1 de junio 2016 - 00:00

“La crisis social reduce la élite de los que pueden”

Giménez Bartlett: “La crisis ha creado víctimas que no son cifras, son personas que caen en el desempleo y pueden estar así durante años (...) . Pero tampoco se trataba de hacer un ensayo, un alegato, yo escribo novelas”.
Giménez Bartlett: “La crisis ha creado víctimas que no son cifras, son personas que caen en el desempleo y pueden estar así durante años (...) . Pero tampoco se trataba de hacer un ensayo, un alegato, yo escribo novelas”.
"Las crisis económico-sociales van más allá de los dramas materiales que provocan, penetran la conciencia y pueden impulsar a transformarse en lo que nunca se imaginó que se podía llegar a ser". Ése fue uno de los impulsos narrativos que lleva a la española Alicia Giménez Bartlett a escribir la novela "Hombres desnudos", con la que ganó el Premio Planeta 2015, que entrega 600.000 euros. Giménez Bartlett es doctora en Literatura Española, lleva publicada una veintena de novelas y un par de ensayos sobre la situación de la mujer. La serie policial de la inspectora Petra Delicado la convirtió en best seller y le abrió el mercado internacional. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con ella.

Periodista: Pareciera que con su novela "Hombres desnudos" su intención fue retratar de forma entretenida la crisis económico-social que están viviendo algunos países.

Alicia Giménez Bartlett:
La crisis se ha extendido en el tiempo y ha creado víctimas que no son cifras, son personas que caen en el desempleo y pueden estar así durante años. Hay una generación de jóvenes que ven destruidas sus expectativas. Trabajan por poco dinero, y la preparación académica que tenían no les ha servido para nada. Quise contar desde personas concretas el drama de perder el empleo, de lo que le ocurre a una empresa ayer en crecimiento y hoy con problemas, porque son hechos que calan profundamente en el ser humano. Pero tampoco se trataba de hacer un ensayo, un alegato, yo escribo novelas. El trabajo del escritor es suficientemente aburrido como para no ser entretenido y divertirse con lo que se está contando.

P.: Javier, el profesor de literatura que pierde el trabajo, se inicia en algo que podría haber visto en la película "The Full Monty", se vuelve striper, gigoló, y mantenido.

A.G.B.:
Convertirse en striper es en él una necesidad más psicológica que real, es un treintañero que aún puede vivir con su seguro de desempleo, del sueldo de su pareja joven, y podría dedicarse a leer, a escribir. Pero en una plaza ve pasar a ancianos con un andador y aquel progresista que fue siempre, en vez de rebelarse se hunde. Para superarlo busca entrar en algún grupo, en alguna organización colectiva, y de pronto la encuentra en un grupo de stripers. Lo suyo además de una crisis económica es una crisis existencial al ver un mundo que se desploma.

P.: A su vez la empresaria Irene sufre porque su marido la deja por una mujer más joven.

A.G.B.:
No es algo tan convencional, también el marido lo hace por especulativos motivos económicos. Él es abogado de la empresa familiar de Irene. Ella nunca salió de su grupo económico social. Se ha casado, por indicación de su padre, con alguien que le era conveniente por su apellido y su carrera. Pero por la crisis toda su armazón se viene al suelo. Su marido ve que la empresa se encamina a un final y decide, para escapar, enamorarse. Entonces Irene lo echa de su casa y de la empresa, que es lo que él buscaba. Ella que siente la falta de su padre, un empresario modelo, y no sabe qué hacer, decide ir a un terapeuta. Es con él que descubre que su padre la quería tanto que la ahogaba, y que desinteresarse por la empresa tiene que ver con eso. Eso acaba de destruir sus esquemas, y reacciona con crueldad, humillando hombres.

P.: ¿Cómo surge la relación del desempleado striper y la empresaria en crisis?

A.G.B.:
Hace cinco años, cuando empecé a pensar esta novela, leí en un periódico de España que los "chicos de compañía" habían crecido en 30 por ciento desde el inició la crisis. Descubrí que hay un tejido social muy fuerte en ese aspecto. Un día invité a cenar a una docena de amigos, y una de mis amigas -empresaria exitosa, con dos divorcios- me pidió permiso para venir acompañada, algo que me sorprendió. Se presentó con un "chico de compañía", joven, guapísimo, elegante, razonablemente educado, con todos los atributos para el morbo femenino. Cuando la vi como buena burguesa que soy no se me notó nada, pero tras terminar el primer plato todas las mujeres corrimos a la cocina, y al interrogatorio: ¿de dónde has sacado esa joya? "Me lo he alquilado. Cuando quiero ir acompañada al cine, al teatro, a una cena, llamo a mis contactos y pido uno de esos chicos. A veces hay sexo, y otras no. Estoy harta de relaciones que no van a ninguna parte, harta de intentar fingir amor. Mi trabajo me encanta, y por encima de todo quiero triunfar". Ninguna fue capaz de criticarla. La entendimos. El amor ya no está en el ambiente. Hemos asumidos valores materialistas, compras, viajes, placeres. Eso sí, la crisis reduce la élite de los que pueden.

P.: ¿"Hombres desnudos" es un novela social, erótica, otro de sus policiales?

A.G.B.:
Mis policiales tienen más humor. Están al borde de la autoparodia, me divierten mucho. Son juegos intelectuales que desafían al lector sin hacerlo pensar demasiado. El interés de "Hombres desnudos" corre por otro lado. Cuando me entregaron el Premio Planeta, dije que para mí era más una novela social que erótica. La escenas sexuales no son muchas, pero sin miedo a las palabras. Algo que creo central es que si bien he buscado retratar el actual iceberg social, mi novela no puede ser leída exclusivamente en clave crítica, yo diría que es también una novela psicológica. Muestra en qué medida unos influimos en otros. Cómo la forma en lo que se había pensado cae por el suelo. En ese sentido es también una novela contra ciertos cinismos, como ese de que hay que reinventarse, como si se fuera a salir de la crisis más exitoso y más guapo.

P.: ¿Qué cree que buscó contar en "Hombres desnudos" además de la crisis social?

A.G.B.:
El desplazamiento de los roles masculino y femenino, sobre todo en los sectores que conducen la sociedad, y su entorno. Un entorno que se ha ido achicando. Y al mismo tiempo cómo los bruscos cambios económicos no sólo afectan al nivel de vida material sino que penetran profundamente en la mente de las personas y determina su moral y su destino.

P.: Con los 600.000 euros le otorgó del Premio Planeta seguramente usted no va a padecer la crisis.

A.G.B.:
Afortunadamente hace mucho tiempo que vivo de mis libros. La serie de novelas policiales de Petra Delicado ha sido traducida a 17 lenguas. Son 9 a las que hay que sumar otras 11 no policiales. Pero como decimos en España a nadie le amarga un dulce. Cuando acabé la novela la representante de la Agencia de Carmen Balcells me dijo por qué no la presentaba al Planeta. No me parecía propio de ese premio, que es para regalar a tu abuela y le parece bien. "Hombres desnudos" es más polémica. Me puse contenta cuando me avisaron que había ganado, desdramaticé todo lo que pude la entrega.

P.: El primer premio que ganó fue con una novela que se consideró polémica.

A.G.B.:
"Una habitación ajena". Fue el noveno libro que publicaba. Me otorgaron al Premio Femenino Singular. Trata de la relación de Virginia Woolf con Nelly, su criada. Había una tensión de amor odio entre ellas. Para escribir esa novela leí los 8 tomos de los diarios de Virginia Woolf. Había material que no estaba en Londres y tuve que viajar a Estados Unidos. En esa obra yo debatía, como en otros libros, qué es antes la lucha de clases o la lucha por los derechos de la mujer. Interrogante que algunas mujeres se plantean. Con "Hombres desnudos" hay feministas que se molestaron por cómo muestro a algunas mujeres. Las relato como esos personajes son por la clase a la que pertenecen. No vamos andar corrigiéndolas, haciendo literatura moral, sino todas tendríamos que escribir biografías de Teresa de Calcuta.

P.: ¿Qué está por escribir ahora?

A.G.B.:
Otra Petra Delicado, otra novela policial. He andado mucho en la gira internacional por el premio, y ahora cuando llegue me quedaré n mi escritorio como un molusco en su roca para contar otra aventura de la inspectora de policía Delicado.

Entrevista de Máximo Soto

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