26 de julio 2013 - 00:00

La desigualdad y la corrupción, ejes de su mensaje en una favela

El operativo de seguridad en la visita del Papa a la favela carioca de Varginha fue muy visible. Se trata de una comunidad que hasta  hace poco estaba en manos de narcotraficantes.
El operativo de seguridad en la visita del Papa a la favela carioca de Varginha fue muy visible. Se trata de una comunidad que hasta hace poco estaba en manos de narcotraficantes.
Río de Janeiro - El papa Francisco visitó ayer una favela de Río de Janeiro que hasta hace poco estaba controlada por bandas de narcotraficantes y dijo a sus habitantes que nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades sociales y que los jóvenes deben luchar contra la corrupción y la injusticia.

En medio de fuertes medidas de seguridad, con policías con armas de precisión y helicópteros sobrevolando la zona, Francisco visitó Varginha, en el complejo de Manguinhos, en la zona norte de Río, lugar hasta finales del pasado año controlado por bandas de narcotraficantes y ahora una zona recuperada para la ciudad.

El Papa, que llegó en un pequeño automóvil cubierto que después cambió por el papamóvil, fue recibido con euforia por los 2.500 habitantes de la favela. Siempre sonriendo, saludó y besó a los niños y se dirigió a la pequeña iglesia levantada en la favela, donde bendijo el altar mayor y entregó un cáliz como regalo. Después caminó por varias calles bajo la lluvia, seguido por cientos de personas, y entró en una casa, de cuatro metros por cuatro, donde viven 20 personas, con las que conversó durante unos 15 minutos.

El Papa tomó en brazos a los niños y todos rezaron el padrenuestro y el avemaría. Después se reunió con los vecinos en la cancha de fútbol.

Francisco les dijo que no veía la hora de visitar la favela y tras señalar que le habría gustado llegar diciendo "buenos días" y pedir un "cafezinho", pronunció un discurso de marcado carácter social.

"Me gustaría hacer un llamamiento a quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la justicia social: que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario. Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún hay en el mundo", afirmó.

El obispo de Roma señaló que "no es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad" la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad, "no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano", subrayó.

El Papa también se dirigió a los jóvenes, de los que resaltó que tienen una "especial sensibilidad ante la injusticia" y que a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, "por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interés". "Nunca se desanimen, no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar", los animó.

Francisco destacó los esfuerzos que la sociedad brasileña está haciendo para integrar a los que más sufren o están necesitadas, pero precisó que "ningún esfuerzo será duradero ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma".

Agencias EFE, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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