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La ciudad de Buenos Aires, lista para dos años políticos
Lo mismo ocurriría con la deuda, de crecimiento exponencial, que está dejando para sus sucesores en la Ciudad de Buenos Aires sin un impacto importante, todavía, en obra pública o mejoras del espacio urbano y ni qué decir de los aumentos progresivos del impuestos inmobiliario, que serían imperdonables en otro momento político para los vecinos o para un Gobierno de otro signo.
Pero el jefe de Gobierno cultiva una fórmula que le sigue dando éxito, manteniendo parcelas clásicas al gusto de los porteños, como la oferta cultural, remachando sus males sobre la herencia recibida y las trabas que le imprime a su gestión el Gobierno nacional.
Mientras esboza un proyecto de ciudad, afila su objetivo primordial, también clásico, como el de tomar a la Capital Federal de muestrario para una carrera mayor. Y si el carril para colectivos que destruyó la postal de Buenos Aires en el eje más representativo, que apodan Metrobus, es feo o inútil, lo principal es que al haber cumplido con eficacia la devolución en votos, se intentará reproducir sobre otras vías con la idea de renovar las adhesiones.
Macri deberá resolver cómo se posiciona en la provincia de Buenos Aires, distrito clave, pero también en la Ciudad, donde le ha nacido un nuevo competidor en el arco anti-K. Por ahora UNEN es débil en su funcionamiento y aunque se proponga expandirse también mirando 2015, es otro fenómeno político local por el momento, que intentará (de persistir) hacerle contrapeso al PRO, tanto por la sucesión porteña como por la carrera nacional, bajo el cielo que comparten.
Comienzan entonces para el jefe de Gobierno dos años con las valijas listas para recorrer las provincias del país con el propósito de reforzar su estructura, pero también para agilizar la obra pública en la Ciudad de Buenos Aires que quiere mostrarle al resto de la Argentina como el principal haber para su candidatura.
Por eso es clave que Macri haya creado un ministerio, el de Gobierno, puramente político, eje de las proyecciones y los planes a futuro. Casi un área proselitista si no integrara la grilla oficial de los ministerios de la Ciudad. El dilema de Macri será, en un plazo corto, insistir en soledad con su tropa o aceptar un socio principal con todas las resignaciones que esa opción podría tener.
Al mismo tiempo, claro, ya está lanzada la competencia por la herencia del sillón mayor del distrito vidriera, con una interna feroz y actores inesperados que buscarán dentro del PRO ser bendecidos como sucesores. En la oposición el frenesí no será menor, con un kirchnerismo que no ha definido todavía la pelea y el combo UNEN que minimiza la batalla local por el momento. Esos enfrentamientos repercutirán a la hora de darle el voto al PRO para ampliar la movida en infraestructura que planifica, con abundante oferta al sector privado para hacer inversiones sobre espacios públicos, la concesión de permisos para construcciones y un plan intenso de obras viales, entre otras iniciativas, algunas de las cuales no lograron en 2013 salir del recinto legislativo.
Como sea, Macri cuenta con un presupuesto de algo más de $ 54.000 millones que calculó con una inflación del 24%, que le permitirá readecuar los precios sin sobresaltos para los proveedores y contratistas y sin dificultades para reactualizar sus gastos corrientes, mientras sigue la carrera.


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