Defraudé al pueblo americano y tendré que llevar ese peso conmigo el resto de mi vida. Mi vida política está terminada. Técnicamente no cometí un crimen, una ofensa punible. Pero esos son legalismos. Mi manejo de esa materia fue tan defectuoso, cometí tantos errores de juicio, los peores; errores del corazón antes que de la cabeza, como ya indiqué. Digamos que un hombre en un puesto difícil debe tener corazón, pero su cabeza siempre debe regir a su corazón, concluyó en aquella famosa entrevista el expresidente de Estados Unidos Richard Nixon.
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