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‘‘La baja de costos hará crecer la producción de maíz’’
La campaña que culmina en la Argentina fue muy complicada para el cereal. El área sembrada cayó un 25% debido a la sequía, la caída de la economía mundial y los conflictos políticos internos.
De acuerdo con un estudio realizado por el Departamento de Estudios Económicos de la Universidad Católica Argentina, la concreción de este plan implicaría la creación de casi 2 millones de nuevos puestos de trabajo en los próximos diez años, considerando los empleos directos e indirectos.
Sin embargo, la clave para incrementar la participación de los productos de la cadena del maíz en el mercado global está en el desarrollo de acuerdos estratégicos junto al sector público. El funcionamiento de los mercados de futuros y a término, su transparencia y la necesidad de lograr que los precios externos no afecten los costos de la canasta familiar son algunos de los desafíos a enfrentar hoy por nuestro país.
La formación de precio en forma transparente estimula las inversiones ya que genera un horizonte previsible tanto al productor como a los proveedores de insumos. Un precio cierto estimula la financiación de insumos al productor, los contratos de canje y la prefinanciación de exportaciones, otorgando liquidez a la cadena de producción e incentivando el uso de las tecnologías disponibles. Además, permite el correcto funcionamiento de los mercados de futuros, que son esenciales para acotar el riesgo de variaciones en los precios en los distintos eslabones de la cadena agropecuaria.
Otro tema que hay que tener en cuenta son las mayores necesidades de maíz para suplementación de los rodeos a causa de la sequía.
La mayor demanda podría promover un aumento de los precios internos, sobre todo a medida que se aleje la cosecha, independientemente del valor de los precios internacionales.
El papel del productor agropecuario es crucial en la estrategia de desarrollo de esta cadena de valor. Ha sido la figura clave en la adopción continua de nuevas tecnologías en todas las áreas: siembra directa, biotecnología, fertilización, maquinaria agrícola, etc. Su rol no se limita a sembrar y cosechar un cultivo, sino que también estuvo históricamente involucrado con la transformación de forrajes en carne, leche, cerdos, pollos, huevos, lana y otros productos de mayor valor agregado que llegan a mercados diversos aumentando el nivel de empleo y de inversión en el interior del país.
En el escenario mundial, el sector agropecuario y el productor en particular están adquiriendo un protagonismo cada vez mayor en la generación de agroenergías, industria que aún está un poco relegada en nuestro país, pero que sin duda es central para el futuro.
Necesitamos incentivar una agricultura de mayor volumen que nos asegure la sustentabilidad en el largo plazo. La agricultura es un proceso continuo y todas las actividades que realizamos tienen impacto tanto en los resultados inmediatos como en las campañas subsiguientes. Esto nos obliga a optimizar el uso de los recursos disponibles, buscando la mejor combinación que nos permita obtener el máximo beneficio sustentable en el tiempo. Esto no implica una mayor utilización de insumos, sino su uso racional, buscando maximizar la sinergia entre ellos. En este objetivo el maíz es un cultivo clave, debemos incorporar más maíz a la actual rotación de cultivos, maximizando, de esta manera, los rindes de todos los cultivos como consecuencia del cuidado de los suelos.
En el caso de la soja, nuestro cultivo principal, se han reportado importantes incrementos en los rendimientos cuando es sembrada en un lote proveniente de maíz (12%-19%), variando entre años y zonas, con total consistencia entre los distintos investigadores. Si bien la respuesta al antecesor maíz es muy significativa, es en los ambientes con deficiencia de agua más marcada donde se encuentran las mayores diferencias a favor de los lotes provenientes de maíz, verificándose incrementos superiores al 15%. Esto demuestra que en estos ambientes es donde se obtiene el mayor beneficio por la utilización de las tecnologías disponibles: mitigación del estrés.
En los últimos 30 años, el incremento en los rendimientos fue del 45% para la soja y del 110% para el maíz, gracias a que los esfuerzos de los investigadores fueron direccionados a que el cultivo de maíz sea más estable ante situaciones de estrés, lográndose entre la genética, las prácticas agrícolas y la biotecnología, un salto importante, tanto en rendimiento como en estabilidad. Así, las condiciones ambientales de la campaña pasada permitieron replantear el concepto de mayor estabilidad de la soja con respecto al maíz, dado que el maíz presentó mejor respuesta ante condiciones de estrés.
El crecimiento de la producción de maíz beneficiaría no sólo a los integrantes de su cadena de valor, sino a todo el país. Pero alcanzar los objetivos de largo plazo es una tarea que requiere sinergia entre todos los actores del sector privado y de un Estado que actúe como motor de las iniciativas privadas, con políticas que incentiven la producción.
Las bases están dadas: contamos con los mejores suelos, los productores más eficientes del mundo, la tecnología más avanzada, y un gran impulso industrial y comercial. Todo está listo para multiplicar el negocio actual, nosotros tenemos hoy la responsabilidad de construir este camino y transitarlo hasta alcanzar nuestra meta.
(*) Presidente de la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (MAIZAR).


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