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“La danza no vive tiempos buenos”
María Rovira: «Cuando hoy todo se vuelve más trivial, entendí que la fuerza interior de Nijinsky era la más fuerte».
El resultado de la frecuentación de estos profesores y compañías la llevó a crear la propia con la que se expresa a través del trabajo de siete destacados bailarines como en la obra que presentarán en Buenos Aires, luego de una extensa gira que la llevó a varias ciudades del interior del país. Dialogamos con ella, luego de su presentación en Rosario, sobre su actividad y la génesis de la obra que se verá el sábado 19, con entrada libre y gratuita, en el Auditorio del
Parque Centenario, que por primera vez recibirá una compañía de ballet dentro de sus actividades.
Periodista: ¿Cómo surgió la idea de este «Salto de Nijinsky»?
María Rovira: De la necesidad de ofrecer un tributo al gran Vaslav Nijinsky. Lo hago humildemente, pero convencida de la validez de un homenaje a un artista fundamental de los Ballets Russes. Me declaro una fanática de la compañía de Serge Diaghilev. Descubrí a través de la iconografía de la época toda aquella riqueza de los vestuarios y las escenografías que utilizaban y además, las fotos de los bailarines en acción, y todos esos materiales me entusiasmaron como para que se despertara en mí la necesidad de elaborar un ballet sobre una figura mítica como la de Nijinsky.
P.: ¿Cómo se documentó?
M.R.: Leí el libro de Rómola, su mujer, que me llenó de curiosidad con respecto a la personalidad torturada del bailarín. A partir de allí, él se convirtió en una figura recurrente en mis sueños. Luego accedí a los «Diarios» escritos por el mismo Nijinsky, que no tienen nada que ver con lo que cuenta Rómola, con su imaginación un poco novelesca. A partir de allí, de estos Diarios y de la foto de un salto descomunal que elevó a Nijinsky a alturas inusitadas en la oportunidad en que lo va a ver al hospicio el coreógrafo y bailarín francés Serge Lifar, comprendí que su arte provenía de algo sumamente interior. Cuando hoy todo se vuelve más trivial, entendí que la fuerza interior de este ser era la más fuerte. Mi trabajo, que trata en todo momento de reproducir ese sentimiento a través del movimiento, lo fui construyendo con la ayuda de un psiquiatra que trabajó muy intensamente sobre la existencia de Nijinsky, hombre y artista.
P.: ¿Cómo es el lenguaje que utiliza para concretar la obra?
M.R.: El mío es un lenguaje de fusión. Estudié todas las fotos de Nijinsky y traté de reproducir sus movimientos, poses, actitudes, gestos. Me resultó una experiencia maravillosa. La obra la hemos puesto en el Teatro Romea de Barcelona. Era un gran riesgo introducir danza en ese teatro, que habitualmente no presenta espectáculos de ballet, pero la gente reaccionó muy bien. Vieron un trabajo tan entrenado por la compañía que fue aceptado abiertamente. Un político de Cataluña presente en el estreno, opinó: es un espectáculo que tendrían que verlo todos los públicos.
P.: ¿De qué manera la obra refleja la personalidad de Nijinsky?
M.R.: Hay un movimiento marcadamente físico que se equilibra con algo muy dulce en la plasticidad con que trabajé los brazos. Pero es sobre todo una «danza física». Me encantan los «portés» (levantadas) y también me gustan los contrastes, sobre todo los que se generan entre la danza clásica y la danza contemporánea.
P.: ¿Tránsit es una compañía totalmente independiente?
M.R.: No. Tenemos aportes del estado en el apoyo de la ciudad de Mataró, una pequeña población que se encuentra a 28 km. de Barcelona y con 10.000 habitantes. Allí Tránsit es una compañía residente. De esa manera hemos logrado tener una estabilidad y, además, una sede. También tenemos dinero para pagar sueldos. Esto depende de la Consejería de Cultura de Cataluña. Pero no es tanto por el dinero que estamos felices sino porque la ciudad nos brinda el dinero y nosotros trabajamos mucho para que ese dinero les vuelva a los ciudadanos a través del arte de la danza. Nosotros les damos a ellos mucha danza. La interacción es plena en Mataró. Dedicamos un día a la danza donde va toda la población a bailar, hasta los abuelos. Es realmente una experiencia fascinante.
P.: ¿Por qué se llama Tránsit?
M.R.: Tránsit en catalán significa eso, tránsito. Cuando buscaba el nombre de la compañía pensé en cambio generado por el movimiento. El espíritu está en el título. El tránsito da la sensación de movimiento.
P.: ¿Cómo ve usted la danza en España?
M.R.: Son tiempos de crisis. La irrupción de la tecnología no ha sido buena para la danza. Todo se globaliza y entonces comienza a faltar la personalidad del coreógrafo. Pina Bausch, por ejemplo, ha hecho cosas muy buenas para la danza pero no todos los coreógrafos son Pina Bausch, naturalmente. Por eso se ven tantas cosas malas en nombre de la danza. Aquí, en la Argentina, debe pasar lo mismo que en España. Hay una confusión muy grande acerca del camino que la danza debe seguir en estos días, aunque la gente poco a poco se va acostumbrando a un cambio y de esa manera se va llegando a lo esencial. Hay indicios de cómo el ballet clásico ha vuelto a ser apreciado y cómo éste retorna a tener trascendencia de antes. Quizá esto ocurra porque hubo un grave agotamiento de la danza contemporánea, que aun padecemos.
Entrevista de Eduardo Giorello

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