19 de julio 2022 - 00:00

La convulsión política cedió, pero el hambre se apodera de Sri Lanka

El presidente cayó, pero los precios de los alimentos se dispararon 80%. En tanto, cinco millones de personas dependen de ayuda económica y cinco de cada seis familias deben saltearse comidas.

GESTOS. Los manifestantes de Sri Lanka ofrecen alimentos a los militares que reprimen las protestas contra el Gobierno, en lo que constituye una denuncia de las duras condiciones de vida en la isla, agravadas en los últimos meses.
GESTOS. Los manifestantes de Sri Lanka ofrecen alimentos a los militares que reprimen las protestas contra el Gobierno, en lo que constituye una denuncia de las duras condiciones de vida en la isla, agravadas en los últimos meses.

Colombo - Lleva el pelo bien peinado, pero su mejillas están hundidas y unas venas visibles recorren su cuerpo demacrado. Como muchos esrilanqueses (o ceilaneses), Milton Pereira y su familia no pueden comprar suficiente comida.

Mientras el país se enfrenta a su peor crisis económica y a una espiral de inflación, que ha desencadenado una ola de protestas que provocó la caída del presidente la semana pasada, la población compra, come y trabaja menos.

“Es muy difícil vivir, incluso el pan está caro”, dijo Pereira fuera de su modesta casa en la Isla de los Esclavos, un enclave pobre de la capital, Colombo. “Si hacemos una comida, nos saltamos la otra”, cuenta este hombre de 74 años, cuya familia cuenta con seis niños.

“Como no tenemos mucho dinero, damos el pescado a los niños”, dice, y los adultos “nos conformamos con la salsa”.

Desencadenadas por la pandemia del covid-19, los problemas económicos de esta isla del océano Índico se vieron agravados por la mala gestión del Gobierno, según los opositores.

“Esta suba de los precios es lo peor a lo que me he enfrentado nunca”, dice el hijo de Pereira, B.G. Rajitkumar, un electricista que no tiene trabajo desde hace meses. “Los precios de los alimentos suben todos los días”, se lamenta.

La inflación alimentaria en Sri Lanka alcanzó el 80,1% interanual en junio, según las cifras oficiales.

Según el Programa Mundial de Alimentos, casi cinco millones de personas, el 22% de la población, necesitan ayuda alimentaria, y más de cinco de cada seis familias se saltean comidas, comen menos o compran alimentos de menor calidad.

Desplome

El principal mercado de verduras al por mayor de New Manning, en Colombo, bullía el domingo, con compradores y vendedores empujándose con sus bolsas de comida. Sin embargo, los comerciantes afirman que el negocio se ha reducido a más de la mitad desde marzo.

“Los precios de todo se han duplicado con creces”, dijo un comerciante, que calcula que sus ventas han caído un 70%. “Algunas de las verduras no vendidas van a parar a la basura y muchos pobres vienen a recogerlas cada día después del cierre del mercado”, dice.

Las papas, las cebollas y el ajo siguen importándose de India, Pakistán y China, afirma Ashley Jennycloss, agente de importación-exportación.

“El suministro de alimentos no es un problema, pero como no hay combustible, eso dificulta las cosas y todo se encarece”, dice Jeeva, otro comerciante.

Algunas personas recorren largas distancias para acudir a este mercado a primera hora de la mañana para comprar pequeñas cantidades de verduras para su cocina a precios mayoristas.

“No tengo más remedio que caminar 10 kilómetros hasta este mercado, porque la comida es más barata que en los comercios cercanos a mi casa”, dice Howzy, de 50 años.

Emergencia

En el cuartel general del movimiento de protesta que provocó la dimisión del expresidente Gotabaya Rajapaksa, un antiguo funcionario, Theodore Rajapakse, enseña a los residentes a cultivar verduras en pequeñas parcelas cercanas a sus casas.

“Mi país está en problemas”, dice, y añade que ha enseñado sus técnicas agrícolas a unos 3.000 manifestantes desde que se unió a las protestas.

Sin embargo, las perspectivas de mejora inmediata son limitadas, y el sucesor más probable del presidente, el ex primer ministro Ranil Wickremesinghe, es rechazado por los manifestantes, que lo consideran un aliado de Rajapaksa.

En la Isla de los Esclavos, Pereira tiene pocas esperanzas. “Gota se fue, pero no hay ningún candidato que nos pueda sacar de esta terrible situación”, suspira.

Agencia AFP

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