7 de enero 2010 - 00:00

La CIA sólo garantiza papelones

Washington - El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ni siquiera intenta disimular su enfado. Sus labios prietos hablan rápido, disparan como una metralleta. Es la segunda vez en una semana que comparece ante las cámaras por los graves errores de sus agentes del servicio secreto. Y precisamente ahí donde se le puede hacer más daño, en el «frente terrorista». Un año después de su llegada a la Casa Blanca, la realidad ha acabado acorralándolo.

«Lo tenemos que hacer mejor, lo vamos a hacer mejor y lo tenemos que hacer rápido. La vida de estadounidenses depende de ello», dijo. Son palabras duras que salieron de su boca tras la «cumbre de seguridad». Cada frase era una bofetada en la cara del jefe de los servicios secretos.

Algunas fuentes internas señalaron que en las salas a prueba de escuchas en la Casa Blanca, Obama fue al grano con los responsables y empleó un lenguaje mucho más duro. El presidente sabe que el «frente terrorista» es su talón de Aquiles. La responsabilidad de la seguridad de los estadounidenses no está en otras manos que en las suyas como comandante en jefe.

Y es que, en realidad, la dimensión de los errores de la CIA causa perplejidad. Y no se trata sólo del ataque al avión, sino de otro escándalo: la muerte de siete agentes de la CIA en un campamento de Afganistán. Resulta casi vergonzoso. Al parecer, los hombres de la CIA dejaron entrar sin registrar a un informante que iba a ayudarlos a encontrar al «número dos» de Al Qaeda, Ayman al Zawahri. El hombre se inmoló con explosivos que portaba consigo y mató a los agentes de la CIA. Era un doble agente.

Esta debacle con el doble agente pone de manifiesto, según The New York Times, el «excesivo optimismo» de la CIA con la infiltración de Al Qaeda. El otro problema de los servicios es la negligencia en la evaluación de la información sobre el atentado del avión, que podría haber costado la vida a los 300 pasajeros que volaban a Detroit.

Los expertos lo saben: se trata del viejo problema de los servicios secretos de Estados Unidos. No se trata de falta de información sobre ataques que se planean o que se van a cometer, pero de alguna forma esas advertencias o indicios se pierden en la bruma de rangos de información y de los diferentes servicios. Ya antes de los atentados del 11 de setiembre de 2001 hubo indicios y avisos que no fueron considerados. Las consecuencias fueron catastróficas.

Obama sabe que tiene que actuar, pero ¿por qué vacila? Al parecer, ninguno de los jefes de los servicios secretos le presentó su dimisión «en la cumbre de seguridad» que celebró el martes en Washington.

Y la oposición ya tomas cartas en el asunto. El ex vicepresidente Dick Cheney, uno de los principales cerebros del Gobierno de George W. Bush, no ha dudado en atacar con su argumento estándar: mientras estuvieron en la Casa Blanca no hubo ningún atentado más tras el 11 de setiembre de 2001.

La política de Obama de prohibir la tortura, cerrar Guantánamo y poner fin a los tribunales castrenses es, en su opinión, simple y llanamente, irresponsable. «Pone en peligro la vida de los estadounidenses», concluyó Cheney.

Obama está bajo presión. Su decisión de no devolver en el futuro a ningún preso de Guantánamo que fuese de Yemen a su país de origen va en la dirección de las exigencias republicanas. Nadie puede descartar que las personas trasladadas a Yemen no se unan a Al Qaeda (ver nota aparte).

Aunque Obama ha insistido en que quiere mantener su decisión de cerrar Guantánamo, cuándo ocurrirá es cada vez más incierto. Una de sus promesas electorales comienza a tambalearse.

Y el verdadero dilema del presidente es que sabe que no hay una seguridad fiable al ciento por ciento. «Tengo que aceptar que la labor de los servicios secretos no es perfecta por naturaleza», señaló. Dicho de otra forma: Estados Unidos tiene que vivir con el miedo al terrorismo. La realidad ha acabado por superar al presidente.

Agencia DPA

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