24 de noviembre 2009 - 00:00

La contracara: el desplome del dólar

La contracara de la gran recuperación de las Bolsas alrededor del mundo y de otros activos tan disímiles como el oro, la soja y el petróleo es, indudablemente, la debilidad del dólar. Las bajas tasas de interés fogonearon durante todo el año la huida de esta divisa o, más aún, el endeudamiento en dólares para invertir en otros productos con mayor perspectiva de apreciación.

El dólar, por lo tanto, reemplazó al yen como moneda preferida para la operación conocida como «carry trade», que consiste en endeudarse en una moneda que está «barata» en relación con el resto.

Eduardo Blasco, titular de Maxinver, observó sobre este fenómeno que «no pasa sólo por una tasa cercana al 0% para inversiones de corto plazo en dólares. Los bonos del Tesoro norteamericano a diez años también tienen una tasa bajísima, inferior al 3,50% anual». Esto se repite, además, en casi todos los bonos de prácticamente todos los mercados desarrollados.

Existen mil pronósticos respecto de lo que puede suceder en los próximos meses con el dólar. La cotización está hace poco más de un mes estaba en niveles cercanos a 1,50 por euro, pero no faltan los que aseguran que para mediados del año que viene seguirá cayendo hasta niveles de 1,65 o 1,70. ¿En qué se basan? Básicamente tienen en cuenta que todas las señales de la Fed y los restantes bancos centrales van en la dirección de no definir aumentos inmediatos en la tasa. Y aun cuando se determinen subas a partir del año que viene, éstas serán muy tenues. La prioridad de las autoridades económicas hoy no pasa por frenar la caída del dólar sino, más bien, consolidar la recuperación de la economía global.

El oro se transformó, en este contexto, en el resguardo preferido. Ya desde fines del año pasado se presagiaba que el metal precioso podría transformarse en una de las principales inversiones del año, con una apreciación que ya supera largamente el 30%. Pero en aquel momento los argumentos pasaban por el peligro inflacionario derivado de la emisión de dólares récord que habían definido los Estados Unidos para sacar la economía de la crisis.

Esta gigantesca emisión de dólares («propia de un país bananero», como definió hace dos semanas en Buenos Aires el economista Sebastián Edwards) por ahora no generó inflación. Pero sí desinfló la recuperación que había mostrado la divisa en el primer trimestre del año, consolidando la recuperación de activos alternativos.

Para los mercados emergentes esta situación los devuelve a un esquema muy parecido al que vivieron entre 2002-2003 y principios de 2008: gran ingreso de capitales que buscan alternativas de mayor rendimiento, pero que al mismo tiempo provocan una fuerte presión a la revaluación de los tipos de cambio. Brasil definió un impuesto del 2% para el ingreso de fondos de corto plazo y por ahora logró ponerle un piso a la apreciación del real en 1,70. Otros países podrían aplicar medidas de esas características (en Colombia lo tuvieron que desmentir hace 10 días). Mientras, China se niega a revaluar el yuan pese a que es el país que mayor ingreso de capitales presenta en el mundo.

La Argentina, aun con toda la desconfianza que genera entre los inversores, recibe un monto marginal de estos flujos, pero que alcanzó y sobró para alentar la suba de acciones, bonos o cupones PBI. Pero hay que permanecer alerta: cuando este flujo de capitales se revierta, por ejemplo, por suba de tasas en Estados Unidos, seguramente uno de los primeros activos que venderán los grandes inversores son las acciones o bonos argentinos.

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