18 de junio 2012 - 00:00

La Capilla del Sol: un viaje al barroco latinoamericano

La Capilla del Sol en el Teatro Colón hizo una reconstrucción musical de una ceremonia de vísperas de la fiesta de San Ignacio de Loyola en las misiones jesuíticas de Bolivia en 1750.
La Capilla del Sol en el Teatro Colón hizo una reconstrucción musical de una ceremonia de vísperas de la fiesta de San Ignacio de Loyola en las misiones jesuíticas de Bolivia en 1750.
Con el concierto del domingo 10 en el ciclo «Intérpretes argentinos» en el Teatro Colón, la Capilla del Sol, ensamble con instrumentos de época residente del Museo de Arte Hispanoamericano «Isaac Fernández Blanco», dio un paso trascendente en su historia. Bajo la guía del músico, periodista y especialista en comunicación visual Ramiro Albino, quien viene profundizando en este repertorio desde hace largo tiempo, el grupo llevó adelante una reconstrucción musical de lo que pudo haber sido una ceremonia de vísperas de la fiesta de San Ignacio de Loyola en las misiones jesuíticas de Bolivia alrededor de 1750. Dialogamos con Albino:

Periodista: ¿Cómo y cuándo surgió su interés por el barroco americano?

Ramiro Albino: Desde la adolescencia. Mis profesores del colegio hacían permanente hincapié en temas relacionados a nuestro continente, y yo me lamentaba porque pensaba que la música que me gustaba, la del Renacimiento y Barroco, sólo tenía exponentes europeos. Hasta que me contaron de la existencia de música en las misiones del Paraguay, y eso me dio una gran esperanza; soñaba con encontrar, descubrir o poder acceder a algo de esa música. Ahí comenzó un largo camino de búsqueda desordenada, de estudio, viajes, cursos, clases.

P.: ¿Cuáles son los criterios según los cuales fueron reconstruidas las Vísperas ignacianas que interpretaron en el Colón?

R.A.: A diferencia de la realidad de las iglesias citadinas, en las misiones no existía la figura del «maestro de capilla», un funcionario que trabajaba componiendo y dirigiendo las funciones musicales. En cada misión había un archivo, donde se iba depositando música que traían los jesuitas, que mandaban a pedir a Europa, o que les enviaban desde otras misiones o ciudades americanas. Por ejemplo, la música de Zipoli fue escrita en Córdoba y copiada y enviada a los centros de misión. Con ese corpus de partituras se nutría de música a todas las celebraciones del año. Con la expulsión de los jesuitas en 1767 muchos archivos desaparecieron y algunos pocos se conservaron. Estos últimos están bien preservados en archivos, y hay musicólogos que transcribieron y publicaron el repertorio. Gracias a eso se conocen las obras y con ese material, igual que se hacía hace doscientos cincuenta años, los directores armamos nuestros programas.

P.: ¿Qué sentimientos le suscitó interpretar esta música en el Colón?

R.A.: Sentí una gran alegría y un inmenso orgullo al ver que mi proyecto que ha crecido con tanto esfuerzo pudo llegar hasta el Colón, que tiene algo de Rey Midas con todos los que pasan por su escenario. Mi grupo tuvo la fortuna de ser el que llevó al Barroco Americano al principal escenario de la Argentina, es casi un galardón, que compartimos con otros ensambles de la Argentina y el mundo que se han dedicado con tesón y profesionalismo al rescate de nuestro pasado musical. Después de este concierto buena parte del público argentino cambiará su mirada hacia el repertorio, y conocerá el trabajo de mi conjunto. Eso es invalorable.

P.: ¿La dinámica de trabajo de la Capilla difiere en algo de la de otros grupos de su especie?

R.A.: Para nada. Es como el trabajo de casi todos los grupos de música antigua, que ensayan exclusivamente para los proyectos. Sería ideal tener un sueldo y un horario de ensayo y trabajo. Mientras que lo seguimos ansiando nos reunimos las semanas previas al concierto o gira y ensayamos de modo intensivo. No es lo ideal, pero resulta.

P.: ¿Percibe cierta resistencia del gran público argentino a este repertorio?

R.A.: Hay quienes creen que el repertorio misional es «amateur», porque ha sido muy manoseado por ensambles no profesionales, ya que en apariencia es más fácil que otras composiciones de la misma época.

P.: ¿Cuánto del corpus musical del barroco americano está aún por ser descubierto?

R.A.: Felizmente no lo sabemos. Las partituras pueden aparecer en cualquier momento y lugar: una iglesia abandonada, un museo, alguna colección particular, una biblioteca de pueblo, etcétera. El asunto es bastante aleatorio, y entonces se celebra especialmente el momento en el que algo «nuevo» aparece a la luz.

Entrevista de Margarita Pollini

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