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La cara de un político puede definir elección
La neurociencia estudia el sistema nervioso para entender el comportamiento del hombre. Su impacto se halla en campos tan diferentes como el de la filosofía, la economía, la educación, el derecho y la política. El estudio del «cerebro político» llevó a esta disciplina a plantearse un interrogante: ¿Qué es lo que motiva a una persona a decidir su voto? Bien lo ejemplificaron con una investigación realizada por
el Massachusetts Institue of Technology, donde se tomó a un grupo de votantes, se les mostró la imagen de dos candidatos que no conocían y sus reacciones arrojaron el siguiente resultado: el candidato más competente era el que presentaba atributos más atractivos y proyectaba una imagen de mayor madurez.
«La toma de decisiones no es un proceso lógico ni computacional, el hombre está guiado por las emociones. El voto político no escapa de cómo el cerebro toma decisiones de forma automática e inconsciente», planteó el director del INECO, Facundo Manes, al iniciar la presentación. Recalcó que el cerebro humano es la estructura más compleja que se posee. «Inconscientemente uno ve una cara, el cerebro ya sabe si nos gusta o no y le asocia una apariencia positiva o negativa», sostuvo Manes.
Según Alex Todorov, existen dos modos de tomar decisiones: uno racional, y otro de manera heurística, donde predomina un pensamiento lateral, creativo, indirecto. «El modo racional sería mirar cuál es el partido político, cuáles son sus ideas y características. Sin embargo, esto no es lo que hace la mayoría de los votantes. La decisión está más guiada por una percepción espontánea, no racional», opinó el científico.
Según Adolphs, en un rostro se pueden percibir cientos de emociones. La percepción humana es capaz de entender si un actor está mintiendo o no, prestándoles especial atención a los gestos producidos por los músculos de la cara. «Muchas expresiones faciales son señales contextuales. Los gestos y el tono de la voz determinan si dicen la verdad o están simulando», sostuvo el científico.
Además, explicó que hay una región del cerebro que asigna valor a los rostros y otra región que incorpora información e intenta ejercer control.
Por último, plantearon la existencia de una neuroeconomía. «Hoy tomamos mejores decisiones económicas que hace una década», opinó Manes. «Existe un marco matemático tomado de la economía para entender los rostros», concluyó Adolph. Este mecanismo permite procesar las apariencias de tal manera que las hipótesis planteadas por la neurociencia confirman que a veces «la imagen dice más que mil palabras».


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