4 de marzo 2010 - 00:00

La disputa no es sólo entre dos países

La decisión del Gobierno inglés de alentar la explotación petrolera del fondo marino en la Plataforma Continental del Mar Argentino es fácil de explicar. Para Londres, las Falklands son inglesas porque esos isleños desean ser ingleses. Estos mismos habitantes, utilizando prácticas democráticas propias a las colonias a través de sus consejos locales, aspiran a desarrollar la economía de las islas a través de la explotación de hidrocarburos en el lecho del mar que los circunda. Para Londres, el negocio es redondo: el mundo viene de pasar por la cumbre de calentamiento global de Dinamarca, las cumbres G-20 para alentar la economía global, la discusión sobre la Ley del Mar, la renovación del Tratado Antártico y el reconocimiento internacional de que las prioridades globales son la búsqueda de fuentes de energía para sostener el desarrollo de los países del Norte y para facilitar el desarrollo a los países del Sur. Además, dicho sea de paso, la Argentina -el único que podría quejarse de la decisión inglesa de explotar los recursos de Malvinas- fue parte y estuvo de acuerdo con todas estas iniciativas internacionales.

El control, la explotación y el comercio controlado de los recursos marítimos es ahora la nueva frontera global. Esto lo dicen las nuevas políticas marítimas británicas y europeas de 2005, entre otras. El aspecto militar de estas políticas queda también expuesto en las nuevas prioridades de la OTAN donde se anuncia el nuevo rol militar para la protección de las fuentes de energía así como la protección de la explotación y circulación de recursos que están en el mar, debajo del mar o transitan por el mar. ¿Qué más se puede decir? Por primera vez en los últimos cien años los deseos y los intereses de los dos mil habitantes de esas islas concuerdan: desean ser ingleses y sus intereses son de vivir de la comercialización de los hidrocarburos extraídos de la plataforma continental argentina. Además, el contexto internacional ayuda a que sostengan esta posición. El petróleo irá a Londres y luego será vendido a través de España en Europa. España con Repsol es la encargada de extracción y su filial argentina YPF SA provee el apoyo logístico junto con Petrobras.

Cercanía

El petróleo está a 89 kilómetros de la zona argenti-

na de exclusión económica, más cerca del continente que de las islas, por lo que es, obviamente, argentino. Londres sabe que la Argentina se quejará, pero esto no es problema porque los isleños han impedido cualquier negociación entre Inglaterra y la Argentina y además reclutaron, con grandes sueldos, a los ex militares británicos que intervinieron en la guerra de 1982 como miembros de sus consejos. Con ello, Londres puede ignorar toda negociación, facilitar la explotación de recursos y proteger militarmente a las islas y todo porque ahora puede decir que está simplemente obedeciendo los deseos e intereses de los habitantes de las islas y porque está apoyado por la voluntad europea.

En las Naciones Unidas, a menos que Gran Bretaña reconozca que existe una disputa, nadie puede ofrecer buenos oficios para resolver el problema. Londres considera que no hay nada que decir sobre el tema excepto facilitar financiera y militarmente a los isleños y trabajar con sus socios europeos en este empeño. Así, los recursos energéticos y alimenticios del Mar Argentino servirán para asegurar el mantenimiento de la calidad de vida de Europa con lo cual Londres no sólo es buena madre colonial sino también buena esposa europea.

Frente a esto, ¿qué puede hacer la Argentina además de lamentarse? Primero, puede desarrollar una política clara sobre su posición en la disputa por la soberanía sobre las islas del Atlántico Sur, las aguas que las circundan y el lecho de la plataforma continental donde están situadas. Segundo, puede priorizar la adaptación y generación de tecnologías y sistemas de monitoreo para poder tener información exacta sobre lo que actualmente ocurre en su propio mar. Tercero, puede organizar una campaña internacional transparente, pública y efectiva para privar de anonimato a la explotación foránea del mar propio. Cuarto, puede colocar al mar argentino y su plataforma continental en el lugar que le corresponde: bajo el rubro de protección y gerenciamiento de los recursos energéticos y alimenticios que aseguren el bienestar y el desarrollo de los pueblos del Mercosur. Y Quinto, se puede colocar a Gran Bretaña donde corresponde: no como país colonial de Malvinas, sino como país miembro de la Unión Europea y de las Naciones Unidas.

Código de conducta

Imaginemos cómo se ejecutarían esos pasos: una política clara evita, por ejemplo, que una compañía local como ser YPF o una regional como ser Petrobras hubiesen siquiera considerado entrar en esta situación. Por otra parte todos sabemos que el petróleo no sale ni se vende solo. Monitoreando y exponiendo a las compañías privadas que aceptan comerciar en este tema (sea explorando, explotando, refinando, cargando, transportando y comercializando el producto) se puede por lo menos dañar su prestigio en otros países del sur donde estén presentes. Obtener un código de conducta mínima para compañías extranjeras (que tengan o no una filial local) en la exploración y explotación de recursos renovables y no renovables es una prioridad en otros continentes como ser el africano. Grupos de países actuando junto a la sociedad civil organizada y las compañías privadas han podido impedir explotaciones injustas como las del diamante de la guerra (Grupo de Kimberley), así como se ha podido contener el tráfico de armas, de animales, de gente y de maderas finas a través de la denuncia transparente de las personas y compañías que insistían en seguir adelante con este tipo de acción. Si todos los países del Mercosur ven en el Mar Argentino un ecosistema sudamericano que es de interés de todos proteger para el desarrollo de todos nuestros pueblos, entonces tiene sentido que todos los países de la zona se unan en una campaña internacional para exponer y denunciar a los actores privados que hacen esta explotación unilateral posible.

Si se coloca a Gran Bretaña en su contexto europeo, los países del Mercosur tienen todo el derecho de llevar el reclamo sudamericano al Parlamento Europeo y al seno de la Comisión Europea. La política exterior europea es clara: la prevención y resolución de conflictos y la equidad entre las regiones en pos de la búsqueda de un desarrollo común son los dos bastiones de la Comisión de la Unión Europea en su área de Asistencia y Desarrollo Internacional. Gran Bretaña y sus socios comerciales están violando el principio fundamental de Europa: la búsqueda de prevenir y resolver conflictos de larga data, de forma diplomática, pacífica y permanente.

La Argentina es democrática y es pacífica, pero no tiene que ser demagoga. No necesitamos más declaraciones de repudio sino acciones reales basadas en la unidad moral y política de los países en vías desarrollo y en las obligaciones que Europa tiene hacia otras regiones como la nuestra. Por todo ello, en el caso de las islas Malvinas, la Argentina -paradójicamente- tiene que olvidarse de bailar el tango para dos y aprender la cueca, la zamba y la marinera de todos.



(*) Autora de varios libros sobre el conflicto en Malvinas, entre otros, «Señales de guerra: el conflicto de las islas Malvinas de 1982» (en colaboración con Lawrence Freedman).

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