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La Concertación, entre renovarse y disolverse
Mientras bullen los reclamos por «la soberbia y la arrogancia» de las cúpulas de los partidos Socialista y Demócrata Cristiano (DC), la presidenta, Ricardo Lagos y otros dirigentes no esperaron un minuto en proclamar un futuro promisorio para la Concertación, siempre y cuando se renueve.
Jóvenes democratacristianos y socialistas mantenían desde el domingo y hasta anoche tomada la sede principal de la DC. «No puede ser que dirigentes de la Concertación dejen un cargo público y pasen a un directorio de una AFP (AFJP) o de una Isapre (sistema médico privado)», clamaron ayer algunos voceros de los manifestantes. Se vieron también golpes de puño a las puertas de una sede socialista.
El problema mayor surge cuando se debaten los grados de dicho recambio. Hay nombres que cotizan para ocupar sillas relevantes, como los de los jóvenes Carolina Tohá (jefa de campaña de Frei, hija de José Tohá, un ministro allendista que apareció ahorcado en cautiverio), Ricardo Lagos Weber (hijo del ex mandatario) y Claudio Orrego (un popular alcalde democratacristiano).
Críticas
Pero ocurre que el oficialismo cuenta con una nomenclatura y una burocracia muy asentadas en el Estado, y desde marzo se achicarán drásticamente los cargos y presupuestos por repartir. El treintañero Enríquez-Ominami es hábil, conectó con nuevos votantes, obtuvo muchos sufragios y fuerza para instalar modificaciones en un sistema electoral diseñado por el pinochetismo. Sus críticas a los partidos hasta ahora oficialistas suenan contundentes y efectivas. Pero carece de estructura (desechó el nombre floral Copihue para su futuro partido), tampoco tiene equipos y sus ideas son bastante confusas.
La alianza saliente ha podido convivir más de 20 años con importantes matices ideológicos entre sectores liberales, populistas y progresistas. Por caso, en su seno conviven quienes hablan muy bien y muy mal de Cristina Kirchner. «Nuestro problema no es si algunos en la Concertación quieren más o menos Estado. Se han ido algunos que aseguraban que se iban a llevar dos millones de votos liberales y se quedaron fuera del Congreso. El problema es que aquí también hay algunos mafiosos que se van a poner a exigir y a negociar», deslizó un ascendente dirigente que pidió reserva de identidad.
Esteban Valenzuela, emigrado el año pasado del Partido por la Democracia (PPD, fundado por Lagos en 1988) y uno de los tres pilares del armado de Enríquez-Ominami, dijo ayer a Ámbito Financiero que «el único camino es no más Concertación. Hay que crear una nueva coalición de centroizquierda con otro estilo, otro nombre y otro programa. La Concertación ha recuperado la democracia, pero no ha transformado Chile».
El diputado, del ala de centroizquierda del marquismo, enumera una agenda urgente, como aumentar la carga tributaria del 17,8% del PBI, «que es exactamente la misma que en 1989, muy por debajo del promedio OCDE», remediar ineficiencias y corrupción, combatir la inseguridad, gravar más la minería, crear una AFP estatal, abaratar la salud y modificar el régimen electoral binominal.
Ese discurso constituye una avenida atractiva para el marquismo con Piñera de presidente y coincide con lo enarbolado por Frei en los últimos meses de campaña.
«Ser progresista no es solamente compartir ideas, sino compartir proyectos colectivos», machacó el domingo por la noche el joven Ricardo Lagos Weber en alusión al disidente socialista, quien sigue manteniendo por estas horas un nivel arrasador de críticas a la Concertación.


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