14 de mayo 2009 - 00:00

Kirchner-Scioli, con PJ disidente como ‘‘enemigo’’

En diciembre, Néstor Kirchner usó el Teatro Argentino para un fallido relanzamiento de la Concertación Plural. Hoy vuelve para lanzarse como candidato del PJ.
En diciembre, Néstor Kirchner usó el Teatro Argentino para un fallido relanzamiento de la Concertación Plural. Hoy vuelve para lanzarse como candidato del PJ.
Como una fotocopia de sí mismo, el kirchnerismo repetirá modismos, figuras y escenarios: con Néstor Kirchner y Daniel Scioli candidatos a dúo como en 2003, y en el Teatro Argentino como en 2005 y 2007, entrará en la pendiente de una campaña con aroma terminal.

Pura cábala. El show del desfile de candidatos aterrizará, otra vez, en el coliseo platense, con gobernadores -unos pocos- en el palco VIP, ministros y mirones, más la presencia inevitable de Cristina de Kirchner, esta vez -a diferencia de las últimas dos elecciones- sin postulación.

El peronismo, ya casi totalidad del kirchnerismo, desplegará sus mejores ropas: mística, iconografía, candidatos leales y multitudes en la calle. No en vano, en la mala hora, Kirchner se recostó sobre un partido que en sus 4 años como presidente ignoró.

Toda una paradoja: a pe-sar de su regreso al peronismo, que sepultó el proyecto movimientista transversal, a Kirchner lo desafía una versión disidente del PJ que se perfila, a pesar de la negativa K, como el mayor peligro electoral para el Gobierno.

Se sabe en Olivos y en

La Plata. La acechanza tiene nombre y apellido: Francisco de Narváez. Por eso, lineal, Scioli se viste de pronosticador para anunciar que el acuerdo entre la Coalición Cívica y la UCR será, en Buenos Aires, la segunda fuerza.

A pesar de eso, cerca del gobernador, sonríen frente a una encuesta que le otorga 14 puntos de ventaja a la dupla Kirchner-Scioli por sobre De Narváez-Solá. «Y es el mismo encuestador que hace un tiempo nos daba casi en paridad», abundan.

Todo, a partir de ahí, son interrogantes. «¿Cómo, De Narváez, puede obtener el 30% de los votos?», se preguntan, con fines logísticos. Equivale, casi, a 2,5 millones de votos, cerca del triple de lo que obtuvo en la elección de 2007, como gobernador, cuando arañó el millón de votos.

El planeta K superó, sin daños mayores, el cierre de listas. Algunos caciques -sobre todo de la Tercera- y algunos grupos, como el MUP de Federico Martelli que hasta el lunes reportaba a Oscar Parrilli, quedaron heridos y furiosos luego de la inscripción de candidatos.

Corridas

¿Puede haber más fugas? No se descarta, pero, lo que parece inevitable, es que algunos directamente se corran de la campaña. Un caso: Parrilli pidió una campaña por Kirchner en La Plata. «Que la haga Remo Carlotto que va como candidato», le soplaron al oído.

Doble enojo despertó Luis D'Elía: porque al ubicar a su esposa, forzó el corrimiento de candidatos territoriales, y en paralelo porque las tribus aplicadas, que se guardan su rebeldía, interpretaron que para conseguir cargos hay que criticar a Kirchner. A D'Elía le funcionó.

A pesar de esos revuelos, Kirchner mostrará al grueso de la tropa fiel, más los ministros flanqueando a Cristina de Kirchner, la cúpula de la CGT -que cobró bien en el cierre- y un puñado de gobernadores que pidieron participar del acto de lanzamiento, entre ellos el entrerriano Sergio Urribarri y el chaqueño Jorge Capitanich.

Otros, como Carlos Heller, fueron incluidos en la nómina para reforzar su identificación con los Kirchner. Alguien supondrá que, para un candidato porteño, eso es bueno. Lo mismo ocurrirá con Agustín Rossi y otros candidatos de provincias del interior.

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