Victorio Tachetti y al embajador. La inconfesable diplomacia informal la digitó un experto en suburbios: el críptico Rafael Folonier, funcionario de la Unidad Presidente.
El recuento que se le maileó en las últimas horas al ex presidente arriesga que, además de la Argentina, están asegurados para la elección de Kirchner los votos de Ecuador, Chile, Paraguay, Bolivia -que desactivó la postulación de Pablo Solón-, Brasil y Venezuela.
El uruguayo Tabaré Vázquez anticipó, hace tiempo, su negativa mientras que Colombia y el Perú de Alan García están en una situación ambigua: prefieren que la jefatura se designe por unanimidad pero, con reservas, terminarían por aceptar la proclamación del patagónico.
Hay, sin embargo, matices. Uribe prefiere a cualquier delegado en tanto no tribute a Correa, Evo Morales o Hugo Chávez, a los que considera hostiles. Alan García, en tanto, avisó que «a pesar del destrato» de los Kirchner, en honor a la histórica relación entre Perú y la Argentina, levantará la mano por el argentino.
El inquilino de Olivos podría, con razón, sospechar de esos pronósticos. El 28 de junio confió en los augurios de sus punteros, y ese atardecer de domingo arrastró a su esposa al Intercontinental confiado en un triunfo que 5 horas después resignó ante la TV.
Al deseo se interponen dos interrogantes. Todavía no está subsanado el debate teórico sobre si el «consenso» que fija la normativa de UNASUR para designar a su secretario general supone mayoría o unanimidad.
Correa, on line con Buenos Aires y Santiago de Chile, con el OK desapasionado de Brasilia, propone plantear una votación a mano alzada. En esa instancia, Kirchner lograría, como mínimo, siete sobre doce. Guyana y Surinam, miembros 11 y 12 de la UNASUR, engordarían esa mayoría.


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