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La “danza con lobos” de un cineasta andaluz
Gerardo Olivares: «El proceso de reinserción del niño Marcos fue muy complicado. Terminó viviendo como indigente en las afueras de una población».
Periodista: ¿Cómo supo usted el caso de Marcos Rodríguez Pantoja, criado durante 12 años entre los animales?
Gerardo Olivares: Por casualidad. En 2007, al pie de un artículo sobre una niña encontrada en la selva camboyana, figuraba un sitio web norteamericano con el registro de más de cien niños criados entre animales salvajes, desde el siglo XVII hasta ahora, que todavía los hay. Entro, y de pronto leo «1965. The Wild Child of Sierra Morena». ¡Yo nací ahí cerca, en 1964!
P.: ¿Lo encontró rápidamente?
G.O.: Lo busqué un año entero, charlamos durante cinco, volvimos al valle donde creció, encontró la cueva que tuvo como hogar junto a los lobos. Entonces filmamos su historia, gracias a Manuel Camacho, que además de actor natural es un niño de la zona, con el mismo acento, acostumbrado a la sierra y a los animales.
P.. ¿Cómo le fue a la película?
G.O.: Fue un éxito. Pero a la salida la gente me preguntaba qué pasó con el verdadero Marcos. Cuando lo encontró la Guardia Civil (que estaba buscando bandidos rurales), su proceso de reinserción fue muy complicado. Terminó viviendo como indigente en las afueras de una población. Eso es lo que ahora cuenta mi documental «Marcos, el lobo solitario».
P.: Ahora cuéntenos su vida: ¿es cierto que a los 20 años se fue en una Vespa hasta el Círculo Polar Ártico?
G.O.: Sí, y al año siguiente, ya miembro de la revista «Los aventureros», crucé por primera vez el Sahara.
P.: Seguro que de chico siempre se escapaba de casa.
G.O.: Es cierto. Me tenían internado. Vivía soñando con esos lugares de la naturaleza que mostraba don Rodríguez de la Fuente los sábados de noche en la televisión (el suyo era el programa de más audiencia en España). A los 15, mi padre me regaló un Atlas. Ahí empecé a soñar con Tombuctú, Samarkanda, Tierra del Fuego, Sulawesi. Rastreando el Atlas descubrí 36 ciudades y accidentes geográficos de América con el nombre de mi ciudad. Bien, en 1989 viajé desde una villa de Alaska hasta una península fueguina, todas con el mismo nombre, haciendo una serie, «La ruta de las Córdobas», que culmina, precisamente, en la ciudad argentina de Córdoba. Con semejante viaje, el intendente nos recibió como héroes. A esa serie siguieron «La ruta de los exploradores», por el norte africano, «La ruta de Samarcanda», desde España a Singapur, y también filmé en Tibet, China, y casi todos los lugares que miraba en el Atlas. También hice «La gran final», el Mundial de Fútbol 2006 seguido por mongoles, saharianos e indios amazónicos.
P.: Muy simpática, la vimos en Pantalla Pinamar. Pero sospecho que también tiene documentales nada turísticos. ¿Qué es «El hambre en el mundo explicada a mi hijo?»
G.O.: Tengo varios. El que usted dice ilustra un libro del doctor suizo Jean Ziegler. Otro nada turístico es «14 kilómetros», sobre los inmigrantes subsaharianos que, con enormes peligros, cruzan el desierto entero para quedarse varados frente a la meta. Los andaluces, lo primero que vemos cada día es la costa africana, tan cerca que parece que podemos tocarla. Nosotros podemos cruzar, ellos no.
P.: ¿Tendrá final feliz la que ahora empieza en Madryn?
G.O.: Bueno, por lo general intento que el espectador salga con buen sabor de boca. «El faro de las orcas» se inspira en el guardafauna Beto Bubas, que desarrolló una particular complicidad con las orcas de Península Valdéz. Las atrae con su armónica, las acaricia. Un periodista escribió sobre él. Una mujer estaba leyendo la nota, cuando advirtió que su hijo autista reaccionaba con entusiasmo ante la foto del hombre acariciando una orca. Entonces esa madre tuvo una idea. Y entre todos la llevaron a cabo.
P.: Una historia impresionante. ¿Pero cómo la hará?
G.O.: Ya estuve rodando en marzo y abril, volveré para octubre, y en marzo próximo la terminamos. El protagonista es Manuel Camacho, el niño de «Entrelobos». Coproductores, Luis Puenzo por Argentina, y José María Morales por España. También hay participación austríaca.
P.: Pero transcurre en pocos lugares. ¿Ya no lo tienta hacer otra gira por tierras extrañas?
G.O.: Ya tengo 48 años, y las grandes locuras ya las hice. Supongo que ahora debo sentar cabeza.
Entrevista de Paraná Sendrós


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