- ámbito
- Edición Impresa
“La derecha merece una oportunidad”
Quien también da la nota, a media cuadra de la casa de la presidenta, es Paulina Reyes Martínez, de más de 60: «En Las Condes soy una entre mil, siempre he votado por la Concertación. Reconozco que (Eduardo) Frei puede no ser el mejor candidato, y que Piñera, un hombre que públicamente ha repudiado las violaciones a los derechos humanos, es bueno, pero le temo a la ultraderecha». Esta asistente social de modos suaves vive en el mismo edificio que Ángela Jeria, la madre de la mandataria socialista, «una señora muy encantadora».
Cruzando la calle, Denise, secretaria, responde más fielmente al comportamiento electoral de esta comuna en la que la derecha suele consagrar a todos los candidatos al Senado y Diputados. «Siempre he tenido ideas de derecha. Además, Frei hizo una alianza en esta elección con los comunistas, y ahí se cazó solito», reflexiona.
En las inmediaciones del colegio Verbo Divino, muy cerca de la casa de la presidenta, la elegancia de las mujeres crece al compás de la edad. A algunas de las mayores, vestidas como para una gran ocasión, se las ve acompañadas por personal de servicio con uniforme.
Dos maestras de más de 40 abonan más datos ante este enviado: «Chile creció gracias al Gobierno de Pinochet. La derecha se merece la oportunidad», dice Luz María, profética, antes de reclamar «memoria de los dos lados». La otra docente, Ana, también tradicional votante conservadora, tiene recriminaciones sobre el sistema de jubilación privado y los costosos servicios de salud y educación universitaria, heredados del régimen militar. Pero denuncia que la Concertación, que lleva cuatro gobiernos desde 1990, «habla mucho pero no ha hecho nada para cambiar».
El sábado, en la dulce espera, unos 1.500 chilenos se acercaron al Museo de la Memoria, frente al parque de la Quinta Normal de Santiago. Suben las escaleras de salida de esta bella construcción tres votos inexpugnables de la Concertación.
Cierre y discurso
«Él es el padre del niño y yo soy la abuelita», se identifica Octavia Allende, arrugada mujer de la localidad de San Felipe, cerca de la frontera con la Argentina. Acaban de recorrer instalaciones que albergan documentos audiovisuales de incalculable valor histórico. Entre cientos, miles de fotos de desaparecidos y víctimas, no está la del «niño», Ricardo Mansilla, muerto por asfixia a causa de gases lacrimógenos tras asistir a una manifestación popular en el Parque OHiggins en 1983, la primera permitida por el régimen.
El padre, homónimo del joven, de más de 70, hoy jubilado pero exonerado por Pinochet del empleo público por ser militante de la Unidad Popular, cuenta a este diario que acaba de hacer los trámites para que su hijo sea recordado en el Museo. «Ya está en el memorial del Cementerio General», aclara.
«Siempre fuimos de izquierda y yo trabajé en el Gobierno popular, fui detenida diez días, así que voto a Frei», afirma Octavia con una confianza que, a la luz del resultado, era exagerada. «Si sale Frei, que se preocupe por los trabajadores, la salud y los profesores», clama. No podrá ser. A su lado, Judith Martínez, docente y tía del «niño», manifiesta ser «muy crítica de la Concertación. Voté nulo en primera vuelta, pero ahora no tengo ninguna duda».
«Es triste, muy fuerte», desliza todavía conmovido Mansilla. Acaba de ver fotos, documentales, titulares de los diarios de la época, decretos anunciando la prensa permitida y expedientes de hábeas corpus rechazados. Rostros de pánico de mujeres humildes hablando en 1973 ante las cámaras de periodistas extranjeros. Un pañuelo firmado por ochenta detenidos en el Estadio Nacional que contiene un poema escrito por un boliviano antes de ser liberado. La muestra cierra con un discurso de Patricio Aylwin el día de su asunción presidencial en 1990, cuando anuncia una etapa de «saneamiento moral». La pantalla destaca la presencia de Raúl Alfonsín.


Dejá tu comentario