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La Argentina, castigada por naturaleza embravecida
Torrenciales lluvias ayer en Capital y alrededores.
La diversidad de climas, regiones y condiciones geográficas de la Argentina matizó ayer un escenario de múltiples implicancias. En rigor, la caída de granizo en la región de Cuyo provocó graves pérdidas en las zonas de cosechas, mientras que el tornado en Villegas obligó a motorizar un diagrama de asistencia financiera de emergencia para morigerar el impacto en viviendas, rutas y sembradíos.
Todo sucede cuando aún la región bonaerense no termina de recuperarse del gravísimo suceso en San Antonio de Areco, donde el desborde del río homónimo sepultó uno de los puntos turísticos y productivos más importantes de la provincia.
Lo de ayer no fue sólo una coincidencia de sucesos. Fue la sucesión de cataclismos derivados, quizás, de las agobiantes jornadas de calor que se instalaron desde hace casi un mes en diversas zonas del país.
En cuanto a los sismos, nadie parece recordar -al menos en el corto plazo- tantas marcas en menos de 30 días. El sacudón de la víspera tuvo una intensidad de 4.7 en la escala de Richter. Se sintió en La Rioja sin que se reportaran daños materiales ni víctimas, y tuvo su epicentro en la provincia de San Luis.
De no ser porque desde el 17 de enero se han registrado más de una decena de movimientos, el de ayer hubiera sido apenas un dato aislado en la cosmografía de la región.
Es cierto también que desde el dramático terremoto de Haití la preocupación ha ido in crescendo. A pocas horas de aquel feroz cimbronazo que sepultó a miles de haitianos, un temblor de 6.3 grados en la escala de Richter se produjo a unos 350 kilómetros de la ciudad de Ushuaia, en el océano Atlántico. Aunque rápidamente los científicos descartaron la posibilidad de que se produzca un tsunami, el hecho generó preocupación en las autoridades de Tierra del Fuego debido a la falta de prevención en materia antisísmica que tiene la isla.
Desde entonces hubo otros diez movimientos sísmicos de mediana intensidad en la zona cordillerana del país, que los investigadores insisten en atribuir aún a «condiciones normales» de la geografía.
La caída de granizo en el este de Mendoza fue inclemente. Las piedras llegaron a pesar casi un kilo y provocaron estragos en las zonas cultivadas del Valle de Uco, fundamentalmente.
El intendente del departamento mendocino de Rivadavia, Gerardo del Río, aseguró que «cayó piedra en seco del tamaño de una naranja» y agregó que numerosas familias debieron ser asistidas «con nylon, frazadas y colchones», ya que la piedra «agujereó techos completos» y destruyó tanques de agua.
Un panorama idéntico se registró en San Juan, aunque el meteoro no llegó a dañar los cultivos pero sí castigó varias viviendas del precario Gran San Juan.
Hacia el sur del país, mientras las altas temperaturas no daban tregua en la mayor parte de las provincias, la ciudad de Bariloche pareció retrotraerse a épocas invernales, con una intensa nevada que cubrió de blanco el emblemático cerro Catedral.
En Salta, las fuertes tormentas provocaron una serie de derrumbes y desbordes de arroyos que derivaron en la interrupción del tránsito en la Ruta Nacional 40, entre la localidad de La Poma y el empalme de la Ruta Nacional 51, en el norte de la provincia, por continuos aluviones.
Así, de norte a sur y de este a oeste, la Argentina vivenció ayer lo que muchos expertos y estudiosos del clima dicen que es apenas una muestra de lo que en poco tiempo se convertirá en una amenaza cotidiana.



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