9 de febrero 2009 - 00:00

La comunidad árabe teme el efecto Lieberman

Umm al Fahm, Israel - La última exhibición de la galería de arte de Said Abu Shakra incluye no sólo un recorrido fotográfico por toda la historia de Umm al Fahm sino que dedica un capítulo especial a la frustrada visita que intentó realizar a la ciudad árabe israelí el extremista Meir Kahane en 1984. Las instantáneas y el video muestran imágenes de hogueras en las calles, gases lacrimógenos y enfrentamientos con la Policía.
«La historia se repite. El radicalismo regresa», aduce el ex policía y artista Said Abu Shakra, referente crucial de un habitáculo que desde 1996 ha intentado servir «como puente entre culturas», según sus propias palabras. El recinto artístico ha acogido desde esa fecha a una plétora de creadores de todos los credos y nacionalidades, incluida la exposición de 1998 que le dio fama, cuando Yoko Ono eligió este lugar para exhibir su trabajo a favor del diálogo.
«Llevo décadas promoviendo la convivencia entre todos, judíos, musulmanes, cristianos... pero Avigdor Lieberman es un gran peligro. No sólo para los árabes sino para todo Israel. Es un fundamentalista que podría originar un gran incendio y el fuego nos consumirá a todos. Es como Kahane», explica Abu Shakra.
Las banderas verdes, la parafernalia religiosa y las pancartas y carteles que aluden a la «masacre» de Gaza son una constante en las calles de Umm al Fahm. La ciudad norteña es el bastión del jeque Raed Salah, líder del Movimiento Islámico, la principal agrupación integrista que actúa en Israel.
Umm al Fahm se ha erigido en el destino preferencial de los vituperios lanzados por Lieberman, que desde hace años aboga por desembarazarse de la población árabe-israelí, que representa un 20% del país. Su eslogan -»sin lealtad no hay nacionalidad»- es quizás uno de los banderines de enganche que más éxito han tenido en esta campaña.
«¿Cómo nos va a echar de ninguna parte un señor que llegó hace poco de Rusia? ¡Mi familia lleva viviendo aquí cientos de años! ¡Ese tipo es un loco!», precisa Ahmed Khatib, un comerciante local.
El verbo incendiario de Lieberman, sin embargo, tan sólo refleja el tono de unas votaciones que el conocido columnista israelí Nahum Barnea, definió el viernes como «las más derechistas en la historia de Israel». Barnea reconocía que la campaña se ha caracterizado por la «retórica beligerante» de todas las grandes formaciones y de un explícito sentimiento antiárabe.
Lieberman no es el único que ha recurrido a la dialéctica arrebatada.Personajes como Michael Ben Ari, de Unión Nacional, han abogado abiertamente por la expulsión de los árabes a países como Venezuela o Turquía.
De hecho, hasta Tzipi Livni -que en teoría reclama su adscripción al centro- ha recuperado en la publicidad electoral la polémica figura de su padre, Eitan Livni. Su progenitor militó en la organización judía Irgun, que luchó primero contra los británicos y después en la guerra de 1948, y se atribuyó acciones tan controvertidas como el atentado que destruyó el Hotel King David o la masacre de cientos de civiles en Deir Yasín.
Un editorial del diario Haaretz del 29 de enero ya advertía que «la visión antidemocrática de Lieberman ha conseguido infectar la corriente principal de la política israelí», alertando sobre el riesgo de considerar algo normal la discusión sobre la retirada de la nacionalidad, una medida que sufrieron los judíos durante el nazismo. «Los puentes se han roto. Ahora hay que evitar que se agrande el foso», sentencia Abu Shakra.

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